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P. BENEDICTO SÁNCHEZ, MISIONERO ESPIRITANO EN ANGOLA |
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Benedicto Sánchez Peña, nació en Navalcán (Toledo) en 1951. En 1974 ingresó en el Noviciado de los Misioneros Espiritanos, en Castrillo de la Vega (Burgos). Y en 1986 fue destinado para Angola, a la Misión de Ndalatando, donde vivió seis fecundos años de vida misionera.A partir de octubre de 2000, volvió por segunda vez a Angola, a la Misión de Malanje, para continuar con la actividad misionera. Una vez finalizada la sangrienta guerra y con la llegada de la tan deseada paz, inició sus actividades en el mundo de la Reconciliación, el Perdón y el Diálogo con estos miles de jóvenes que durante 27 años habían luchado por la conquista de la Paz. ¿Cómo empezó tu trabajo allí? De 1986 a 1991 trabajé en la pastoral de la evangelización, el trabajo propio del misionero, en las aldeas, los barrios… a donde podía ir, porque ese tiempo era de guerra y no podíamos ir muy lejos. En mis desplazamientos a las aldeas, me impresionaban mucho los controles militares, a que estábamos sometidos, por jóvenes soldados, a veces de 14 y 15 años. Cuando nos detenían me quedaba muy enfadado, porque siempre llegaba tarde para celebrar la Misa. Pero después descubrí la importancia de parar, en los controles, y hablar con los soldados. Descubrí que los controles eran, también, un santuario, un lugar de oración, en el camino. Comencé a preguntarme cómo podría llegar a esos jóvenes. ¿Fue entonces cuando empezaste a preocuparte con los Ana-Itungu (huérfanos de guerra)? Sí, así fue. En aquel tiempo iba a Lukala, un lugar donde había muchos refugiados, a causa de la guerra. Un domingo, en la capilla, pregunté: ¿Cuántos niños huérfanos hay aquí?, que levanten la mano. Y recuerdo que fueron 90 los niños que levantaron la mano. A partir de ahí empezamos el trabajo: cada catequista, en su barrio, comenzó a hacer la lista de los niños huérfanos. Se anotaron 500 niños. Y así comenzó toda esta historia, siempre envuelta en un gran misterio, porque, la verdad, no teníamos ni condiciones ni medios para acoger y atender a todos. Lo primero que hicimos fue encontrar "las mamás". Cada una tenía 15, 20, y a veces 40 niños a su cuidado. Después, en los grupos, escogimos al niño y a la niña mayor como responsables del grupo. Y así era como una familia. Lo que más nos unió fue la espiritualidad que fue naciendo, en los grupos, sobre todo a través de los cantos de paz y amistad, que ensayábamos debajo de los árboles. La música era como una medicina sagrada que nos ayudaba a enfrentar los horrores de la guerra. Y ahora que vives una nueva etapa, ¿cómo llevas el trabajo de la reconciliación con los soldados? Cuando volví a Angola, por segunda vez, ya fui a otra misión diferente, a Malanje. Aquí es donde empezó todo esto de la Reconciliación. Mucha gente me preguntaba si iba a fundar otros grupos de Ana-Itungu. Yo les contestaba que no tengo espíritu de fundador. Yo, de verdad, quería encontrar otra vez a esos niños y lo pedía cada noche en mi oración. Pero mi asombro fue grande cuando descubrí que los Ana-Itungu ya no eran los niños abandonados, sino que los verdaderos pobres eran estos jóvenes soldados que habían entrado en la vida militar muy pequeños, con 11 o 12 años, privados de la familia, privados de la escuela… Y estos fueron los Ana-Itungu que el Señor me presentó y me llevó a buscarlos. Háblanos de los 7 caminos que has recorrido en este proceso de la Reconciliación con los soldados. Mucha gente me pregunta si fueron los soldados o fui yo quien empezó con este proceso de la Reconciliación con los soldados, y no lo sé. Creo que en el fondo era Dios que estaba ahí. Porque cuando comencé mi trabajo con los Ana Itungu (al que considero como el 1º camino de la Reconciliación, de cómo el Señor me fue mostrando las primeras semillas de la reconciliación, por medio de estos niños) yo no tenía coche para ir a visitar las aldeas y me fastidiaba, porque acababa muy cansado. Pero parece que el Señor lo permitió que no lo tuviera, porque cuando vamos a pie nos relacionamos de manera muy diferente que cuando viajamos en coche. Es verdad que mis piernas se destrozaron, pero mereció la pena. En esos dos primeros años fue el momento del diálogo con los soldados, cuando me encontraba con ellos en los caminos o a la puerta de sus Unidades. Así se fraguó el 2º camino: Diálogo en los caminos, de cómo el Señor me llevó al encuentro de los soldados por medio del diálogo en los caminos. Luego ellos empezaron a ir a la Misión para encontrarse conmigo. La Misión se convirtió en un lugar de peregrinación. Todas las mañanas llegaban algunos a contarme su vida. Este fue el 3º camino: Las visitas a la Misión, de cómo el Señor fue iluminando los corazones de estos soldados y llevarlos a Dios. Luego, me pidieron ir a sus Unidades y ése fue el 4º camino: Las convivencias en las Unidades, de cómo el Señor fortaleció mi espíritu, llevándome a entrar por las puertas de las Unidades, con el deseo de ir al encuentro de los soldados. Y esas Unidades para mí eran lugares sagrados, porque Dios había entrado antes que yo. Luego me invitaron a sus casas para que viera donde vivían y conociera a sus familias. Fue maravilloso encontrarme con sus familias, ¡como me recibieron! Y ese fue el 5º camino: Las visitas a sus casas, de cómo el Señor me llevó a entrar en sus hogares, como el lugar más sagrado de sus vidas, el encuentro familiar con los hijos y esposas. El 6º camino fueron Las Palestras, cuando tuve coche y pude desplazarme 20 o 500 Km. He llegado a recorrer 40.000 Km. Las Palestras, de cómo el Señor guió mis pasos, llevándome a los lugares más lejanos, al encuentro de los soldados para celebrar la alegría de Dios, a través de encuentros, convivencias y charlas. Y el 7º camino fue La reconciliación con Dios, de cómo el Señor, al final del camino, estaba esperándonos, para ofrecernos sus divinas promesas: su Perdón, su Amor y su Reconciliación. Sobre esto es el libro que estoy intentando escribir. Cuando escribo es cuando consigo comprender un poco… Ahora quiero interiorizar todo esto…
Espero que podamos leer ese libro en España…aunque lo estés escribiendo en portugués. Bueno, a ver como sale. Para mi sería una alegría muy grande, porque nunca me sentí tan espiritano y tan cerca de nuestro carisma. Escribo debajo de un árbol, porque, en la misión, es imposible, por la cantidad de gente que viene siempre. Está en un lugar, que estaba lleno de minas, pero lo limpiaron. Allí no me molesta nadie porque alrededor hay minas y no se acercan.
