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“Cuando llegué a la Comunidad de los Espiritanos, en Córdoba, tenía muchas inquietudes. Ya había emprendido un camino de servicio, pues yo me daba cuenta que Jesús me llevaba por ese camino.
Empecé en la Delegación de Misiones, en la catequesis de mi parroquia, en la Cruz Blanca y en los Cursillos de Cristiandad. Pero mi inquietud prioritaria no estaba completa, mi necesidad de conocer más y mejor al Padre no se había cumplido, y creo que Él me llevó al sitio cierto. Poco a poco, el conocimiento y vida de los Fundadores de los Espiritanos y la ayuda de los miembros de la comunidad, todos ellos han ido poniendo su granito de arena. Así, ahora, yo me siento un vaso de barro nuevo, en las manos del Padre. Aún me queda mucho, pero en sus manos sigo.
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Mi compromiso con la Congregación me lleva al servicio, no solo en mi comunidad, sino allí donde me lleve el Espíritu: estoy en “Córdoba acoge” con los emigrantes, visita a los enfermos, siempre desde esa llamada que el Padre me hace a través de la Congregación, del carisma de sus fundadores.
Libermann dice que “hay que hacerse negro con los negros”, y eso me ha calado más, después de mi experiencia misionera en Tanzania. Creo que he encontrado el camino que buscaba. Ahora quiero seguirlo, porque al final sé quien me espera. Soy feliz, me siento espiritana y misionera.
Adela Gómez-Lama (Córdoba) Laica asociada espiritana
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“Diría que en mi vida hay dos etapas, un antes y un después de conocer a los Espiritanos.
El primer paso para que esto haya ocurrido fue el encuentro con la Palabra de Dios y el testimonio de los misioneros Espiritanos A través
de la lectura del Evangelio y de los escritos de los fundadores, sobre todo del P. Libermann, voy sintiendo la llamada de Dios y que igual que mi vida se llenaba de sentido y esperanza, tenía que comunicárselo a los demás, para que pudieran también vivir la vida con sentido y alegría.
En este proceso los Espiritanos me transmiten el gran poder de la oración personal y comunitaria. Mi primer “oficio” de cada mañana es estar en contacto con el Señor a través de su Palabra y la oración. En este tiempo voy descubriendo los Sacramentos. Son las fuentes de mi vida cristiana.
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En esta evolución siento la llamada a servir a los más pobres: comencé atendiendo a los hermanos abandonados de la Cruz Blanca, he estado dando clases de alfabetización, en una barriada de Córdoba, a mujeres campesinas. ¡Cuánto me han enseñado
estas mujeres! Formo parte del voluntariado “Córdoba Acoge”
y actualmente del voluntariado de la cárcel donde visito a los inmigrantes, especialmente.
En la comunidad de Córdoba colaboro con el ecónomo, y con la Familia Espiritana.
Doy gracias al Señor porque a través de la Congregación de los Espiritanos he encontrado el camino para seguir a Jesús, por el camino de la atención a los más pobres, que llenan mi vida de sentido y alegría”.
Margarita Lineros (Córdoba) Laica asociada espiritana.
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“La Congregación de los Espiritanos, para mí, fue el medio del que se sirvió el Padre Dios para que yo diera un sentido más profundo a mi vida. Al asumir conscientemente mi compromiso de bautizada sentí la necesidad de compartir con los demás
que Dios es nuestro Padre. Este compromiso no se puede llevar a cabo en solitario, o por lo menos yo ni puedo ni quiero, sino en comunidad. Por esto hice el compromiso, como laica asociada a la Congregación, para vivir más de cerca y con más intensidad mi compromiso misionero. Y siento vivamente que es muy necesaria, aquí en España como en los países de misión, gente que quiera hacerse “negro con los negros”, como nos decía Libermann, que vayamos donde nadie quiere ir y que nos atrevamos a aceptar retos difíciles. |
A veces nos puede parecer que no hacemos nada “misionero” o “espiritano”. El laico asociado, como el religioso, todo lo que hace, lo hace según el carisma de Libermann: la vida de familia, la educación de los hijos, el trabajo, el ocio…se hacen al “estilo Libermann-Poullart des Places”.
Remedios Luna (Madrid) Laica asociada espiritana.
TESTIMONIO DE RUBÉN CÁMARA
“Es
de Maestros sembrar en el Espíritu”

Creo
que no es nada fácil hablar de uno mismo, por diferentes razones que
no mencionaré aquí, sobre todo cuando se trata de la experiencia
personal con Dios o de un recorrido en la vocación.
