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UN DIA EN EL BOSQUE
(Esta vez Pepe y Miguel)
Los misioneros tenemos la cabeza llena de estudios sobre Filosofía,
Antropología, Sociología, Economía, Política, Religiones Comparadas,
Historia, Geografía, Psicología, Misionología, Pastoral, Sagradas
Escrituras, Teologías varias, Mariología, Latín, Griego, Inglés, Maasai,
Swahili………No sabemos si de algo nos sirvió al encontrarnos con los
protagonistas de esta historia, pues al final nos dimos cuenta de que
con una cosa basta (y no la habíamos estudiado): EL CORAZON.
MANG’OLA
Es una palabra del idioma de los Mang’ati, tribu pastora, habitantes del
lugar, que significa “lo que no se puede mezclar”: hay que dejarlo
intacto, sin tocar.
Dios se explayo en este valle e hizo un autentico Edén: lago; ríos;
animales de todas las especies del Arca de Noe; árboles de altura,
frondosidad y frutos incontables; y pájaros de todos los colores y
trinos. Todo rodeado por montañas grises que cambian de tono en los
atardeceres con puestas de sol inenarrables que hacen del lago un espejo
de colores innombrables. No sabemos si estaría también el Árbol del Bien
y del Mal, pues no lo hemos encontrado, pero si muchos Adanes y Evas que
con el tiempo pusieron a prueba a Dios y con ellos vino la destrucción.
Hoy Mang’ola es un páramo, ha sido tocado por una avalancha de
agricultores, de 100 tribus diferentes, sin planificación ni miras
ecológicas, y, por ellos, árboles, animales y pájaros ya no existen.
Solo queda el futuro del árido desierto. Se ha alterado el orden de
Dios.
Antes, sus habitantes vivían a lo Adán y Eva: recolectaban y
pastoreaban, sin preocuparse que comerán (tenían de todo) o que vestirán
(estaban desnudos). A los pastores, los Mang’ati, los veíamos por
doquier, siempre erguidos retirándose con sus vacas a la tranquilidad de
las montañas por no ver a los depredadores hacer desaparecer el mundo
que llevaban en sus entrañas y que ahora les robaban con patrañas.
Pero no así a los recolectores. Nos hablaban de los habitantes
primigenios del lugar: pequeños de estatura, semidesnudos, asociales,
cazadores de arco y flecha, se alimentaban de lo que pillaban, habían
vivido escondidos en el bosque de abajo, pero al desaparecer habían
emigrado a lo que quedaba de bosque en las montañas. No los veíamos. Y
nuestro interés por encontrarnos con esta especie aumentaba de día en
día. Y sobre todo desde que nos dijeron: “se parecen a los animales más
que a los humanos” (nos recordaba la discusión de la película “LA MISION”:
¿tienen alma o no?).
En los atardeceres de Arco Iris que, con la mirada perdida y paz
interior, contemplábamos cada día, nos preguntábamos: ¿quien nos
enseñará el camino que nos conduzca al interior de ese misterioso bosque
y encontrarnos con esos personajes de cuento de El Principito y su
huestes?
Llegó el día. En un mercado. Nuestros ojos los descubrieron y el corazón
palpitó a ritmo desacostumbrado. Allí estaban: bajitos, feos, flacos,
semidesnudos, con ropas que más bien eran harapos, aislados del resto,
pero con una sonrisa que nos conquistó el corazón de inmediato.
Manipulaban sus arcos y flechas. Y no sabemos si fue la flecha de Cupido
la que nos atravesó el corazón: nos amamos al cruzarse nuestras miradas
en un efímero instante.
Cohibidos, pero decididos, nos fuimos hacia ellos. Sabíamos que era
atravesar El Túnel del Tiempo, volver a miles de años atrás y sin
conocer el camino de retorno; parecía imposible, pero el corazón es
impredecible, el amor es riesgo, y ya no te puedes detener. El Yo
desconocido, ese habitante invisible que llevamos dentro desde el
nacimiento, ¿Dios?, nos lanza en torpedera a miles de Kms. por hora, y
en un instante estábamos hablando con la Prehistoria.
¡Horror! ¡Hablan otro idioma! No nos podemos entender con palabras. Pero
si con la sonrisa y las manos, que nos agarran y agarran sin ganas de
soltarlas. Bueno, es igual, nos quedamos con ellos, a pesar de
experimentar una buena ración de olores desconocidos, a los que para
apaciguar no les vendría mal una Colonia, de la Fiesta de Man’gola,
regalada por nuestra amiga Mari Mar.
Son los Hadza. Hablan Hadzabe (quizás el idioma mas antiguo que existe,
en cuya investigación muchas Universidades insisten). Les decimos
“Habari” (¿que tal?), y ellos nos dicen “Ntaana” (¿que tal?). Son los
Bosquimanos, tribu pequeña, desprendida de su madre que esta por
Botswana. Son el resto de una Armada Invencible derrotada por las
inclemencias del tiempo impredecible.
Alguien entre ellos, Gudo, habla nuestro idioma. A través de él les
hacemos una proposición: que nos monten en su nave y nos trasladen a su
mundo, a su Parque Jurásico, donde juntos podamos festejar el habernos
encontrado. Ante nuestro asombro, aceptan; después de hacer mil señales
con los dedos y medir el cielo, nos dan una fecha, que concuerda, para
mas asombro, con la Luna Llena, a la que cantarán y lanzarán sus
flechas.
Aceptamos y les decimos “Asante” (gracias), ellos nos responden “Nubeaa”
(gracias). Nos vamos entendiendo. El corazón no sabe de distancias ni de
idiomas. Sabe de sonrisas y acogida, de miradas y simpatías.
No pudimos coger la nave ese día y tuvimos que volver a la Historia.
Contábamos los días, las horas, en que volvería la nave que nos llevaría
a su presencia. El amor es impaciente, y la espera puede romper el
corazón. A punto estuvimos del infarto de tanto esperar, de desazón.
Pero la nave llegó y nos salvó. Hacia el bosque nos llevó y en un
instante nuestro mundo cambió. Estábamos entrando en un Mundo
desconocido, lleno de incógnitas y preguntas, en el que nos habíamos
metido sin armas ni ideas, solo guiados por el corazón herido por
Cupido.
Ese día estrenaban en España “La guerra de los Mundos”, pero nosotros
preferíamos estrenar nuestra propia película titulada “La Paz de los
Mundos”.
Y ese era el día del estreno también.
7 DE JULIO (S. Fermín): 24 horas con los Hadza, en la Prehistoria Año
2000, siglo XXI para nosotros
7-9 de la mañana: Recibimiento triunfal.
Gudo (sabe inglés por el contacto con investigadores que se han
aprovechado de él) y Salibogo (está cojo por la mítica pelea que tuvo
con un búfalo al que mató en solitario con solo flechas y corazón) nos
recogen en casa, montamos en la nave del Tiempo (un Toyota L/C) y allá
vamos a pasar la frontera invisible entre el ser humano moderno y el
antepasado prehistórico muy cercano al mono (eso creíamos).
Ha amanecido fresco y con niebla allá en el horizonte de la montaña, su
hogar. Es invierno ecuatorial. Después de una hora de sortear veredas en
un ascenso infernal divisamos en el horizonte una zona de rocas enormes,
monolitos aislados en medio del bosque: allí se emplaza su Hotel de 5
estrellas, en el que nos recibirán grandes personajes que la alfombra
roja extenderán ante nuestros pies de Galanes (como a Tom Cruise en su
estreno de la Guerra de los Mundos). Nuestro corazón palpita por la
emoción. Vamos a entrar en su Santuario para filmar.
Pero nuestra bienvenida es otra: unos 20 niños desnudos y sucios,
ateridos por el frío, tiritando y con carne de gallina en todo el
cuerpo, algunos con llagas supurientas en piernas y cabeza, nos reciben
como los cachorros de una perra reciben a su madre buscando calor y
alimento. Nuestro corazón ya no exulta, se encoge. Los niños son otra
cosa. Pero los abrazamos y nos sonríen y nos tiran de la barba y
corretean a nuestro alrededor. Nos han conquistado. Que extraño: resulta
que son felices y traviesos como todos los niños en todo el mundo. La
diferencia esta en el tener cosas, no en el ser.
