CAMERÚN: Entrevista a Juan Antonio

 
 
 

El P. Juan Antonio Ayanz, sacerdote misionero espiritano, de Pamplona, está de paso, en España, para recuperar fuerzas y volver al Camerún. Le pedimos que nos hablase, para MIES, de su experiencia y trabajo en la Misión:

¿Cuántos años lleva trabajando en Camerún y quienes formáis el equipo misionero?

Llevo 18 años. Primero en Bogó, a 40 klm de Maroua y luego ya en Maroua, en un barrio llamado Doualaré. También estuve en Egipto, estudiando árabe y formándome en el conocimiento del Islam.

Forman equipo conmigo un cura diocesano, asociado espiritano, P. Emilio, y tres religiosas de una Congregación francesa.

Descríbanos la zona en la que trabajáis.

Es un barrio periférico, con población inmigrante. Aunque vivan en la ciudad, conservan su mentalidad campesina. Son de diferentes tribus, l2, y esto supone a la vez una gran riqueza y una enorme dificultad, porque hay que aprender a convivir con gente de etnias distintas. La lengua que nos une es la de una de las tribus musulmanas, el Fulbé.

La parroquia está al servicio de toda la gente, no solo al servicio de los cristianos. Como estructura tenemos una escuela primaria con 600 niños, de los que 400 son musulmanes, un centro de promoción de la mujer donde acuden musulmanas y cristianas, y una biblioteca para los jóvenes. La promoción de la mujer se hace de manera integral, incluyendo alfabetización y capacitación para tener algún medio de ganarse la vida..

¿Qué otras actividades tenéis?

La actividad normal de una Parroquia, con la formación de catequistas y catecúmenos y el acompañamiento a las comunidades de base, que son el centro de la Pastoral, y el diálogo con el Islam. A los catecúmenos se les pide que tengan un compromiso con la comunidad y que lo mantengan después de bautizados, así como continuar su catequesis. La gente que no se compromete no accede a los sacramentos.

¿Qué problemas encontráis?

Pasar de la catequesis a la vida, de la teoría a la práctica. Conseguir que las comunidades se organicen para mejorar su vida y que lo hagan desde la Fe.

Un problema que se nos echa encima es el diálogo con el Islam, cada vez con más tendencia a la islamización y a cerrar puertas al diálogo. Esto nos va llevando a una situación cada vez más difícil entre cristianos y musulmanes. Los obispos han creado una Comisión para el Diálogo Interreligioso, en la que yo represento al Norte, junto con el Obispo de Maroua.

Camerún es ahora un país laico y todas las leyes son laicas. Todas las religiones tienen los mismos derechos. Yo mantengo la esperanza, pero creo que nos va a tocar trabajar mucho estos años, para evitar llegar a un conflicto sangriento entre cristianos y musulmanes.

¿Qué logros habéis tenido?

Ya hay gente muy madura en la Fe, hombres y mujeres, catequistas y responsables de comunidad. Generosos con su tiempo, y con los pocos medios económicos que tienen, para ayudar en la comunidad y en la Parroquia. Grupos que se organizan por ellos mismos, por ejemplo, un grupo de mujeres que se encargan de llevar la comida a los presos. Llama la atención, a los que vienen de fuera, que hay muchos jóvenes, en la Parroquia, y que las mujeres son el pilar de ella. Hay juventud y hay vida.

 

¿Cómo relacionas la realidad que vivís allí, en Camerún, con la que tenemos aquí, en España, sobre todo en lo referente a la inmigración?

Desde que llegué, me sorprendió la llegada de cayucos, de pateras…quisiera decir que esto es el fruto de la desesperación de la mayoría de los países de África. Todos estos países, económicamente, van para atrás, porque la economía mundial está pensada para desarrollar el primer Mundo. Y así, África no avanza. Los que llegan están desesperados, en su país no ven futuro y se lanzan a la aventura, que mata gente…pero fruto de su deseo de vivir mejor y poder mejorar la vida de su familia. No son delincuentes. Son gente que no ven horizonte en su país y creen que el horizonte es venir a Europa. Tendríamos que estar entre quienes los acogen y defienden y protegen sus derechos. De lo contrario, me parece que no estamos en el lugar que nos corresponde.

Gracias, P. Juan Antonio Ayanz

        

 

 

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