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Se presentó hace diez días en la
parroquia, a primera hora de la mañana. Me contó que el ojo le hacía
daño y que llevaba unos día que a duras penas podía comer y dormir.
Miré sus ojos y vi que tenía perdido el
ojo izquierdo, justamente el que le dolía. Lavé el ojo con agua salada y
una vez limpio le apliqué un poco de tetraciclina. Le dije que tenía que
volver para seguir añadiendo medicamento.
Quise llevarla con la moto a su casa.
Apamaya tiene ya sus años, unos sesenta o setenta, aquí es difícil saber
los años. Camina con dificultad, ayudada de un bastón. Con la moto
llegamos al pie de la colina donde habita. Luego fue ella quien tomó la
delantera y me condujo hacia su casa, una sola choza de unos tres por
tres metros, un con terrenito delante.
Más tarde, ya en casa, pensé en su ojo
y me dije que tal vez sería mejor mandarla al hospital, a los
oftalmólogos sin fronteras, para que allí le vieran el ojo. Así que me
fui a buscar Teresa, la persona que está encargada en esa comunidad de
Djudandu de acompañar a los enfermos, y le pedí si podía acompañarla al
día siguiente al hospital. Teresa, dispuesta como siempre, me dijo que
sí. Le di el dinero del hospital y al día siguiente teníamos el
resultado: tratamiento para el ojo izquierdo y operación de cataratas
para el ojo derecho, con el que nos dijeron que ahora ve muy poco.
Hoy me he acercado a esa comunidad, al
final de la reunión nos hemos acercado todos a cada de Apamaya, puesto
que ella había pedido que la comunidad fuera a rezar a su casa.
Cuando llegamos la encuentro sentada a
la puerta de su choza, la cabeza cubierta con un paño. La saludo, le
levanto el paño y veo su ojo izquierdo que desprende una mezcla de
sangre y agua. ¿Qué ha pasado? El ojo ha empeorado.
Hacemos la oración y vuelvo a acercarme
a ella y a comentar el estado de su ojo con otras personas. Enseguida se
empieza a hacer la luz... o la sombra. Por la mañana ha ido a un “malum”
(especie de curandero tradicional, hechicero) que le ha curado. Parece
ser que le ha clavado algo en la pupila. Le ha dicho que le ha sacado
dos astillas del ojo; se las ha dado, dos grandes astillas de madera
envueltas en un plástico. Yo no me creo que eso haya salido del ojo. Lo
que sí le habrá sacado es el dinero, de eso no hay duda.
Mañana tiene que volver al hospital con
Teresa, ya veremos lo que le dicen allí. Pero toda esta historia me
descubre un poco la posición de la gente con respecto a la medicina que
podríamos llamar moderna y su apego a la otra, la tradicional. Y eso que
aquí empezamos bien, Apamaya fue antes al hospital, pero aún así, el
malum se coló por medio y Apamaya recurrió a él. También me enseña esta
historia a pedir colaboración económica del paciente para el hospital
(en este caso yo le pagué todo), porque eso le llevará a valorar más el
tratamiento. Y prefiero que se gaste el poco dinero que tenga en el
hospital antes que en el malum. |