Unas 15 mujeres, a distancia, están distribuidas por las rocas a
diversos niveles. Semidesnudas, sucias, sentadas, en una postura de no
hacer nada. No son diosas, sino seres humanos que están despiojando las
cabezas de sus bebes.
No vemos casas, sino unas chozas-Igloo hechas de ramitas y paja, a
merced del viento, la lluvia y el frío, que solo es cobijo para sus
hijos. Los demás, nos dicen, duermen a la intemperie entre las rocas,
sobre algún trapo o piel (¡y nos hemos comprometido a dormir también!).
No vemos varones: han salido temprano a cazar, nos dicen, después de
fumarse unas pipas de hierbas alucinógenas que les pone en trance para
tener bien abiertos los ojos, resistir grandes caminatas e, incluso,
enfrentarse a la fiera si hiciera falta, solo con su arco y flechas.
Colgadas de los árboles tienen algunas cabezas como trofeos: búfalos,
gacelas, Dick Dick, monos… Si cazan, traerán comida y alegría a esta
estancia.
Vemos fogatas por todas partes, su forma de calentarse. Gudo y Salibogo,
también semidesnudos y ateridos de frío, (sentimos vergüenza por vestir
nuestro Anorak, pero no se lo podemos regalar) nos llaman y nos enseñan
como se hace el fuego: una vara dura vertical de 1 metro que frotan
sobre otra, corta y blanda en horizontal en el suelo, con las dos manos
de arriba y abajo, sacando brasa a la que añaden pequeñas pajas que
hacen surgir la llama. Ni cerillas ni mecheros. Pura magia.
Son las 8,30 de la mañana. Esperamos el desayuno y preguntamos como
conseguirlo. Se ríen. Hay que ir a buscarlo. ¿Todavía no habéis comido
nada? “No”, nos dicen. ¿Y como aguantáis? Se vuelven a reír. Ya tenemos
complicidad. Y nuestro corazón vuelve a bombear e irrigar el cerebro
para que pueda entender y asimilar lo que está pasando a este lado del
túnel intemporal. ¿Hay un Supermercado por aquí? Y nos invitan a ir con
ellos de compras al bosque por explorar.
9-11 de la mañana: en busca del desayuno.
Cuatro mujeres se ponen en movimiento, cada una coge una vara, y nos
invitan a seguirlas. Pepe con su altura perece el gigante Gulliver entre
los enanos. Nos sigue un tropel de niños como si tocáramos la flauta del
mago Merlin. Caminamos mucho. Buscan un árbol-arbusto que crece en las
raíces de las acacias. A su sombra, este arbusto genera en sus raíces
unos bulbos como patatas, que son muy acuosos y comestibles. Dicen que
ese es su desayuno diario. Pero ahora es muy difícil, pues estamos en
tiempo de sequía. En la primavera, Octubre-Noviembre, y en verano,
Diciembre-Febrero, después de las lluvias, son abundantes y apetecibles.
En el camino nuestros traductores nos señalan un árbol, Mdabi, que en
los tiempos buenos da unas bolitas-frutas rojas que también forman parte
del desayuno. Pero ahora no hay. Y nos muestran el árbol-rey del bosque,
el imponente BAOBAB, donde anidan las abejas que producen su delicioso
néctar de la miel, que se la comen tal cual con crías y relamidos de
placer. Son expertos apicultores que cuidan de las abejas y saben entrar
en sus colmenas, desnudos, para compartir su alimento, pues no toman
toda, sino que les dejan parte para que se alimenten y sigan
produciendo. Pero no es la época. Tienen hambre. Su dependencia
alimentaria hoy son las raíces y la caza.
También nos explican el valor de cada hierba seca que pisamos. Para
nosotros son hierbas. Para ellos cada una tiene su significado y su uso
medicinal. Por eso no necesitan Hospital (para ellos, dormir bajo techo
es la antesala del final). Increíble su sabiduría, transmitida de
generación en generación. (Recordamos a nuestro amigo Nino, defensor de
la medicina natural)
Al divisar un arbolito enano nos paramos: es el árbol del CURE, un
veneno que mata. Cuecen sus cortezas en agua hasta que queda un líquido
espeso como la brea, que utilizan luego para untar en las puntas de sus
flechas, con las que cazaran animales grandes, como búfalos o ñues, o
gacelas. No los mata de inmediato, sino que los paraliza despacio, por
lo que ellos también son expertos en seguir los rastros. A veces los
encuentran después de horas de espera.
Pasamos por una vereda estrecha entre árboles. De pronto el largo pelo
de Pepe se ve enredado en las espinas de sus ramas. Miguel quiere
ayudarlo y también queda atrapado en su Anorak que es destrozado. Gudo
nos grita “esperad un poco”. Con paciencia nos hace volver hacia atrás y
con manos expertas nos desenreda. ! Que susto! Nos explica que el árbol
se llama “espera un poco”, pues si sigues adelante sus espinas se clavan
mas por su forma de uña de gato. Tienen veneno, y se nota, pues
empezamos a sentir cosquillas en la cabeza y brazos. ¡Cuantos secretos y
sabiduría esconde este bosque! Ahora entendemos el por que de su cuerpo
semidesnudo y pelo rapado. Reciben arañazos pero no quedan atrapados.
Las mujeres han ido observando y catando con sus palos en diversas
acacias, sin resultado. Al fin se deciden por una al lado de un lecho de
torrentes de lluvia. Se ponen a la tarea: hincadas de rodillas, con
manos expertas, cavan con sus varas afiladas la dura tierra hasta
encontrar las raíces del arbusto. Inmensa es su alegría al aparecer ante
sus ojos tales delicias. Allí mismo, sudorosas, se ponen a pelarlas y
comerlas. No les satisface, están muy secas. Nos dan a probarlas:
insípidas, estropajos con un poco de agua.
Siguen y siguen en su trabajo tedioso, pero infructuoso: se han comido
con avaricia las pocas que encontraron, los niños disfrutando y
alejándose del frío, sin dejar nada para los que se quedaron en el
Hotel. ¿Qué van a comer?, les preguntamos. “Irán a otro Supermercado a
abastecerse”, nos dicen.
Mas cabizbajos, ellas por la falta de productos en el mercado, y
nosotros desorientados sin saber por que, desandamos lo andado a la
espera de ver que habrá en otros mercados.
El frío ha amainado, y el sol lucha con la niebla para ganar la batalla.
En el camino comentamos: ¿Por qué hay gente que piensa que estos seres
deliciosos no son humanos?
11-13: MEDIODIA: lucha por la comida.
Llegamos al “Hotel Residencia” y encontramos que los varones habían
regresado, pero con muy mala suerte, pues también el mercado lo hallaron
cerrado. Son unos 20, jóvenes y mayores. Lo habían intentado recorriendo
muchos kilómetros siguiendo rastros de animales que acababan perdiéndose
entre la espesura de los árboles. Llegaron incluso a divisar algún DICK
DICK , pero tan escurridizo es que se les fue. Han vuelto sin alegría de
su batalla diaria. Ellos han comido raíces que cavaron y agua que
sacaron de otros tubérculos, como pequeñas calabazas, de los que extraen
el líquido vital. También han conseguido comer algo de carroña, resto de
las hienas carroñeras (creen que los animales carroñeros siempre les
dejan algo para ellos. Por su parte, cuando cazan, siempre les dejan
algo en recompensa: son socios que se complementan). Pero están
pesarosos, pues no consiguieron nada para alimentar a su manada y se han
privado de la alegría de ser recibidos como portadores de carne y vida.
Están descansando sentados entre las piedras, al abrigo del frío, en
grupos alrededor del fuego (separados hombres y mujeres), contándose su
fracaso de cacería y búsqueda de raíces. Preguntamos: ¿y el resto que
come?
