P. JOSÉ AGUILAR, MISIONERO ESPIRITANO EN TANZANIA

                           

  

 

 En Mang’ola Chini, Tanzania, siempre hemos creído que (como dijo Gandhi) “NUESTRA VIDA ES NUESTRO MENSAJE”.  Cierto que es necesario hablar, comunicar por medio de la voz todo aquello que llena nuestro corazón, transmitir el MENSAJE, LA BUENA NUEVA, para que el que quiera escuchar, viva en la libertad de los hijos de Dios. Para ello: tenemos las comunidades de base que se reúnen una vez a la semana; tenemos grupos de diferentes tipo: las mujeres, los jóvenes, los estudiantes, los Pioners (algo como alcohólicos anónimos); tenemos encuentros o reuniones periódicas con los catequistas, con los responsables de comunidades de base, con el consejo pastoral, etc. En fin, muchas reuniones para formarlos y para hacerles entender el mensaje de Jesús.

Pero también hay que dar testimonio con nuestras vidas y nuestra entrega diaria.

Os aseguro que aunque muchas veces nos falten las fuerzas o las ganas, intentamos vivir muy cerca de la gente, procuramos estar a la escucha y al servicio de todos ellos dando ejemplo de vida: entrega, servicio, pobreza   y también, preocupándonos o tratando de elevar el nivel de vida de la zona. Estamos convencidos que sin educación es muy difícil conseguir los objetivos. Es a través de la educación como podremos sacar a las personas del miedo en el que viven (al mal de ojos, a los demonios, a los antepasados); es a través de la educación como ellos mismos entenderán que el mundo no se acaba al final del valle y que hay muchas cosas fuera y que algunas de esas cosas son muy necesarias para mejorar el nivel de vida. Por ello, nos empeñamos en la construcción de una escuela secundaria (instituto), allí tenemos solamente unas 500 alumnas y algunas de ellas ya han terminado y están estudiando enfermería, magisterio, medicina, etc. Creemos que es solo cuestión de tiempo que ellas mismas busquen o decidan sobre cómo organizar sus propias vidas.

Hay muchas cosas en contra: la corrupción y la influencia de la propaganda que llega de fuera (globalización) que engaña y les hace desviarse de lo prioritario pero hay que seguir trabajando con fe y esperanza. En la gente sencilla ha calado fuerte la necesidad de tener un móvil más que tener comida. Esto es un ejemplo simple de cómo trabajamos  a contra corriente

Además de la educación tenemos otro pilar en nuestro trabajo de testimonio: el hospital. Un centro con 70 camas y con medios más que suficientes para servir y ayudar a los enfermos: laboratorio, rayos X, ecógrafo.  Casi 50 personas (médicos, enfermeras/os, auxiliares) esforzándose por servir al necesitado.  No es fácil encontrar personal especializado para venir a trabajar al campo, ellos prefieren estar en la ciudad o alrededores, pero poco a poco lo vamos consiguiendo. También tenemos a gente en contra: los curanderos, los que venden medicinas sin tener ni idea de lo que son y para lo que sirven realmente (mucho menos de los efectos secundarios que pueden tener) pero, vuelvo a repetir, solo a través de la educación llegaremos a vencer estas dificultades. Las dificultades son muchas pero no desfallecemos ni perdemos la esperanza. Todo es cuestión de tiempo, de mucha fe y de un gran cariño por la gente que nos rodea.

Ahora, en tiempo de cuaresma, hemos invitado a nuestras comunidades a hacer una reflexión sería sobre el tiempo que nos ha tocado vivir y todos los cambios que nos llegan y cual ha de ser nuestra actitud desde la fe en Jesús. Estamos viendo que se lo están tomando en serio y que quizás darán algún paso para adecuar el mensaje evangélico a sus vidas hoy y aquí. Ya digo, nunca perder la esperanza.

 

P. Pepe Aguilar

ENTREVISTA A PEPE AGUILAR

 ¿Cuántos años llevas trabajando en África y en Mang’ola Chini en concreto?

 En África llevo desde 1976 y en Mang’ola Chini, desde 1993, son 14 años.

 ¿Por qué fuisteis a Mang’ola Miguel Ángel y tú?

 Fue una petición del Obispo.  Era una zona muy marginada, muy alejada de todos los servicios, no había nada; pero el Obispo vio que por la calidad del suelo y del regadío se podría llegar a poblar.  Es que no estuviera poblado era debido a  la malaria, una malaria fortísima que mataba cada año miles de personas en todo el valle.  Y como no había ni un dispensario ni un hospital ni nada, a la gente le daba miedo vivir allí.  Cuando nosotros fuimos la primera impresión fue de “vámonos de aquí”.  Empezamos trabajando, sin que nadie nos lo pidiera, montando una farmacia, teniendo medicación para la malaria.  Y eso fue lo que hizo que el valle cambiara radicalmente.

