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DICIEMBRE
(MES CONSAGRADO A REZAR POR LA PROPAGACIÓN DE LA FE)
Día 1
La vida
del Hijo de Dios en la tierra fue toda ella una vida de
oración, de adoración, de oblación por la remisión de
los pecados, y de acción de gracias.
Día 2
Caminad
en presencia de Dios, como el niño delante de su padre;
no paréis mientes en vosotros, fijaos sólo en el Padre
celestial y haced lo que le gusta, con amor y
complacencia para con Él y en Él.
Día 3
A
veces, el hombre de Dios se ve obligado, por fuerza de
las circunstancias, a aplazar la realización del bien
soñado; cede, pero por Dios y no... por timidez. Su
corazón no se deja zarandear nunca, se queda siempre
libre y en paz; de esto nos da ejemplo San Francisco
Javier, en medio de las penas y contradicciones que le
dilaceraban el corazón.
Día 4
Soportad
vuestros defectos con dulzura; humillaos pacíficamente
delante de Dios, y aguardad el día que le plazca
atraeros totalmente a Él.
Día 5
No seáis
niños que no saben lo que hacen; trabajad como hijos de
Dios, llenos del Espíritu Santo, cuyas luces los
iluminan y penetran por doquier.
Día 6
Nuestro
deseo de mejorarnos está casi siempre viciado por la
prisa de alcanzar su objeto; esta prisa la engendra la
naturaleza, pues la gracia produce la paz, el abandono a
Jesús y a su divina voluntad, en medio de una gran
confianza.
Día 7
Hemos de
mirar el Corazón de María como modelo del celo que nos
ha de devorar y como fuente adonde hemos de sorberlo
constantemente.
Día 8
La vida de María es una vida de silencio; toda la
riqueza de su amor incomprensible está guardada en su
interior; si hace falta hablar, pondera dulcemente las
palabras y hasta con su hijo prefiere entenderse con él
en el silencio.
Día 9
Obrad
por amor de nuestro Señor y no le deis más vuelta al
"como" tenéis que hacer las cosas. Actuad por amor del
divino Maestro y quedaos en paz.
Día 10
¡Qué
cierto que la paciencia encierra en sí una obra acabada!
Ella es la perfección consumada, el premio real de los
sufrimientos y cruces.
Día 11
Sea
cual fuere vuestro estado interior, os ruego y suplico
por amor y para el amor de Jesús y María que conservéis
vuestra alma en una perfecta paz y dulzura delante de
Dios.
Día 12
No
andéis a medias con Jesús, entregaos sin reserva. Si
regateamos con Jesús, Él regateará con nosotros y los
que pierden somos nosotros; si, en cambio somos
generosos, Él lo será mucho más.
Día 13
Desnudad y vaciad vuestra alma para que en su interior
sea revestida del interior de Jesús y en su actividad,
robustecida por la virtud de Jesús.
Día 14
Si
queréis ser perfectos misioneros, disponeos a vivir de
privaciones, de penas, humillaciones y cruces de toda
especie; llevad una vida humilde, afable, pacífica;
olvidaos y consentid en ser olvidados por los demás.
Día 15
Amaos los unos a los otros como Jesús os ama y como
vosotros amáis a Jesús; pues la vida de Jesús está en
vosotros todos; ahora bien, si la vida de Jesús está en
vosotros, ya no sois vosotros mismos sino Jesús quien
vive en vosotros.
Día 16
Si
habitualmente vivís muy cerca de Jesús y María, no
podéis menos de fortificaros y llenaros pronto del amor
divino; estando entre dos hogueras, forzoso es que el
fuego prenda en vosotros.
Día 17
Mucho
cuidado con esa inquietud de ánimo que jamás os deja
tranquilos en donde os encontráis: dulzura, paz, calma y
serenidad en todo.
Día 18
Que la
Divina Bondad derrame abundantemente su gracia en
vosotros; que ella os conserve en la paz, la humildad,
el olvido de vosotros mismos y en una confianza absoluta
y total en su misericordia.
Día 19
No
tengo necesidad de recordaros que jamás busquéis la
consolación en un hombre; es que hallaríais exactamente
todo lo contrario.
Día 20
Si
por felicidad os toca un día sacrificaros totalmente,
decid que nada habéis dado a vuestro Dios que no le
perteneciese ya, y que vuestro sacrificio es poca cosa.
Día 21
¿Qué
gana la Santísima Trinidad con un gusanillo más en la
tierra?, y ¿qué favor le hacemos consagrándonos a su
servicio, si le pertenecemos antes mismo de poder
pensarlo?
Día 22
Somos
verdaderamente dignos de lástima; nos creemos hacedores
de cosas extraordinarias cuando Dios nos concede la
gracia de pertenecerle totalmente.
Día 23
Empeñándonos demasiado en evitar un contratiempo,
encontraremos, de ordinario, otros muchos y mayores;
mientras que, aguardando la hora de Dios, las
circunstancias por Él preparadas allanarán las
dificultades.
Día 24
Si la
nada pudo servir a Dios para que hiciera este
deslumbrante universo, un hombre, por pobre que sea, le
podrá servir de instrumento para comunicar su gracia,
comunicarla Él, digo, no vosotros.
Día 25
El que
llena el cielo y la tierra y cuya gloria resplandece en
todo el universo, se dignó venir a habitar entre los
hombres revestido de carne mortal.
Día 26
No os
admiréis de vuestras faltas, ni por ellas os irritéis
contra vosotros mismos; conservaos, más bien, delante
de Nuestro Señor, pobres, humildes y pacíficos
contemplando vuestras miserias.
Día 27
San
Juan toma de la mano al alma cristiana y la transporta
al seno de Dios. Ahí le enseña el Verbo de Dios como
principio de toda regeneración y también principio y fin
de toda religión.
Día 28
Sólo
Jesús puede ser en nosotros una hostia de amor, pues
sólo Él, que en sí contiene toda la sustancia del amor,
la puede realizar en nosotros por su vida en nuestras
almas.
Día 29
Todas
las almas están cerradas y sólo Jesús es su puerta. Si
no entramos por ella, somos indiscutiblemente ladrones y
salteadores.
Día 30
Lo mejor para corregirse de sus defectos es postrarse en
paz, dulzura y humildad a los pies del buen Maestro,
lleno de confianza, a pesar de la tristeza proveniente
de tantos defectos.
Día 31
¿Qué
queda de las penas sufridas por amor de Dios durante
este año? Nada más que la satisfacción de haberlas
sufrido por Él y la recompensa que nadie os arrebatará
si sois fieles a Dios.
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