No sabemos si se harán esa pregunta los que están en la inauguración de
la otra película en la otra parte de la orilla.
En perspectiva la foto es ideal: sus posturas, su distribución en
niveles de rocas, sus movimientos, su desnudez, su pasividad… harían las
delicias de cualquier fotógrafo de actualidad;( ¿algún parecido con una
colmena de monos?). Pero estos estarán a la caza de otro tipo de galas.
Sabemos que a nuestro amigo Ángel Ledesma le gustaría tomar las fotos de
estos niños, pues tiene pasión por perpetuar sus inocentes miradas.
Cuatro chavalas jóvenes se ponen en pie. Vuelven a coger sus afiladas
varas e invitan a los niños y jóvenes a ir a comer. Algarabía de niños
hambrientos (pero ninguno llora). Nos preguntamos: ¿aun queda otro
Supermercado? Los seguimos curiosos y con el corazón medroso por algún
otro fracaso estrepitoso. Las posibilidades se agotan, el día avanza sin
cesar y los estómagos claman por algo con lo que saciar su necesidad. El
corazón se nos encoge.
Vemos a todos, niños y jóvenes, rastreando huellas alrededor de pequeños
agujeros en el suelo, medio agachados y veloces, pues conocen que
disponen de breves instantes para adelantarse a sus habitantes. Estamos
ya que flipamos. ¡Están buscando ratones!
De pronto uno de ellos grita:”aquí”, y todos corren a observar. Ven
huellas recientes que nuestros ojos no verían ni con lentes. Raudas las
jóvenes se poner a cavar con sus varas, un trabajo de artistas,
siguiendo los túneles en varias direcciones; con los dedos van siguiendo
el rastro y si un túnel se acaba otro vuelven a empezar. Los jóvenes
están tensos con sus arcos preparados para tirar al blanco. Súbitamente
un ratón de campo aparece y echa a correr. Todos alborotados lo
persiguen y lo acorralan y una flecha lo atraviesa como una cornada. El
cazador lo exhibe en su flecha en alto y todos los niños saltan para
alcanzarlo: saben que tienen algo para comer. Esta es su comida de hoy.
La acción se repite y, con algunos fracasos, unos 20 ratones es el
trofeo con el que volvemos al “Hotel”. Los niños juegan con los que aun
están vivos y los acaban matando con un golpe en la cabeza sobre las
piedras del fuego. Los asan y se los comen, ¡que manjar y que disfrutar!
Nos ofrecen probarlo, y debemos mostrar algo divertido al rechazarlo,
pues los niños se parten de risa y se lo comen con mas prisa para
demostrarnos que esta ¡buenísimo!
¿Y si no hubierais cazado ratones, que habrían comido?, les preguntamos.
Y entonces nos llevan a la reserva del Supermercado: las pieles donde
duermen, curtidas y secas. “El recurso final, nos dicen, es hervir
trozos de esta piel y dárselas para comer”. Solo con pensarlo los
dientes nos rechinan y el corazón se rebela y clama por justicia (la de
Dios, no la de los hombres, que los han dejado sin hogar y sin comida,
que tenían asegurada en sus guaridas del bosque bajo).
Nos viene a la mente la cantidad de comida que se tirara en la cena de
gala de los protagonistas de la otra película en Madrid en el Hotel Rizt.
Con tanto sobresalto nos habíamos olvidado de nuestro estomago que
reclamaba también ser alimentado. Nos vamos al coche y sacamos 3 cajas
de plátanos que habíamos traído de la otra orilla.
El regocijo es inmenso; nosotros nos comemos algunos, y el resto pasa de
mano en mano de todos ellos, que un santiamén los han devorado con
ansiedad y hambre de un mes. Entonces, si, los comparamos, Dios nos
perdone, con una manada de monos desparramados y concentrados en un
instante sobre la monda de un plátano tirado al azar.
Nos sentimos satisfechos, el corazón descansa. Hemos disfrutado
repartiendo plátanos, una de esas pequeñas cosas de la vida que
olvidamos, como una sonrisa a tiempo, pero que pueden mover tierra, mar
y cielo y dar esperanza a los desposeídos de la TIERRA. Nos sentimos
MISIONEROS.
13-15 de la tarde: Descanso y Peleas
Llega la hora del descanso, del tedio. El Sol ya florece allá en el
cielo. Ellos, de rodillas y manos en alto, le dan las gracias al Sol por
haberles dado algo de comida ese día, y le piden ayuda de algo mas, pues
necesitan fuerzas para por la noche poder danzar.
Les peguntamos por que hacen eso. Se extrañan: “Estamos hablando con
NUESTRO PADRE DIOS, EL SOL, que nos despierta cada mañana para darnos de
comer, para que busquemos nuestra comida diaria con el sudor de nuestra
frente. Hoy nos ha dado poca, a pesar de nuestro esfuerzo. Le damos las
gracias, pero le pedimos que nos descubra lo que aun nos tiene
reservado”. ¿Y por que no almacenáis? “No hay que sucumbir a la
avaricia, nos tiene dicho. Cada día nos dará lo suficiente para comer.
El nos ilumina para que así sea. Y si algún día nos falta porque no le
vemos (nublado), le pasa la pelota a NUESTRA MADRE LA LUNA que en la
noche nos ilumina para cazar. El mañana no es nuestra preocupación”.
Pensamos: ¿esta gente necesita Evangelización? Jesús los amaría con todo
su corazón como parte de su rebaño fiel y seguidor.
Se acaba la conversación. Ellos vuelven a sus trabajos rutinarios:
modelan y reparan arcos y flechas usando manos y pies, con ayuda de
cuchillos y piedras. Los adornan con estrías, que pintan con ceniza, y
plumas de aves de Guinea; y los tensan con cuerdas trenzadas con hilos
del fémur de los animales cazados. Son artistas consumados. Ellas
aprovechan para encadenar sus adornos vegetales que lucirán esta noche
en la danza ante su DIOSA MADRE. Los niños duermen la siesta, quizás
soñando en las fuentes de enormes pavos que se zampaban los caballeros
de la Edad Media o GOLIAT; o en los langostinos jacobeos que se están
sirviendo en el Ritz a estas mismas horas, viendo a los comensales comer
con avidez, aun sabiendo que el mañana lo tienen asegurado y volverán a
comer.
Nosotros nos damos una vuelta por sus casas y cobijos. ¿Puede el ser
humano vivir sin tanto cacharro, solo con lo mínimo? Ahí estaba la
respuesta: ni armarios con ropas y zapatos de repuesto; ni camas ni
moquetas; ni almacén de provisiones; ni ollas ni cacerolas; sin radio ni
televisión; sin sillas (unas piedras) ni sillones; sin estufas ni aire
acondicionado; ningún aparato; ni techo donde cobijarse; nada de nada;
solo unos potes de barro donde hervir lo necesario, y unos cuencos
también de barro para recoger el agua de beber en un pequeño manantial
que brota entre las rocas. ¿Se duchan? No lo vimos ni lo preguntamos. Se
lavan en los arroyos que encuentran en sus salidas. Y disponen de todo
un bosque para hacer sus necesidades. ¿Y que hacen cuando llueve? Danzan
bajo la lluvia y se refugian en cuevas. No almacenan. No añoran el Corte
Ingles y sus almacenes.
Nuestro pacífico caminar, de pronto, se ve interrumpido por gritos de
pelea. Todas las mujeres andan a la greña. No salimos de nuestro
asombro: las apacibles criaturas ahora están amenazándose unas a otras;
gritan, se agachan, se van hacia atrás, vuelven, los brazos arriba y
abajo con puños amenazantes, saltan, se dan golpes en el pecho desnudo y
se dejan caer al suelo desconsoladas. Los varones permanecen impasibles,
los niños han despertado y se ríen. Es un espectáculo. A nosotros nos da
miedo por primera vez. El corazón vuelve a latir con timidez.