Primeramente deseo presentarme por que para algunos seré nuevo o les
sonaré poco. Mi nombre es Rubén Cámara. Nací en Veracruz, México.
Soy el menor de dos hermanas y un hermano.
Ciertamente mi vida ha sido como una aventura, en el buen sentido de
la palabra; aventura que me ha dejado buenas enseñanzas y he
descubierto también personas y familias buenas, una de ellas la
familia espiritana o los Misioneros Espiritanos aquí, en Madrid,
adonde llegué a ellos con un horizonte diferente al que traía
trazado en ese momento, pero que ha sido positivo para mí.
Llegué en 2002, andaba en la búsqueda de algo para poder realizar mi
vida y de dar respuesta a una invitación que el Señor me había hecho
tiempo atrás. Al convivir por un periodo de un año con los
espiritanos, y al escuchar hablar de la misión, de atender a los más
débiles y desfavorecidos, de lo que pasaba en otros lugares lejanos
y escuchar experiencias de misioneros que pasaban por casa y las
predicaciones en la eucaristía diaria sobre Poullart de Places y
Fracisco Libermann, su fundación y espiritualidad, comencé a
interesarme en esta tarea.
Después de un cierto tiempo y con la ayuda de un sacerdote que me ha
orientado hasta el día de hoy, me animé a acercarme de una manera
más estrecha a los espiritanos, solicitándoles poder realizar una
experiencia de vida comunitaria. Fue así como inicié este camino.
Tras la experiencia comunitaria, tiempo de postulantado, en el que
combinaba mis estudios en la Facultad de Teología con la pastoral
parroquial, solicité realizar el noviciado, y me propusieron que lo
hiciera en San Lorenzo (Paraguay), cerca de la capital, Asunción.
Hice mis primeros votos en la Parroquia Virgen del Rosario, llevada
por los espiritanos, y posteriormente la experiencia misionera en la
Parroquia de Nuestra Señora de Fátima en General Resquín (Paraguay)
trabajando con jóvenes, una experiencia de la cual tengo muy buenos
recuerdos y enseñanzas.
Después de estas etapas me encuentro ahora en Madrid, continuando mi
formación en vista al sacerdocio, donde también he tenido la
oportunidad de vivir de alguna manera la experiencia de comunidad
donde siempre se aprende, donde uno se enriquece por convivir con
personas de otras nacionalidades, todo esto como es normal con sus
pequeñas dificultades, pero que a pesar de todo, vale la pena
vivirla, debido a que se va madurando más como persona y se conoce
otra manera de pensar, de vivir la vida y de celebrar la fe, quiero
por último decir, que pertenezco a la Provincia de España, donde los
espiritanos me han acogido con mucha alegría y al mismo tiempo me
siento verdaderamente bien recibido.
Rubén Cámara Uscanga
“Un sólo corazón y una sola alma”
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TESTIMONIO
DE SIMÓN GARCÍA NAHARRO
Echando la vista atrás, al
pensar en cómo se ha ido fraguando mi vocación, me doy cuenta de
que no comenzó como una vocación religiosa propiamente dicha. El
punto de partida fue el de una vocación común a casi todos
nosotros: la de búsqueda.
A poco
que nos sentemos a pensar, cuando el tiempo nos lo permite, o
mejor dicho, el uso que de él hacemos nos lo permite, nos damos
cuenta que la vida es una constante interrogación. Te preguntas por
el sentido que tiene el tener que trabajar 8 horas, en el mejor de
los casos, un día tras otro, repitiendo los mismos movimientos, a
veces cuando ya incluso has olvidado porqué elegiste esa profesión.
Te preguntas por qué casi sin darte cuenta formas parte ya del
engranaje de hipotecas, préstamos, horas extras. Te preguntas por
tus relaciones afectivas, la familia, los amigos, tu pareja. Te
preguntas en dónde han quedado las ilusiones, los proyectos, los
sueños de cuando eras aún niño. Te preguntas, en definitiva, por
el sentido de tu propia vida.
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Si
cuando intentas reunir todas las piezas de este rompecabezas, te
falta, como era mi caso, la más importante, Dios, entonces la
búsqueda
se torna desazón y se vuelve urgencia.