 Así que el  hospital que hay ahora y donde algunos de nosotros hemos trabajado  empezó como una farmacia para repartir antimaláricos

 Básicamente eso, sí.

 ¿En qué otras áreas trabajáis?

 Hemos trabajado lo que más en sanidad pero mucho también en educación.  Tenemos guarderías, preescolares, escuela secundaria.  Hemos hecho proyectos de agua, agrícolas, carreteras, facilitando que la producción salga del valle.  Hemos trabajado un poco en todo pero los proyectos de salud y de educación se han hecho tan grandes, y nosotros solo somos 3 personas, que el resto de las cosas se han quedado un poco frenadas.

 ¿Por qué dais prioridad a los proyectos sanitarios y de educación?

 Yo puedo hablar solo de la parte de África que conozco.  La mayor parte de las cosas que se podría hacer, las deberían hacer ellos para que sean sostenibles en el tiempo.  Con la falta de educación académica ni saben cómo, ni se les ocurre ni se lo piensan.  Estoy convencidísimo de que hay que formar y educar.  En cuanto a la salud, es un servicio porque no tenemos ningún hospital en todo el territorio, aparte del nuestro.  Es una labor asistencial que va acompañada de mucha formación al personal sanitario y a la gente del pueblo para mejorara los niveles de prevención.  Pero lo que puede sacar de la pobreza radical a nuestra zona es la educación.

 Durante el tiempo que estuve con vosotros vi la labor de prevención que se hace en las Kliniki, las clínicas móviles, para hacer lo que aquí se llama “clínica del niño sano”. ¿ Eso es prevención y educación sanitaria?.

 Sí, hay una buena parte de trabajo con vistas al futuro pero al ser totalmente dependiente de las aportaciones y ayudas externas, nos da miedo que si faltamos nosotros, todo se hunda.

 Un tema muy importante es la respuesta de la gente del valle a vuestro trabajo, su colaboración.  Todo el personal del hospital es africano y también todos los profesores de las guarderías y de la secundaria.  ¿Empieza ya la gente a ser protagonista de su propio desarrollo?

 Los proyectos no se nos ocurren a nosotros, son una petición que sale del pueblo, una ilusión, un deseo.  Nosotros colaboramos con ellos, participamos,  buscamos, organizamos junto con ellos.  La respuesta no siempre es todo lo positiva que quisiéramos pero en general, muy bien.

Y por otra parte, llevamos la Iglesia, con los catequistas y el consejo de pastoral.  Ahí sí intentamos que la Iglesia sea autogestionada.  Aunque se me ocurran muchas cosas, no hago nada si no sale de ellos.  Si los proyectos de desarrollo tienen que ser de ello, la Iglesia más aún.                         

He visto que tenéis una casa grande que es, además una casa de puertas abiertas.  ¿Cuánta gente ha pasado por allí entre amigos, voluntarios y colaboradores?

 Nuestra casa tiene 7 dormitorios y la casita de al lado, otros 4 y la verdad es que siempre están llenas.  Jamás hemos estado solos y si algún día lo estamos, nos sentimos extraños.  Yo pienso que hay que vivir así, así se vive el Evangelio, con las puertas abiertas y acogiendo a todo el que llega, ¿por qué no? sea quien sea.  Mucha gente viene y colabora, aporta sus conocimientos, sus ganas, su esfuerzo y eso es positivo Para nosotros y para ellos mismos.  Creo que hay que hacer también una pastoral de la acogida.

 Para vosotros tiene que ser un esfuerzo adaptaros continuamente a la gente nueva que llega, sin contar el esfuerzo económico

 El esfuerzo económico es mínimo porque lo que hay se reparte.  Y eso es lo que África nos enseña, a estar abiertos.  Lo que hay es para todos y si se acaba, se acaba para todos.

 Los que estamos aquí pero con el corazón en África, ¿cómo podemos ayudar?

 La primera ayuda es ser críticos con la situación que se vive aquí, de agobio permanente y tantas “necesidades no necesarias”.    Volver a humanizarnos y preocuparnos de nosotros mismos y de los que nos rodean.  Luego, estar muy informados y formados y seguro que con la información y la formación a cada uno se le va a ocurrir la manera de colaborar.  El paso importante es tomárselo en serio, muy en serio, porque esto hay que vivirlo bien.

 ¿Puede haber alguna colaboración que os perjudique?

 Cuando se tiene ilusión todo es importante y necesario.  Creo que el turismo es negativo en África.  No deja dinero allí pero influye negativamente porque envicia mucho, se ve en las rutas turísticas, destruye las culturas. Las culturas no son valoradas, se convierten en espectáculo.  La globalización, además, está imponiendo determinados estilos de vida en todos los rincones del planeta.  Desgraciadamente, Tanzania se ha convertido en destino turístico.  Las visitas que hacéis vosotros son diferentes.

 

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