¿Qué pasa?, preguntamos a los colegas. “Nada, cosas de mujeres”. Pero si
se van a matar, hay que separarlas, les decimos. Se ríen. “Esto es
normal. Una tenía un collar y ha desaparecido. Cree que otra se lo ha
robado. Discuten para descubrir quien ha sido. Mirad, ya han acabado”.
Efectivamente, una de ellas esta de rodillas clamando clemencia. El
castigo podría haber sido el que cada una le pegara tres bastonazos.
Pero hoy la perdonan: La Mama Luna las espera y no lo consentiría. La
mayor le arrea un guantazo y todo acabado. No necesitan ni policías ni
jueces ni cárceles. La sociedad se autoprotege en la salvaguarda de sus
normas de convivencia sociales. Nuestro corazón vuelve a ritmo normal.
¡Que susto hemos pasado!
La comparación con la colmena de monos ronda de nuevo en nuestras mentes
aristotélicas.
Ha sido un accidente. Todo vuelve al silencio, que es su estado normal.
Son hormigas del hormiguero donde todas trabajan en silencio, aunque
alguna vez tropiecen una con otra y se eche la carga a perder. No se
matan. Vuelven a empezar.
15-17 de la tarde: con los jóvenes de caza: el misterio del bosque.
Vamos hacia el grupo de 8 jóvenes que un poco retirados, y ajenos a lo
que sucede, están haciendo ejercicios de arco. Nos ofrecen probar
puntería. Pepe da en el blanco, pues tiene fuerza para tensar el
resistente arco y lanzar la flecha con firmeza. Miguel la lanza a dos
pasos. Risas y aprobaciones. Sincera camaradería. Ya quisiéramos tener
el porte, la musculatura, la concentración y la gracia con que ellos se
preparan y tiran (casi siempre atinan).
¿Para que os ejercitáis, si luego no cazáis?, preguntamos. “Nos vamos de
caza, ¿venís con nosotros?”, nos invitan. Por supuesto, nos vamos. Unos
perros famélicos nos siguen.
La caza no es solo un acto de poder. También es un acto de fe (con
perdón de nuestra amiga Bati, que de esto sabe un montón). Por eso,
antes de salir se van hacia las rocas y con acuarelas naturales de ocre
pintan los animales que les gustaría cazar a raudales. No nos habíamos
fijado. Pero ahora estábamos ante unas autenticas pinturas rupestres
reales y actuales. Ante nuestros ojos iban apareciendo figuras
estilizadas de animales mágicos como oración a su DIOS PADRE SOL para
que los ponga en su camino y los cacen. Otras pinturas eran recuerdos de
animales enormes que la leyenda cuenta que existieron y tuvieron peleas
con sus antepasados (elefantes, jirafas y rinocerontes); ellos no sabían
que hacia poco existían y los habían desterrado. Las había a cientos.
Era un Museo Natural.
Nosotros mimamos Altamira como si fuera lo más. El “en directo” éste la
superaba. Nuestra película iba tomando forma y “La Paz de los Mundos”
merecía la pena.
Nos vamos al misterioso bosque de caza. Pasamos 2 horas de admiración y
penurias.
PRIMERA ETAPA: ellos van delante en fila india, cantando, silbando y
suponemos que contándose chistes, pues se ríen alegremente; saben que
cerca no hay animales. Nosotros detrás, en silencio, con temores
desconocidos y teniendo como visión los cuerpos bajitos, traseros,
musculosos y desnudos de estos jóvenes orgullosos de sus taparrabos y
sus arcos. El misterio del bosque nos sobrecoge y cada ruido nos parece
una amenaza. Nos alegra el ya conocer los árboles y las hierbas. Pero
sabemos que también hay reptiles y animales feroces, y esto no es broma.
Sorteábamos con gracia los “espera un poco” procurando no interrumpir el
ritmo de este acto ancestral y mágico.
SEGUNDA ETAPA: Llegamos a un claro sin árboles; se quedan paralizados
detrás de los últimos troncos; observan con ojos penetrantes y
circundantes; han visto un mono, un baboo, al otro lado, y seguro que la
manada no anda lejana. El silencio se mastica. Uno de ellos con señales
marca la estrategia y cada uno se va sigiloso en círculo rodeando la
presa, después de preparar su arco y la flecha que corresponde. No saben
de golf, pero tienen una flecha para cada circunstancia, según la
distancia y la envergadura del animal. No han elegido las envenenadas,
solo una con muchas puntas dobladas hacia atrás. Si el animal la recibe
no se la puede sacar. Nos quedamos petrificados observando detrás de los
árboles.
Los colores de un pronto atardecer irradian una luz irreal sobre el
lugar.
No vimos nada más. A los 5 minutos oímos un clamor guerrero de victoria,
gritos guturales remedando al enemigo caído. Fuimos por la vereda corta:
2 enormes babooes machos yacían caídos y derrotados mirándose y tratando
de arrancarse la flecha que les quitaba la vida. El golpe seco de una
piedra sobre la cabeza les quita el aliento que defendían; la luz de sus
ojos tristes se apaga. La excitación de los guerreros la muestran en su
sudor y la preparación de una nueva flecha por si los colosos se
levantaran. Su aspecto es el de unos animales sin domesticar.
Allí mismo los descuartizan, sin despellejar. Trozos de piel la ponen en
sus arcos como recuerdo de la caza y como oración mágica para conseguir
otras presas. Atan las partes con unas cuerdas vegetales; dejan unos
trozos para sus aliadas las hienas; se las echan al hombro y caminamos
de vuelta. Están gozosos. Su Dios ha sido generoso. Unos cuantos, sin
carga, van adelantados buscando algo mas que el Sol les quiera deparar.
Nosotros, lentos, detrás.
TERCERA ETAPA: De súbito los adelantados se esparcen corriendo cada uno
en diferente dirección. Han visto volando una manada de pájaros que se
posaran en los árboles. Allí, cada uno debajo de un árbol, en silencio y
preparado el arco (ahora con flecha de palo, sin hierro), esperan el
aterrizaje. En solo un instante, 8 pájaros aterrizan y dan de bruces en
el suelo; un disparo inesperado y certero les ha interrumpido su vuelo.
Los insertan en una cuerda y seguimos con la cacería. Las próximas
victimas fueron 6 ardillas que tranquilas saltaban por las ramas de las
acacias y asustadas vieron como su salto se interrumpía por una flecha
malnacida. La carga se va haciendo pesada. Nuestro corazón esta lleno de
admiración por esta Legión Romana de soldados impertrechos (no llevan
calzado) que vencen al enemigo no por poseer y mandar, sino por comer y
disfrutar.
No sabemos como caminan entre espinas; nuestros pies calzados están
agujereados y maltratados. Nuestra ropa esta rota y sucia. Sus cuerpos
cobrizos están limpios, solo con arañazos. Nos sentimos sudorosos y
cansados, ellos frescos y lozanos. Pero aun nos aguardaban nuevas
emociones.
CUARTA ETAPA: Habíamos perdido de vista a la vanguardia. Llegábamos a
unas rocas, en el recodo, a la vuelta, nos los encontramos sentados a su
sombra y el fuego preparado con 4 pájaros en la brasa. Se preparan un
aperitivo para seguir. Nos dan a probarlo y esta vez lo intentamos ante
sus sonrisas de complicidad y superioridad en su medio, sin reparar en
toda nuestra sabiduría, pero de libro. Estaba bueno.
Uno de ellos ha visto un movimiento en las rocas cercanas. Nos dejan
como guardianes de la comida y salen rápidos como balas perdidas. Una
comadreja se ha escondido en una hendidura de las rocas. No la ven, sus
flechas son inútiles. Cortan ramas y con ellas por la hendidura atacan
al animal, que asustado intenta huir, y se encuentra con la flecha cruel
de un guerrero astuto y feo que lo que quiere es comer. Pero lo sabia
antes de morir, aquí rige la Ley de la Selva: la supervivencia.