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Hace unos pocos meses estuvo con nosotros el P. Benedicto Sánchez, de vacaciones. Fue la ocasión para que nos contara como marchaba su trabajo en la misión. Hoy hemos tenido noticias de él, esta vez empleando el correo postal en vez de la grabadora y haciendo así realidad aquello de que “los mares y océanos no pueden separar a los hermanos que se aman”. Bene, ya lo sabéis, trabaja en Angola, un país asolado por casi 30 años de guerra civil, desde 1975 al 2002, guerra que ha dejado 500.000 muertos, 4 millones de refugiados y 100.000 mutilados. Con esta realidad podemos entender que la principal tarea de Bene, misionero espiritano, sea la RECONCILIACIÓN. ¿Cómo has encontrado la misión a tu regreso? Normal, sin grandes cambios. Los cristianos ya estaban esperándome para celebrar los Sacramentos en las aldeas y en los barrios de Malanje. Durante mis vacaciones estuvieron privados de estas celebraciones. A nivel social continúan reconstruyendo las carreteras, los caminos, las escuelas, los hospitales…. Después de 30 años de guerra todo tiene que ser reconstruido.
¿Continuáis el mismo equipo espiritano? Sí, los PP. Bernard Ducrot y Bruno Kodia y yo en la misión. En el Seminario Espiritano hay dos espiritanos más con 65 seminaristas, donde yo soy el Director Espiritual.
¿Qué tal va tu libro, cuándo podremos leerlo? Llevo siete años con esta tarea y por fin concluí el último capítulo. Estoy muy animado a seguir con los últimos detalles. Espero y deseo que en este año 2008 pueda ver la luz; después, si sale bien y es interesante, por supuesto que se traducirá al español ya que lo estoy escribiendo en portugués.
Angola está intentando curar las heridas abiertas por la guerra. ¿Cómo se implica la gente en esta tarea, hay algunos ejemplos de organización popular para superar tanto desastre? Organizaciones populares no existen; en África la mentalidad es otra. Lo que sí existen son: Comisión de Justicia y Paz, Pro – Pace, las cartas pastorales de los Obispos, grupos de Derechos Humanos, organizaciones de la ONU y, sobre todo, los misioneros que anuncian y viven el Evangelio y la Caridad con los más pobres. Esta es la verdadera denuncia ante los abusos y la corrupción, que es fuerte.
¿Qué papel tiene la Iglesia de Angola en el proceso de recuperación de la normalidad? Reconstruir las misiones, construir escuelas y puestos de salud, formación de los catequistas, encuentros sobre los Derechos Humanos, comisiones de Justicia y Paz y de migraciones, cooperativas agrícolas y ganaderas, tareas de promoción social y de alfabetización.
Las ayudas oficiales que llegan desde Europa ¿son suficientes y adecuadas a las necesidades de la población? Nunca son suficientes, sobre todo cuando durante tantos años estuvieron dependiendo de la caridad. Angola tiene mucha riqueza pero el problema del desarrollo es un problema grande, los más pobres siempre se quedan fuera de los bienes y de las riquezas naturales. En la Iglesia de Angola estamos intentando vivir con nuestro propio sustento, que los cristianos colaboren con sus ayudas para no depender más de las ofertas que vienen de fuera.
¿Qué echas de menos, qué te gustaría tener que no tienes? La presencia de mi familia, de pasar tantos meses sin ver a mi madre. Ese dialogar y compartir los pensamientos y vida misionera con los espiritanos de España. Celebrar la Misión con la Familia Espiritana de España, con los amigos y conocidos que estáis ahí… También me gustaría tener los medios para editar el libro “Los Siete Caminos de la Reconciliación” porque ahí intento manifestar la espiritualidad misionera que viví y sigo viviendo con estos miles de jóvenes soldados, una de las historias más profundas de la Misión Espiritana en la nueva evangelización y del carisma espiritano en África.
¿Qué planes tenéis a medio y largo plazo? Aumentar las visitas a las aldeas, formación de los catequistas, mantener el Seminario Espiritano, asumir los proyectos de la diócesis, fomentar las conferencias y convivencias de la Reconciliación. Gracias, Bene, por tu testimonio. También nosotros te echamos de menos y querríamos compartir la Misión contigo desde “más cerca”, pero… somos misioneros. Remedios Lunauna
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