ANTONIO FRANCO, MISIONERO ESPIRITANO, EN PARAGUAY

 

 

Antonio, ¿por qué quisiste ser Hermano Espiritano?

         Dentro de la Congregación, la evangelización es un trabajo conjunto que abarca todas las dimensiones de la persona.  El anuncio del Evangelio lo hace toda la Comunidad y en ella tiene que haber diferentes personas que se dediquen a diferentes tareas en una pastoral de conjunto.  El trabajo del Hermano es un trabajo de promoción, de ayuda a la familia, al barrio, al pueblo para lograr el desarrollo integral de la comunidad.

Has trabajado como Hermano Espiritano en Tanzania, en Adroga con los drogodependientes y en Paraguay. ¿que tuvieron en común estas experiencias que parecen tan dispares?

         No son dispares desde el momento que estás trabajando con personas.  En Tanzania había una gran necesidad asistencial y de prevención y desarrollo comunitario.  En Adroga, rehabilitar jóvenes que habían caído en las drogas. Y en Paraguay, preparar a la comunidad para acoger dignamente al niño que va a nacer.  En las tres experiencias estaba el ayudar a recuperar la dignidad de la persona.

 

Puede parecer más fácil y hasta más bonito trabajar entre los masai o con los niños de Paraguay pero quizá no lo parezca tanto el trabajo entre drogodependientes.  ¿Cómo y por qué ser Hermano Espiritano en ese medio?

 

         Como espiritanos, nosotros somos llamados para los más pobres y la mayor pobreza que una persona puede padecer es la falta de libertad.  No ser capaz de decidir, sino que lo haga otro factor externo.  Trabajar en Adroga me ayudó a entender al otro, a entender a la persona en la complejidad de su vida y sobre todo, me enseñó a escuchar.  Adroga marcó mucho mi vida porque tuve un contacto muy directo con jóvenes en situaciones de sufrimiento y pobreza.  Creo que como espiritanos es una de las facetas prioritarias que tenemos, que la persona creada a imagen y semejanza de Dios, hijo de Dios, recupere su dignidad y su libertad.

 

En Europa y más concretamente en España, sabemos que hay grandes bolsas de pobreza y que se están perdiendo la Fe y los valores cristianos.  ¿Crees que Europa es un terreno de misión donde los espiritanos tenemos mucho que hacer y que decir?

 

         Sí, pero nunca, nunca, tenemos que perder de vista el ayudar a la comunidad cristiana a tener la dimensión de la misión hacia fuera.  Los espirítanos que tienen que estar en la Provincia pueden hacer un buen trabajo en esas bolsas de pobreza y, al mismo tiempo, ser fermento en la comunidad presentando la misión de la Iglesia hacia fuera porque aún hay muchas personas que no son conscientes de su ser como hijos de Dios.

 

¿Qué te ha aportado para tu vocación de Hermano Espiritano vivir en comunidad internacional?

 

         Una de las cosas más importantes que tiene la comunidad internacional es el educarte en la tolerancia, aceptar que por encima de las diferencias culturales hay algo que nos une.  Dejar un poco de lado, sin perderlas, nuestras raíces para tratar de entender la cultura donde estamos, que es lo que nos une.

 

Llevas en Paraguay doce años y buena parte de ellos los has dedicado a trabajar en la Pastoral del Niño.  Cuéntanos como es la situación de los niños en ese país.

 

         Ahora empieza a entenderse que el niño es sujeto con derechos.  La Iglesia está haciendo un trabajo de promoción para valorizar al niño desde el vientre materno.  Preparar a la familia para recibir al niño en un ambiente favorable, con todas sus necesidades básicas cubiertas.  Entender la vida que empieza como hecha a imagen y semejanza de Dios.  Es un trabajo de promoción de la comunidad a todos los niveles: salud, limpieza, saneamiento, alimentación, todo enfocado para que los niños tengan vida y la tengan en abundancia.  También se ha hecho un trabajo de formación de líderes comunitarios para ayudar a la gente a tomar conciencia de todo esto.  La situación de la niñez sigue siendo muy mala, los niños siguen muriendo por fiebre, desnutrición, neumonía…  Hay mucho trabajo aún por hacer.

 

Vosotros hacéis un trabajo de formador de formadores…

 

         Sí, una vez que se detecta una necesidad, la comunidad se reúne y se elige a las personas que van a atenderla, se les presenta a la Parroquia y nosotros los preparamos.  Hacen educación para la salud en la comunidad, trabajan para que se organicen para mejorar sus condiciones de vida.  Si la comunidad tiene salud, los niños la van a tener también.  También tenemos proyecto de autogestión, para aumentar sus ingresos.    

¿Cómo os podemos apoyar, los que tenemos que estar aquí?

 

         Haciendo que la comunidad cristiana tome conciencia de que todavía hay mucha gente con la necesidad de reconocerse a sí mismo como personas. Se necesita gente que anuncie la liberación de la persona.  Y no perder nunca de vista que nuestra misión es hacia fuera.  Tenemos que cumplir la misión de Jesús: “Id y enseñad”.

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