Bajan victoriosos de las rocas, es un día glorioso. Pero inesperadamente
uno resbala y rodando por la roca cae en una hondonada. Nos cuesta
llegar. Oímos gritos lastimeros. Tiene un brazo roto. Recibimos otra
sorpresa: el arte que tienen para entablillar un hueso roto con palos y
cuerdas del matorral. Se nos había olvidado el botiquín, pero también lo
consideramos inútil aquí. Un sentimiento raro nos embarga: ¿y si a
nosotros nos pasara algo? El corazón late deprisa.
QUINTA Y ULTIMA ETAPA: Ahora, si, es la vuelta-entrada triunfal. Somos
recibidos, trofeos en alto, por toda la comunidad (los niños con más
bullicio) con alegría y aplausos de gratitud: una vez mas la promesa de
su Dios les ha regalado ese precioso don de la comida y su protección.
Esta noche podrán danzar hartos y con todas sus galas. La madre del
joven guerrero herido tiene un atisbo de temor que desaparece al
contarle lo ocurrido. Gajes del oficio, dice, y sonríe al dar el visto
bueno al vendaje del Dr. Pepe Sáez.
El Sol esta declinando. El silencio reina de nuevo y cada uno se va a
hacer sus preparativos, a ponerse sus mejores alhajas para la Cena de
Gala en unos baños decorados de dorado y a la luz de mil lámparas araña
que ayudaran a las señoras a darse los últimos toques de rimel en las
cejas para que su coquetería atraiga a fotógrafos y fans y se sientan
reinas por un efímero día. Nuestro corazón a la expectativa para ver lo
que se avecina.
17-19 de la tarde: el Festín: La cena de Gala por el éxito de la
Película.
La Premier de la Película “La Guerra de los Mundos” ha sido un éxito por
la mucha asistencia; galanes y damas se preparan con sus galas a
celebrarla con un derroche de falsas enhorabuenas, comida abundante,
coquetería, luces y taquígrafos, aduladores de una industria que corona
y esclaviza a todo el que se ponga.
La nuestra, “La Paz de los Mundos”, ha sido un éxito total. Poco
público, que viene a la Gala tal cual es, pues no tienen repuesto que
escoger, y se quedan con su desnudez, con collares vegetales, aunque van
con honradez.
Vamos a celebrarlo.
Los comensales son solo los protagonistas, sin aduladores, aunque hoy es
especial, pues tienen como invitados a los que vinieron a filmar, 2
seres blancos (WAZUNGU) de otra Galaxia, a los que su Dios (MUNGU) les
envió en una nave para ser testigos de su éxito como artistas de verdad
y no de guante blanco y pagados con mucha generosidad.
El menú es de lo mas original: carne de mono, ardillas, comadreja y
pájaros-faisán, asada a lo tradicional: puesta directamente al fuego,
con piel, plumas y pelos, y a medio asar. Un manjar celestial.
Para ellos es un festín anómalo, pues tener comida hoy al fin hay que
celebrarlo.
El primer trozo de cada pieza lo lanzan al suelo como ofrenda y oración
a su hacedor (los famélicos perros se los comen sin perdón). Sigue el
reparto equitativo por grupos sentados alrededor del fuego: hombres,
mujeres y niños. Todos se relamen y crean saliva para mejor recibir esas
delicias. Nosotros no entramos en el reparto. Mejor, pensamos, evitando
así el bochorno de negarnos. Pero estamos allí siendo testigos
privilegiados del arte de comer de unos seres hambrientos y necesitados.
El corazón, manso, anda alborotado.
A una señal del mas anciano, Nyanza, el Gran Festín comienza y, visto y
no visto, en un segundo todo esta acabado. Cada uno ha cogido su presa y
la ha destrozado en menos de lo que tarda un rayo en salir de la nube
disparado y dibujarse en el cielo para dar luz un instante ya pasado. Se
limpian las manos de grasa en sus piernas y brazos, y esperan el plato
principal, del que, si, nos ofrecen participar.
Sobre dos ramas del árbol-cepillo de dientes (MSWAKI) (todas las mañanas
se asean la dentadura con un trozo de palo de ese árbol, que nos
recuerda a nuestro PALODUZ), portan las cabezas de los primates cazados,
cuyos sesos es el gusto máximo alcanzado. Lo probamos y aprobamos (Pepe
lo regusta), y el resto se come lo que dejamos. Pensamos, nosotros muy
misioneros, que es el rito de Comunión más bonito y verdadero en el que
hemos participado. Sin hipocresías ni medias verdades, todos a partes
iguales y sin cantidades.
El festín tan esperado se ha acabado. El hoy ha tenido su recompensa. El
mañana se hará presente por la mañana. Hoy no cuenta y nadie lo echa en
falta. Nuestro corazón se resiste a vivir solo el presente y deja
rendijas por donde entre la preocupación frustrante de ese cantamañanas
elegante.
La noche se ha hecho presente. No sabemos explicar las sensaciones que
tuvimos al caer la noche oscura en aquel lugar de negrura, vencida solo
por las tibias llamas de los fogones en la espesura. El corazón nos
decía que desecháramos los miedos sobre peligros acechantes, pues
estábamos con unos buenos vigilantes, capaces de desterrar demonios y
vencer gigantes.
Todos se preparan para contarse historias legendarias alrededor del
fuego, siempre de mayores a jóvenes y niños expectantes, a la espera de
que salga la Madre Luna y le puedan gritar “guapa, guapa y guapa”, y le
bailen hasta reventar y yacer exhaustos de bienestar. Es el único
momento en que se mezclan hombres y mujeres y así comulgan juntos de los
placeres.
No sabemos las historias que se cuentan los que asisten a Cenas de Gala.
Pero las malas lenguas dicen que son frívolas y vanas. Las suyas son
calurosas y muy humanas.
19-21 de la noche: Historias alrededor del fuego, con mosquitos.
Hoy están los filmadores cordiales y a ellos hay que explicarles las
historias ancestrales y como vivir libres y sin lideres que aten. Ante
su atenta oferta nosotros decidimos usar el método de entrevista,
preguntas y respuestas.
1.- ¿Por qué cazáis y no pastoreáis o cultiváis para aseguraros el comer
sin ese trajín que todo el día lleváis?
“En nuestra tradición existe el GRAN CAZADOR, al que nosotros intentamos
imitar con toda nuestra pasión. El fue capaz de cazar todo tipo de
animal, aunque fuera descomunal, y mantener a su comunidad harta y en
paz. Hizo un pacto con Nuestro Dios: que no haría mal a nadie si a
cambio le proporcionaba la fuerza para alimentar a su descendencia sin
un día faltar y sin almacenar.
Dios aceptó y le mostró de lo que viviría: los animales de la selva y
todo lo que produjeran; los árboles con sus frutos y raíces; las plantas
para curarles de sus males; los bulbos enterrados para apagar la sed; y
el fuego para calentarse y prepararse lo que hubiera que comer. Si no
hacemos mal a nadie, El nos dará de comer.
Domesticar a un animal es privarle de libertad y hacerle mal; cavar la
tierra es trastornar lo que Dios nos da y hacerle mal; matar al hermano
o robarle lo que tiene es atentar contra su derecho y hacerle mal. Este
legado nos dejo EL GRAN CAZADOR: “cazad y evitad el mal. La comida no os
faltará”. Lo nuestro es cazar y mantener la paz. Sabemos que Dios
cumplirá su promesa de que la comida diaria no nos faltara”.
(Padre nuestro que estás en los cielos, danos el pan de cada día,
nosotros rezamos, ¿nos lo creemos? Ellos sí)
2.- ¿Cómo os casáis? ¿Sois polígamos o monógamos? (No entienden lo de
polígamos y hay que explicárselo ante su asombro de esa posible
situación).
“Hay que seguir procreando para que otros sigan cazando y alimentando a
los mayores, niños y mujeres. Esa es la función de la conjunción de
hombre y mujer, siempre sin hacernos mal. Si eso va bien, estamos con
una mujer. Si no, nos vamos con otra para que siga la paz, y la mía se
puede ayuntar otro para que siga la procreación. Siempre intercambiamos
la mujer de mutuo acuerdo, pues yo no puedo hacer el mal de robar la
mujer de otro que procrea con ella. Siempre estamos con una sola mujer.
