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En Mang’ola
Chini, Tanzania, siempre hemos creído que (como dijo
Gandhi) “NUESTRA VIDA ES NUESTRO MENSAJE”. Cierto que
es necesario hablar, comunicar por medio de la voz todo
aquello que llena nuestro corazón, transmitir el
MENSAJE, LA BUENA NUEVA, para que el que quiera
escuchar, viva en la libertad de los hijos de Dios. Para
ello: tenemos las comunidades de base que se reúnen una
vez a la semana; tenemos grupos de diferentes tipo: las
mujeres, los jóvenes, los estudiantes, los Pioners (algo
como alcohólicos anónimos); tenemos encuentros o
reuniones periódicas con los catequistas, con los
responsables de comunidades de base, con el consejo
pastoral, etc. En fin, muchas reuniones para formarlos y
para hacerles entender el mensaje de Jesús.
Pero también hay
que dar testimonio con nuestras vidas y nuestra entrega
diaria.
Os aseguro que
aunque muchas veces nos falten las fuerzas o las ganas,
intentamos vivir muy cerca de la gente, procuramos estar
a la escucha y al servicio de todos ellos dando ejemplo
de vida: entrega, servicio, pobreza y también,
preocupándonos o tratando de elevar el nivel de vida de
la zona. Estamos convencidos que sin educación es muy
difícil conseguir los objetivos. Es a través de la
educación como podremos sacar a las personas del miedo
en el que viven (al mal de ojos, a los demonios, a los
antepasados); es a través de la educación como ellos
mismos entenderán que el mundo no se acaba al final del
valle y que hay muchas cosas fuera y que algunas de esas
cosas son muy necesarias para mejorar el nivel de vida.
Por ello, nos empeñamos en la construcción de una
escuela secundaria (instituto), allí tenemos solamente
unas 500 alumnas y algunas de ellas ya han terminado y
están estudiando enfermería, magisterio, medicina, etc.
Creemos que es solo cuestión de tiempo que ellas mismas
busquen o decidan sobre cómo organizar sus propias
vidas.
Hay muchas cosas
en contra: la corrupción y la influencia de la
propaganda que llega de fuera (globalización) que engaña
y les hace desviarse de lo prioritario pero hay que
seguir trabajando con fe y esperanza. En la gente
sencilla ha calado fuerte la necesidad de tener un móvil
más que tener comida. Esto es un ejemplo simple de cómo
trabajamos a contra corriente
Además de la
educación tenemos otro pilar en nuestro trabajo de
testimonio: el hospital. Un centro con 70 camas y con
medios más que suficientes para servir y ayudar a los
enfermos: laboratorio, rayos X, ecógrafo. Casi 50
personas (médicos, enfermeras/os, auxiliares)
esforzándose por servir al necesitado. No es fácil
encontrar personal especializado para venir a trabajar
al campo, ellos prefieren estar en la ciudad o
alrededores, pero poco a poco lo vamos consiguiendo.
También tenemos a gente en contra: los curanderos, los
que venden medicinas sin tener ni idea de lo que son y
para lo que sirven realmente (mucho menos de los efectos
secundarios que pueden tener) pero, vuelvo a repetir,
solo a través de la educación llegaremos a vencer estas
dificultades. Las dificultades son muchas pero no
desfallecemos ni perdemos la esperanza. Todo es cuestión
de tiempo, de mucha fe y de un gran cariño por la gente
que nos rodea.
Ahora, en tiempo
de cuaresma, hemos invitado a nuestras comunidades a
hacer una reflexión sería sobre el tiempo que nos ha
tocado vivir y todos los cambios que nos llegan y cual
ha de ser nuestra actitud desde la fe en Jesús. Estamos
viendo que se lo están tomando en serio y que quizás
darán algún paso para adecuar el mensaje evangélico a
sus vidas hoy y aquí. Ya digo, nunca perder la
esperanza.
P. Pepe
Aguilar
ENTREVISTA A PEPE AGUILAR
¿Cuántos
años llevas trabajando en África y en Mang’ola Chini en
concreto?
En
África llevo desde 1976 y en Mang’ola Chini, desde 1993,
son 14 años.
¿Por
qué fuisteis a Mang’ola Miguel Ángel y tú?
Fue
una petición del Obispo. Era una zona muy marginada,
muy alejada de todos los servicios, no había nada; pero
el Obispo vio que por la calidad del suelo y del regadío
se podría llegar a poblar. Es que no estuviera poblado
era debido a la malaria, una malaria fortísima que
mataba cada año miles de personas en todo el valle. Y
como no había ni un dispensario ni un hospital ni nada,
a la gente le daba miedo vivir allí. Cuando nosotros
fuimos la primera impresión fue de “vámonos de aquí”.
Empezamos trabajando, sin que nadie nos lo pidiera,
montando una farmacia, teniendo medicación para la
malaria. Y eso fue lo que hizo que el valle cambiara
radicalmente.
