PENSAMIENTOS DEL P. FRANCISCO MARÍA PABLO LIBERMANN
 

DICIEMBRE

(MES CONSAGRADO A REZAR POR LA PROPAGACIÓN DE LA FE)

Día 1

          La vida del Hijo de Dios en la tierra fue toda ella una vida de oración, de adoración, de oblación por la remisión de los pecados, y de acción de gracias.

Día 2

          Caminad en presencia de Dios, como el niño delante de su padre; no paréis mientes en vosotros, fijaos sólo en el Padre celestial y haced lo que le gusta, con amor y complacencia para con Él y en Él.

Día 3

           A veces, el hombre de Dios se ve obligado, por fuerza de las circunstancias, a aplazar la realización del bien soñado; cede, pero por Dios y no... por timidez. Su corazón no se deja zarandear nunca, se queda siempre libre y en paz; de esto nos da ejemplo San Francisco Javier, en medio de las penas y contradicciones que le dilaceraban el corazón.

Día 4

          Soportad vuestros defectos con dulzura; humillaos pacíficamente delante de Dios, y aguardad el día que le plazca atraeros totalmente a Él.

Día 5

          No seáis niños que no saben lo que hacen; trabajad como hijos de Dios, llenos del Espíritu Santo, cuyas luces los iluminan y penetran por doquier.

Día 6

          Nuestro deseo de mejorarnos está casi siempre viciado por la prisa de alcanzar su objeto; esta prisa la engendra la naturaleza, pues la gracia produce la paz, el abandono a Jesús y a su divina voluntad, en medio de una gran confianza.

Día 7

          Hemos de mirar el Corazón de María como modelo del celo que nos ha de devorar y como fuente adonde hemos de sorberlo constantemente.

Día 8

           La vida de María es una vida de silencio; toda la riqueza de su amor incomprensible está guardada en su interior; si hace falta hablar, pondera dulcemente las palabras y hasta con su  hijo prefiere entenderse con él en el silencio.

Día 9

          Obrad por amor de nuestro Señor y no le deis más vuelta al "como" tenéis que hacer las cosas. Actuad por amor del divino Maestro y quedaos en paz.

Día 10

            ¡Qué cierto que la paciencia encierra en sí una obra acabada! Ella es la perfección consumada, el premio real de los sufrimientos y cruces.

Día 11

            Sea cual fuere vuestro estado interior, os ruego y suplico por amor y para el amor de Jesús y María que conservéis vuestra alma en una perfecta paz y dulzura delante de Dios.

Día 12

            No andéis a medias con Jesús, entregaos sin reserva. Si regateamos con Jesús, Él regateará con nosotros y los que pierden somos nosotros; si, en cambio somos generosos, Él lo será mucho más.

Día 13

            Desnudad y vaciad vuestra alma para que en su interior sea revestida del interior de Jesús y en su actividad, robustecida por la virtud de Jesús.

Día 14

            Si queréis ser perfectos misioneros, disponeos a vivir de privaciones, de penas, humillaciones y cruces de toda especie; llevad una vida humilde, afable, pacífica; olvidaos y consentid en ser olvidados por los demás.

Día 15

            Amaos los unos a los otros como Jesús os ama y como vosotros amáis a Jesús; pues la vida de Jesús está en vosotros todos; ahora bien, si la vida de Jesús está en vosotros, ya no sois vosotros mismos sino Jesús quien vive en vosotros.

Día 16

           Si habitualmente vivís muy cerca de Jesús y María, no podéis menos de fortificaros y llenaros pronto del amor divino; estando entre dos hogueras, forzoso es que el fuego prenda en vosotros.

Día 17

            Mucho cuidado con esa inquietud de ánimo que jamás os deja tranquilos en donde os encontráis: dulzura, paz, calma y serenidad en todo.

Día 18

            Que la Divina Bondad derrame abundantemente su gracia en vosotros; que ella os conserve en la paz, la humildad, el olvido de vosotros mismos y en una confianza absoluta y total en su misericordia.

Día 19

            No tengo necesidad de recordaros que jamás busquéis la consolación en un hombre; es que hallaríais exactamente todo lo contrario.

Día 20

             Si por felicidad os toca un día sacrificaros totalmente, decid que nada habéis dado a vuestro Dios que no le perteneciese ya, y que vuestro sacrificio es poca cosa.

Día 21

            ¿Qué gana la Santísima Trinidad con un gusanillo más en la tierra?, y ¿qué favor le hacemos consagrándonos a su servicio, si le pertenecemos antes mismo de poder pensarlo?

Día 22

            Somos verdaderamente dignos de lástima; nos creemos hacedores de cosas extraordinarias cuando Dios nos concede la gracia de pertenecerle totalmente.

Día 23

            Empeñándonos demasiado en evitar un contratiempo, encontraremos, de ordinario, otros muchos y mayores; mientras que, aguardando la hora de Dios, las circunstancias por Él preparadas allanarán las dificultades.

Día 24

            Si la nada pudo servir a Dios para que hiciera este deslumbrante universo, un hombre, por pobre que sea, le podrá servir de instrumento para comunicar su gracia, comunicarla Él, digo, no vosotros.

Día 25

            El que llena el cielo y la tierra y cuya gloria resplandece en todo el universo, se dignó venir a habitar entre los hombres revestido de carne mortal.

Día 26

             No os admiréis de vuestras faltas, ni por ellas os irritéis contra vosotros mismos; conservaos, más bien, delante de  Nuestro Señor, pobres, humildes y pacíficos contemplando vuestras miserias.

Día 27

             San Juan toma de la mano al alma cristiana y la transporta al seno de Dios. Ahí le enseña el Verbo de Dios como principio de toda regeneración y también principio y fin de toda religión.

Día 28

            Sólo Jesús puede ser en nosotros una hostia de amor, pues sólo Él, que en sí contiene toda la sustancia del amor, la puede realizar en nosotros por su vida en nuestras almas.

Día 29

           Todas las almas están cerradas y sólo Jesús es su puerta. Si no entramos por ella, somos indiscutiblemente ladrones y salteadores.

Día 30

           Lo mejor para corregirse de sus defectos es postrarse en paz, dulzura y humildad a los pies del buen Maestro, lleno de confianza, a pesar de la tristeza proveniente de tantos defectos.

Día 31

            ¿Qué queda de las penas sufridas por amor de Dios durante este año? Nada más que la satisfacción de haberlas sufrido por Él y la recompensa que nadie os arrebatará si sois fieles a Dios.

 

 

 

 

 

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