Los hijos, nuestro tesoro, siempre son de la madre, que es la encargada
de cuidarles y alimentarles. Es lo que hacen los animales”.
Ante nuestra pilla sugerencia de si no buscan el placer, tuercen el
morro y dicen no entender; de incesto o mujer joven no quieren ni saber;
y de dote o matrimonio concertado dicen que para que complicar lo que
está claro: procrear y nada mas.
Hablan sin tapujos y directos al corazón. Nos sentimos en comunión. Pero
tenemos intrusos que quitan magia a la conversación: son nubes de
mosquitos que revolotean alrededor y nos obligan a quitar atención para
quitárnoslos de encima sin compasión, con manotazos a discreción.
3.- ¿Cómo esta formada vuestra sociedad? ¿Tenéis líderes?
“Dios nos dió a los hombres la potestad de la responsabilidad individual
y respetar el pacto que hizo con EL GRAN CAZADOR. Cada hombre decide con
quien vivir, cazar y procrear. No necesitamos líderes que nos lo
recuerden. Si alguno hace mal, se le expulsa del grupo y ningún otro lo
recibirá. Vivirá solo hasta reparar y demostrar que sabe cazar y
compartir con el grupo la propiedad. Somos asociaciones de hombres
libres, y esto nadie nos lo quitara o impondrá. Es la herencia de
nuestros antepasados, y nuestro Dios-Sol cada día nos despierta y nos
guía con esa conciencia de repetir lo ya pactado. Cuentan que en el
pasado hubo en el bosque encuentros con otros grupos diferentes y
hostiles, que incluso comían carne humana. Entonces si que se eligieron
lideres que nos protegieran de aquellos malvados. Pasó el peligro y lo
dejaron”.
(No sabíamos que una sociedad ácrata existía, pero aquí había algo que
se parecía).
4.- ¿Tenéis miedo a las enfermedades, a la muerte? ¿Qué hacéis con los
muertos?
“Hubo un tiempo lejano en que los bosquimanos no moríamos y, por tanto
no padecíamos enfermedades. Dios creo el bosque con sus animales y nos
hizo a nosotros superiores (nos dio la inteligencia y la capacidad de
elegir y relacionarse diferente a los demás) para gobernarles,
sustentándonos con nuestro trabajo de recoger frutos y cazar animales.
Vivíamos en paz y relaciones amistosas con El, comiendo y
reproduciéndonos. Pero un día uno de nuestros antepasados se negó al
plan exigiéndole a Dios el alimento sin trabajar. Dios tomo nota de
nuestra rebelión y nos castigó a enfermar y morir lejos de su vista.
Vino el Gran Cazador a reparar la situación y hacer un plan: vivir
duramente de nuestro trabajo diario y no volver a hacer el mal, a cambio
que nos diera seguridad de cazar y comer hasta que nos llegara la Muerte
a través de las enfermedades. Como testigos del Pacto estuvieron el Sol
y la Luna, que ahora nos obligan a cumplirlo. Si no hacemos mal,
volveremos ante su vista para siempre convirtiéndonos en estrellas.
Nuestra inteligencia seguirá en ellas, pero nuestro cuerpo se quedará en
el Bosque destrozado por la enfermedad.
Así que no tenemos miedo a las enfermedades; luchamos contra ellas con
nuestras hierbas medicinales, pero aceptamos que nuestro cuerpo se
deteriore hasta llevarnos a la Muerte, que nos da la posibilidad de
volver al principio original y vivir ante la vista de Dios y del Gran
Cazador.
Tenemos miedo a hacer el mal que nos privaría de estar en su presencia y
desaparecer de su vista para siempre. Ante el Sol y la Luna hemos de
cumplir el pacto. Serán nuestros jueces y nos eliminarán de su círculo
si no les obedecemos.
Cuando a alguno de nosotros le llega la muerte, el cuerpo lo abandonamos
en el bosque donde estemos y emigramos a otro lugar. Si estamos de
camino y alguien siente próxima la presencia de la Muerte, porque no
puede mas, el mismo pide ser abandonado para no ser una carga para los
demás. Allí lo dejamos sentado bajo un árbol, y seguimos con nuestro
caminar. Si vemos estrellas nuevas nos alegramos de que al fin llegaran.
(No sabemos si esto es estoicismo o cristianismo, pero para ellos les
vale. Lo que si vimos es que, con esta vida dura que llevan, ancianos no
quedan. La Muerte les llega muy jóvenes, acosados por las enfermedades)
5.- ¿Tenéis algún Tótem o tabúes? ¿Creéis en el mal de ojos y en
hechiceros?
“Tótem: nuestras pinturas mágicas y figurativas. Tabúes: juntar la misma
sangre para procrear, y hacer el mal; también cazar animales que no
vayamos a comer: hienas y serpientes, o cortar árboles vivos. Mal de
ojos y hechiceros: no entendemos de que va eso”.
(No sabemos de donde han salido los destructores de la Naturaleza; de
estos antepasados prehistóricos desde luego que no. Son los más
ecológicos. Habría que recordarles esto a los que están reunidos en
Copenhague).
Hay atisbos de que la Luna quiere romper el cielo y aparecer. El
alboroto que esto arma es morrocotudo, y casi perdemos la atención y el
embelesamiento con que estamos oyendo los relatos de estos Patriarcas
sin tronos, literatos iletrados dignos de un Nóbel, pues guardan en sus
relatos la Memoria Histórica real de un pueblo sin dobleces ni intereses
individuales, sin luchas por el poder ni mentiras electorales. Pero la
Luna aun se hace esperar. Los mosquitos no dejan de molestar. La noche
se hace fría, y nos arrimamos un poco más al fuego.
6.- ¿Amáis a vuestros niños? (Estos niños se han quedado dormidos
cercanos al calor del fuego o en el regazo de sus madres)
“Son nuestro futuro. ¿Por que hacéis esa pregunta? La existencia de
nuestro grupo depende de ellos. Les transmitimos la herencia de nuestros
antepasados, a cazar y procrear, y el respeto al pacto con Dios, a veces
con mamporrazos, pero siempre con amor. Sin ellos no late nuestro
corazón. Cada uno es una bendición y hay que cuidarlo para que crezca
derecho y fuerte como los árboles del bosque, donde nosotros nos podamos
apoyar y descansar. ¿Cuántos? Los mas, para que vayan a cazar y procrear
y la comida de cada día asegurar. ¿No es así como actúan los otros
animales?”.
(Bueno, si lo del aborto consentido lo planteáramos, habría que salir
corriendo raudos lejos del alcance de sus arcos, pues se pondrían muy
cabreados).
7.- ¿Sois felices?
“Repite la pregunta, no la entiendo”
¿Sois felices? ¿Disfrutáis de vuestra existencia como seres vivos?
“¿Es que hay alguien que no disfrute de ese don divino? Vemos el Sol,
nuestro Padre; admiramos la Luna, nuestra Madre; estamos en comunión con
las estrellas, nuestros antepasados; creemos y esperamos un día
convertirnos en luminosa estrella ante la faz de Dios; cazamos y tenemos
comida. ¿Qué mas puedo pedir para que mi vida no sea feliz? No conozco a
nadie que viva infeliz”.
(Estuvimos a punto de decirles que nosotros nos encontramos con muchos,
pero nos callamos. De un borrón empequeñecen nuestra existencia de
superioridad y soberbia de los hombres modernos del siglo XXI, llena de
resquemores y pesares, desencuentros y frustraciones, insatisfacciones y
huidas adelante; nos recuerda la respuesta de un amigo: ¿Qué es la
felicidad? “La adecuación y respeto completos al medio en que vives.
Cuestionar es infelicidad”. Estos pequeños e insignificantes bosquimanos
la corroborarían. Pero no sabemos si nuestro amigo el Dr. Pera lo
haría).