Así
que el hospital que hay ahora y donde algunos de
nosotros hemos trabajado empezó como una farmacia para
repartir antimaláricos…
Básicamente eso, sí.
¿En
qué otras áreas trabajáis?
Hemos
trabajado lo que más en sanidad pero mucho también en
educación. Tenemos guarderías, preescolares, escuela
secundaria. Hemos hecho proyectos de agua, agrícolas,
carreteras, facilitando que la producción salga del
valle. Hemos trabajado un poco en todo pero los
proyectos de salud y de educación se han hecho tan
grandes, y nosotros solo somos 3 personas, que el resto
de las cosas se han quedado un poco frenadas.
¿Por
qué dais prioridad a los proyectos sanitarios y de
educación?
Yo
puedo hablar solo de la parte de África que conozco. La
mayor parte de las cosas que se podría hacer, las
deberían hacer ellos para que sean sostenibles en el
tiempo. Con la falta de educación académica ni saben
cómo, ni se les ocurre ni se lo piensan. Estoy
convencidísimo de que hay que formar y educar. En
cuanto a la salud, es un servicio porque no tenemos
ningún hospital en todo el territorio, aparte del
nuestro. Es una labor asistencial que va acompañada de
mucha formación al personal sanitario y a la gente del
pueblo para mejorara los niveles de prevención. Pero lo
que puede sacar de la pobreza radical a nuestra zona es
la educación.
Durante
el tiempo que estuve con vosotros vi la labor de
prevención que se hace en las Kliniki, las clínicas
móviles, para hacer lo que aquí se llama “clínica del
niño sano”. ¿ Eso es prevención y educación sanitaria?.
Sí,
hay una buena parte de trabajo con vistas al futuro pero
al ser totalmente dependiente de las aportaciones y
ayudas externas, nos da miedo que si faltamos nosotros,
todo se hunda.
Un
tema muy importante es la respuesta de la gente del
valle a vuestro trabajo, su colaboración. Todo el
personal del hospital es africano y también todos los
profesores de las guarderías y de la secundaria.
¿Empieza ya la gente a ser protagonista de su propio
desarrollo?
Los
proyectos no se nos ocurren a nosotros, son una petición
que sale del pueblo, una ilusión, un deseo. Nosotros
colaboramos con ellos, participamos, buscamos,
organizamos junto con ellos. La respuesta no siempre es
todo lo positiva que quisiéramos pero en general, muy
bien.
Y por otra parte, llevamos la Iglesia, con los
catequistas y el consejo de pastoral. Ahí sí intentamos
que la Iglesia sea autogestionada. Aunque se me ocurran
muchas cosas, no hago nada si no sale de ellos. Si los
proyectos de desarrollo tienen que ser de ello, la
Iglesia más aún.
He visto que tenéis una casa grande que es, además una
casa de puertas abiertas. ¿Cuánta gente ha pasado por
allí entre amigos, voluntarios y colaboradores?
Nuestra
casa tiene 7 dormitorios y la casita de al lado, otros 4
y la verdad es que siempre están llenas. Jamás hemos
estado solos y si algún día lo estamos, nos sentimos
extraños. Yo pienso que hay que vivir así, así se vive
el Evangelio, con las puertas abiertas y acogiendo a
todo el que llega, ¿por qué no? sea quien sea. Mucha
gente viene y colabora, aporta sus conocimientos, sus
ganas, su esfuerzo y eso es positivo Para nosotros y
para ellos mismos. Creo que hay que hacer también una
pastoral de la acogida.
Para
vosotros tiene que ser un esfuerzo adaptaros
continuamente a la gente nueva que llega, sin contar el
esfuerzo económico…
El esfuerzo económico es mínimo porque lo que hay se
reparte. Y eso es lo que África nos enseña, a estar
abiertos. Lo que hay es para todos y si se acaba, se
acaba para todos.
Los
que estamos aquí pero con el corazón en África, ¿cómo
podemos ayudar?
La primera ayuda es ser críticos con la situación que
se vive aquí, de agobio permanente y tantas “necesidades
no necesarias”. Volver a humanizarnos y preocuparnos
de nosotros mismos y de los que nos rodean. Luego,
estar muy informados y formados y seguro que con la
información y la formación a cada uno se le va a ocurrir
la manera de colaborar. El paso importante es tomárselo
en serio, muy en serio, porque esto hay que vivirlo
bien.
¿Puede haber alguna colaboración que os perjudique?
Cuando se tiene ilusión todo es importante y
necesario. Creo que el turismo es negativo en África.
No deja dinero allí pero influye negativamente porque
envicia mucho, se ve en las rutas turísticas, destruye
las culturas. Las culturas no son valoradas, se
convierten en espectáculo. La globalización, además,
está imponiendo determinados estilos de vida en todos
los rincones del planeta. Desgraciadamente, Tanzania se
ha convertido en destino turístico. Las visitas que
hacéis vosotros son diferentes. |