Aquí
es donde veo, con más claridad, la maravillosa mano de Dios. Una
vez dado ese primer paso, Él se encargaría de ir poniendo, en mi
camino, personas que despertaron preguntas aún más profundas: ¿por
qué, sobrándome a mí de todo, hay, sin embargo, millones de
personas muriendo de hambre?. ¿Por qué, para que yo vista o
calce de determinada manera y a determinado precio, hay millones
de niños trabajando como esclavos en otro lugar?. ¿Por qué,
muchos vivimos como si nada de esto ocurriese, como si no existiera
ninguna relación entre su realidad y la nuestra?
Y,
entonces
la vocación de búsqueda empieza a definirse más nítidamente, a
definirse como búsqueda de la Verdad.
Y
siguen
apareciendo personas, y siguen apareciendo preguntas, pero esta vez
me interrogan con el ejemplo, con el testimonio: ¿qué es lo que
hace que sus corazones puedan latir con el que sufre?, ¿cómo
pueden no endurecerlos para protegerse ante tanto dolor?, ¿de dónde
mana su fuerza?
Y
descubrí
que detrás de todos esos "hacedores de esperanza" estaba
Dios. Y acabé dándome cuenta de que ese Dios de Vida, de Amor, que
los sostiene, es el mismo Dios que ha estado siempre conmigo, pero
al que era incapaz de ver.
La vocación es ahora vocación de amar.
Y
al
querer amar te encuentras irremediablemente con Cristo, él que más
amó entre los hombres. Y entonces quieres dejarlo todo y seguirle.
Y... y aquí estoy, ya para ocho meses, intentando descubrir que
quiere de mí, que papel me reserva en su Iglesia.
Sé
que siempre he pecado de muy pasional, incluso ahora al escribir
estas líneas, pero no puedo olvidar una de las primeras frases que
leí al entrar en la Casa de Formación, en la pared, del P.
Libermann, se leía: "Fervorosos, sed siempre fervorosos".
Seguimos
unidos en la oración.
Simón García
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TESTIMONIO DE THOMAS ARISTIDE
Hablar de uno mismo no es
tarea fácil, sobre todo, cuando se trata de descubrir
su propia historia vocacional. Entonces, uno tiene que ir
releyendo, con fe y verdad, cada uno de los acontecimientos
decisivos de su vida.
Ciertamente, no haré
una autobiografía para presentarme, sino iré subrayando como la
mano del Señor va escribiendo recto en el curso torcido de mi vida,
desde mi familia y dentro de la gran familia espiritana: mi historia de hombre y mi historia vocacional, mi presencia
agradecida en la provincia espiritana de España y la gran
experiencia en la comunidad de formación multicultural espiritana
de Madrid.
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Nací en
Camerún. Soy el tercero de una familia de siete hijos. Pero muy
pronto, el Señor me llevó de la mano de mi abuela materna (de
venerable memoria). Después de la separación de mis padres, ella ha
sido "el primer alfarero" que el Señor puso en mi camino. Recibí una
educación bastante fuerte en los valores cristianos: la oración
personal, el compromiso, la disponibilidad, la caridad, el compartir
y el sentido del esfuerzo personal. Gracias a ella tuve desde
pequeño el deseo de "las cosas de Dios".
A los
dieciséis años, decidí hacerme católico (porque hasta entonces era
protestante). Una decisión que aprobaron, con alegría, mi madre y mi
abuela. Fue un cambio radical y decisivo en mi vida. Me matriculé en
el grupo de catequesis de la parroquia, donde trabajaba un equipo de
espiritanos, muy dinámicos: un francés y un alemán. La precisión de
las nacionalidades vale la pena, porque fue el primer impacto
positivo que tuve de la Congregación. Me preguntaba: ¿cómo pueden convivir estos dos, después de todas las atrocidades y
enemistades de las guerras mundiales? La respuesta me vino
del Señor: "Ven y verás".
Al
terminar los estudios secundarios, los Espiritanos me
admitieron al postulantado; después unos años de filosofía en una
gran comunidad internacional, luego el Noviciado para comprometerme
en la Vida Religiosa Espiritana, y ahora los estudios de teología en
la formación sacerdotal, en la provincia Espiritana de España.
De mi
presencia agradecida en la provincia Espiritana de España, es para
mí una gran oportunidad para grabar en los corazones de cada uno de
sus miembros, mis palabras de agradecimiento. Cómo callarme ante
todo lo recibido, sin decir a todos "muchas gracias”... muchísimas
gracias por el don de la Congregación que el Señor nos ha dado, el
don de la acogida y de la solidaridad... y como me repetía mi
abuela "hijo mío, hay que
saber decir gracias. Es una palabra de reconocimiento de los dones
recibidos del Señor". Tengo plena conciencia que esta palabra
no es suficiente para transmitir lo que siento dentro de mí, pero
también les aseguro que es expresión de mi corazón agradecido y
contento de cantar estas maravillas.