No hay tiempo para más. El cielo se ha abierto. El bosque se ha
iluminado. La Luna Llena ha llegado. Y nuestros anfitriones ante ella ya
no tienen ni tiempo ni miradas para otras cuestiones o quehaceres.
Todos, incluso los niños se han despertado, saltan al unísono y cantan y
bailan. Su Madre viene a visitarlos y la han de recibir lo mejor que
saben.
21-24 de la noche: danza de Comunión con la Diosa Madre (la Luna) y los
hermanos (las estrellas).
La esperada, desde el día del mercado en que nos invitaron, ha llegado
con todo su esplendor y boato. La Luna Llena sale roja por el Oeste y
derrama una luz tenue sobre el bosque llevándose con ella la negrura que
amenazaba nuestros sentidos. Es en si un espectáculo. Pero era más real
y espectacular la Discoteca abierta en su honor y bienvenida. La luz no
nos daba para filmar, así que nos preparamos para retener en nuestras
retinas la música y la danza que se iniciaba.
Todos, hombres, mujeres y niños (hasta el entablillado) caminan en
círculo al son que marca el cantautor, quien con unos cascabeles en los
tobillos marca el ritmo y con su voz invita a la oración. Dan gracias a
su Madre por acordarse de ellos y venir a visitarles.
Muchas correrías nocturnas han hecho a luz de la Luna. Cuando les faltó
la comida de día, ella en la noche los guió para conseguirla. Ella
inicia y cierra el ciclo de la vida, y acurruca a sus polluelos bajo sus
alas maternales al nacer, crecer y fenecer. Un algo espiritual une a
estos hijos con su Madre. Y por eso hoy se sienten seguros, alegres,
libres y cantautores, sin necesidad de tambores.
Los cascabeles cambian de ritmo invitando a correr, saltar y gritar. Se
comportan como jauría desenfrenada parecida a las danzas de los indios
Apaches en una película americana, pero no de guerra sino de paz: le
increpan a la Luna por que tienen necesidades y ella no acude ayudarles;
se desahogan de sus cuitas y penas con ella; le piden perdón y le
prometen no faltarle de nuevo por su parte.
El cielo se ha abierto más y van apareciendo las estrellas rutilantes
que completan el cuadro como si fuera una noche de verano llena de
luceros, cometas y estrellas fugaces. Hace fresco llevadero.
El ritmo cambia, todos vuelven a la formación, y empieza la danza en su
honor. La paz reina en el ambiente y la alegría es ahora plena. No es un
Baile de salón ni una sesión de Opera, se parece mas a una juvenil y
ruidosa discoteca con ingredientes del África Profunda y tradiciones
ancestrales. La mezcla es explosiva.
Siempre en corro, circulando a paso lento sardano o rápido de corrido
mexicano, a veces de cara juntándose y alejándose con risas estrepitosas
para regocijo de los niños, nos invitan a formar parte del corro y
aceptamos sintiéndonos parte del firmamento estrellado y del Circulo de
la Vida. Pepe se mete de lleno y aguanta y se ríe con ellos. A Miguel
esto de bailar no le va y al poco se dedica a observar.
Sus canciones hablan del GRAN CAZADOR, de otros antepasados que hicieron
caza mayor, de sus propias cacerías accidentadas o exitosas, de tiempos
en que tuvieron hambre, y de su perdido bosque allá en el valle. Y,
sobre todo, de la Luna, sus ayudas, y lo guapa que es. No hablan de los
muertos recientes ni de calamidades presentes. Eso hoy no tiene cabida.
Los aullidos de unas hienas se oyen no muy lejanos en la noche ya
plenamente estrellada. Ellos pasan del tema, creyendo que mañana tendrán
algo de carroña; a nosotros nos da que pensar.
La danza sigue su ritmo durante horas; no se cansan y son felices.
Estamos agotados y molestos por los mosquitos que siguen con su propia
danza de vampiros.
A Las 12 en punto de la noche, la luna en el cenit del cielo, como la
reina del firmamento, llega el momento clave y mágico. La danza se ha
parado. Los varones le van a dedicar a la Madre Luna lo mejor que
tienen: sus flechas y sus arcos. Todos a una, en fila, mirando y
apuntando arriba, a la Luna, disparan, con todas sus fuerzas y toda la
tensión que da el arco, sus flechas de cazar que hoy a la luna le
quieren regalar.
No está mal como final de nuestra película.
No vimos que por la luna pasara Papa Noel o brujas con su escoba o
vampiros o una nave espacial. Pero si sentimos que la Luna sonreía y se
alegraba complacida con la ofrenda de sus hijos (los del Rocío, como los
amigos Paquita y Rafael, creen que su Virgen cambia su cara, está triste
o sonríe, según la vida les ha ido). Se masticaba la paz en la noche, en
sus corazones y los nuestros. Otro círculo se había cerrado. La danza
los había apaciguado y sentían la satisfacción del deber ancestral
cumplido. Ahora podrán dormir a pierna suelta mecidos por la Luna que
esta viva y despierta para acunarlos.
24 de la noche-6 de la mañana: intentando dormir esperando el Sol y
acunados por la Luna.
Vamos al coche a coger nuestras linternas y sacos de dormir. Nos da la
tentación de quedarnos ahí y mandar al carajo el dormir allí abajo. Pero
hemos aprendido lo del deber cumplido y vamos a cumplir lo prometido.
Con risas picaras nos ofrecen un espacio estrecho entre dos rocas con
una piel en el suelo y un fuego. Alumbramos con las linternas y no vemos
muchos bichos. Seria fácil cubrir el hueco con mosquitera, pero no la
hay ni la hemos traído. Resignados nos metemos en nuestros sacos
preparados para dormir. Gudo se nos ofrece para lo que queramos, pues él
y su mujer duermen al lado.”Buenas noches, hasta mañana”, nos dice
señalando la luna, quizás sabiendo de nuestras temores y dudas.
Cada pareja a su nido. Eso han hecho mujer y marido, y seguro que
mutuamente intentan darse calor apretaditos, pues fuera hace frío, no
tienen ropas de abrigo, solo el fuego, y la excitación les ha aflorado
danzando en comunión y pasión con su ídolo, la luna, fuente de
bienestar, calor y cariño procreativo. Nos habían contado que ellos no
se besan ni se andan con zalamerías. Se desean, el marido monta, se
desfoga, y hasta otro día. Imitan a los animales.
Los niños duermen tranquilos en las chozas-igloo, cuyas ramitas inútiles
les da la ilusión de que duermen en lujosos hoteles con camas enormes
donde yacen todos juntitos a luz de la Luna. Las jóvenes (hasta los 13
años) duermen reunidas en un mismo abrigo. Los jóvenes fogosos siguen
reunidos alrededor del fuego charlando y contándose historias de quien
ha cazado (nunca utilizan “matado”) el mayor animal, y sobre los
peligros fascinantes de su vida errante. Tienen prohibido el fornicar
hasta que los padres le digan que están preparados para procrear. Lo
suyo ahora es aprender a cazar. Seguirán de cháchara hasta que la Luna
desaparezca y la despidan con sus flechas. Velan el dormir de la manada.
Nosotros estamos impregnados del bienestar que nos rodea, y mirando al
cielo casi nos sentimos en comunión con el universo entero que circula
alrededor de la luna, la cual intenta dormirnos meciéndonos la cuna.
Pero no podemos dormir después de tantas emociones y con temores de que
cerca hay alimañas, mosquitos y bichos que nos hacen ver muy lejos el
amanecer del mañana. Charlamos sobre todo lo vivido, e intentamos
racionalizar lo percibido. “Desde luego, estos seres tienen alma, y no
pequeña, sino grandiosa”, nos decimos. Pero a las 3 de la mañana el
cansancio nos vence y aceptamos que el mundo está en paz y la luna nos
mece y nos protege de los dichosos mosquitos. Ni nos acordamos del mundo
que dejamos. Morfeo hace el resto del trabajo y nos dormimos soñando en
convertirnos en estrellas y ser hermanos de los bosquimanos.
6-7 de la mañana: Poseedores de un privilegio.
La luna y las estrellas han desaparecido por el Oeste, y el Padre Sol
intenta, en medio de nubes que amenazan tormenta, salir por el Este. Su
presencia hace que las nubes y su luz compongan una espectacular
amalgama de colores, cuya complejidad captar es el sueño de todos los
pintores. Viene a despertarnos y a recordarnos que la amabilidad de la
luna se fue y la lucha diaria por la subsistencia comienza. Nos da una
palmada en el hombro: “despierta, la pelea esperándote está”. La palmada
debe ser general, pues todos al unísono levantados están.”Ntanaa”
(buenos días) se oye por doquier. Nadie pregunta si has dormido bien.
Las madres van a coger a sus bebés para darles de mamar. Los hombres
reaniman el fuego para calentarse. Los jóvenes están debajo de los
árboles desperezándose. Nadie piensa en el desayuno ni en el lavarse.
Vuelve a reinar la rueda diaria de saber que comerán, que Supermercados
hoy abrirán.
Nosotros nos observamos. Estamos vivos y sanos. Hemos sobrevivido a los
temores de nuestra seguridad y nos felicitamos dándonos un abrazo de
amistad para toda la eternidad, pues nos vemos mutuamente como una
estrella que ilumina la oscuridad, gracias a esta comunidad desconocida
hasta hoy, pero que nos ha dado marcha para seguir en la brecha. Vamos
al coche, sacamos un garrafón de agua limpia y nos lavamos la cara.
Ellos se ríen y lo desean, pero no hay para todos; llamamos a los más
pequeños que disfrutan con el líquido fresco que les quita las legañas.
¡Cuantos pequeños detalles (agua, ropa de abrigo, mosquitera…)
mejorarían la vida de nuestros amigos! Pero pensamos que se convertirían
en muelles y débiles y no tendría sentido. Mejor los dejamos como están
y que se dediquen a cazar.
Todavía hay sorpresas en nuestro coche, unas cajas de leche. Las
repartimos y vuelve a ocurrir lo mismo: que en un minuto han
desaparecido. Ahora somos nosotros los que nos reímos, ya no nos
extrañamos: simplemente tienen hambre. Nos gustaría darles mucho más,
pero también nuestro Supermercado esta cerrado ya.
Son las 7 de la mañana. Está fresco y sin Sol. Los niños comienzan a
tiritar. Ha llegado la hora de la despedida. El corazón está alegre y
acongojado a la vez: nos vamos a lo que llaman mundo civilizado donde
sobra de todo y los dejamos sin saber si van a comer. Pero ¿que podemos
hacer? Quizás pedirle al Sol que deje de ser cruel y les de mucho de
comer. “NUBEAA” (gracias, adiós) nos dicen. Nosotros simplemente los
abrazamos agradecidos, sintiendo el corazón encogido al llegar a los
niños que nos tienden los brazos complacidos por los plátanos y la leche
que les dimos.
Montamos en la nave que nos devolverá la Historia y les decimos “NUBEAA”.
Arrancamos y allí se quedan los bosquimanos con sus vidas y sus quimeras
de seguir adorando al Sol y la Luna para que les den de comer y les
protejan de los malos y un día llegar a ser una estrella en presencia de
su Dios. Algo nos llevamos de su mundo: al que se rompió el brazo, Ndosi,
pues está mal y dolorido. El Dr. Rafael Álvarez le ayudara con sus
mimos.
El viaje de vuelta ya no nos parece infernal: hay gente que vive mal, y
nuestros problemas, muchas veces falsos, son insignificantes al lado de
los suyos, primarios y alimentarios.
Nos sentimos unos privilegiados por la oportunidad de la Experiencia
vivida-compartida. Nuestro corazón esta exultante, pero algo de el allí
se ha quedado. Viviremos con el corazón un poco más pequeño.
Por nuestra casa han pasado muchos sabios que los estudian y los
anuncian por Televisión (Juan Luis Arsuaga, Luis Pancorvo…, de España, y
otros muchos del extranjero), pero no pudieron vivir lo entrañable, el
alma que tienen estos pequeños y acogedores cazadores. La diferencia
está en que ellos se quedaron con la información y las imágenes, pero
nosotros nos volvemos con el corazón herido por sus certeras flechas y
partido en dos. Por algo todos los viajeros dicen que los Misioneros
tienen la mejor información. No es un bulo, es una verdad como una
catedral. Y otra diferencia: volveremos a danzar con ellos la Danza de
la Luna, llena de ternura.
Por el camino pensamos y deliberamos: ¿y después de esto que? ¿Cómo
predicarles el Evangelio y presentarles a Jesús: quizás identificándole
como EL GRAN CAZADOR, quien hizo un pacto con Dios sobre la manera de
alimentarnos y salvarnos? No les podemos quitar la creencia en su mágico
firmamento que les da trabazón social y les crea una comunión que ya la
quisiéramos para nosotros. Quizás nos debemos quedar en el espíritu de
solidaridad y amistad iniciada, y sobre el futuro nuestro Dios dirá.
Nosotros tenemos la esperanza de cambiar, ellos de perdurar. ELLOS VIVEN
EN UN ETERNO PRESENTE, ciclos que se repiten; NOSOTROS VIVIMOS PASADO Y
FUTURO Y NOS OLVIDAMOS DEL PRESENTE, FUENTE DE MUCHOS DE LOS PROBLEMAS.
¿Cómo compaginar estos dilemas? Al final nos quedamos con una decisión:
HAREMOS LO QUE NOS DICTE EL CORAZON, pues no nos fallará como no nos
fallo cuando Cupido nos encontró.
La nave aterriza al lado de nuestra casa. Allí tenemos todo cuanto
necesitamos y mas. Nos acordaremos de los bosquimanos siempre que nos
preguntemos que comemos y que ropa hoy nos pondremos. Se puede vivir sin
todo eso, quitándonos de la cabeza al maldito CONSUMO que destroza los
bosques donde unos seres humanos desearían vivir en paz y libertad.
Quizás llamemos a los jóvenes bosquimanos para que le lancen unas
flechas envenenadas, hiriéndole de muerte, y nos deje vivir en la paz de
su LUNA.
Este es el guión para una película, “LA PAZ DE LOS MUNDOS”. Os lo
enviamos para que la realicéis. Quizás la podríamos realizar juntos en
el PROXIMO AÑO 2010. APUNTATE. SE NECESITAN MUCHAS MANOS. Seguro que
será un ÉXITO TOTAL de los bosquimanos. Hay que luchar contra la
competencia y borrar de la faz de la Tierra “LA GUERRA DE LOS MUNDOS”.
Los bosquimanos nos lo agradecerán.
. FELIZ AÑO NUEVO 2010, año del triunfo de los Bosquimanos y los enanos.
Pepe y Miguel
P.D. Hoy, al comenzar el 2010, estos seres deliciosos ya han cambiado,
por el turismo calamitoso (daños colaterales, dicen); ya tienen pasado y
futuro, y su eterno presente se ha difuminado. Les hemos metido todas
las porquerías de nuestro mundo, incluidos el alcohol y el SIDA. Están
desquiciados. No van a cazar y buscar el alimento diario. Hace poco
tuvimos una reunión con ellos, se lamentaban de su situación y pedían
ayuda. Les preguntamos: ¿AUN DANZAIS A LA LUNA? Nos dijeron que no y que
lo sentían. Hemos quedado con ellos en volver una noche e iniciar juntos
el baile y la danza a LA MADRE LUNA, para pedirle perdón y que los acune
con su ternura, y los ayude a volver a la espesura del bosque donde hace
frío, pero también hay calor en los corazones y esperanza de ser una
estrella; y así dejar de ser unos pordioseros obligados a pedir, que es
lo que son ahora. EL CORAZON NOS GUIA. LOS LIBROS Y LAS POLITICAS NO NOS
AYUDAN.
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