La vida
fraterna, en la casa de formación, es un auténtico don recibido a lo
largo de mi camino vocacional. La comunidad es el lugar donde
encuentro la alegría de compartir lo que soy y lo que tengo;
compartir las alegrías, los dolores, las pruebas; compartir la
palabra de Dios y la Eucaristía,
aprender a escuchar y a descubrir los valores de cada una de
las culturas representadas.
Los momentos
de desacuerdo o de tensión son también una oportunidad para repensar
esta realidad: "lo que nos
une es más fuerte que lo que nos separa. Estamos congregados en
torno a Cristo, por el vínculo del carisma de nuestros fundadores".
Me siento muy
agradecido y seguiré rezando por la provincia de España, para que
nunca le falte la gracia del Espíritu Santo y la inspiración de
nuestros fundadores.
Thomas Aristide
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REFLEXION SOBRE LA HISTORIA DE MI PRESENCIA
EN LA CONGREGACIÓN DEL
ESPIRITU SANTO
Queriendo hablar de mi
propia vocación, como
tal, la situaría en el marco de “una aventura”, es decir, que
no se trata de algo que alguien puede descubrir de una sola vez,
sino que se trata más bien de todo un proceso, un viaje bastante
largo, durante el cual uno puede, poco a poco, día tras día, y,
sobre todo, mediante una sólida relación personal con Dios,
descubrir la verdadera esencia de tal llamada.
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En este preciso momento, se puede decir que me encuentro en
la recta final de la formación inicial, dentro de la Congregación.
Acabo de hacer mi petición de admisión a los votos perpetuos en la
Congregación. Pero antes de llegar a este momento, he pasado por
distintas etapas. En primer lugar, como primeros pasos en este
camino, estuve durante cinco años en el Seminario Menor de mi país
(Haití). Las experiencias que he vivido durante este tiempo fueron
tan buenas que aun hoy
sigo aplicándolas, en mi vida, a lo largo de este proceso de
discernimiento.
Una segunda etapa, empezó cuando ingresé en la casa de
formación de los Espiritanos, en Haití, y donde iba a pasar mis
tres primeros años en la Congregación. Ahora la gran pregunta era
sobre el por qué, al final, he entrado en esta Congregación, y no
en otra. Lo primero que hay que subrayar es que los Espiritanos, a
pesar de ser pocos en Haití, tienen una historia muy buena y rica
en beneficio de este país, a todos los niveles.
Siendo de una familia muy católica y practicante, y teniendo
en cuenta la situación de una buena parte de la gente de mi país,
situación de abandono, de dejadez, de injusticia que vivía y sigue
viviendo, y por sensibilidad personal y educación en los valores
cristianos, todo esto me hacía pensar mucho, y, sobre todo, me
interrogaba como podría aportar mi pequeño grano de arena.
Al final, con los consejos de
algunos sacerdotes de mi diócesis, me he decidido a realizar este
camino con los Espiritanos, porque me sentí fuertemente atraído
por la obra realizada
por ellos, y con la que me identificaba.
Después de tres
años, comencé una tercera etapa, muy importante para mí y para la
Congregación: ingresé en el Noviciado Espiritano, en Texas
(EE.UU.).
Después de mis primeros votos, la
siguiente etapa fue los Estudios Teológicos, cara al Sacerdocio,
que me trajeron a España, donde
los Espiritanos de
España me acogen con mucho cariño y donde me encuentro
actualmente. Y no quiero dejar pasar la ocasión sin
expresar mis agradecimientos a los Espiritanos de España por
todo lo que supone la responsabilidad tomada al acogerme. Una
palabra de agradecimiento a todos y a cada uno de los Espiritanos de
la provincia, por su presencia que me anima a llevar a cabo esta
opción de vida y que me apoya en mi deseo de hacer la petición
para la admisión a los votos perpetuos en la Congregación. Se
trata de un paso definitivo, muy importante, pero al mismo tiempo,
es la expresión, el resultado adecuado de un discernimiento
vocacional, cargado de ilusiones para poder ofrecer
este granito de arena para la construcción del Reino de Dios
en la tierra.
Jonás Saint Paul
(Espiritano, de Haití – 2º año de Teología)
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