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Durante los días 20 al 23 de Marzo, metidos de lleno en el corazón de la
Semana Santa , tuvo lugar en nuestra casa de Castrillo de la Vega, en
Aranda de Duero, un evento que, para los tiempos en que nos toca vivir,
no puede dejar de de sorprender a propios y extraños : “LA PASCUA
JOVEN”.
Dos espiritanos, Eduardo, de Madrid, y Luís, de Córdoba, hemos querido
acompañar a un pequeño grupo de jóvenes que, junto con la Hermana
Marisa, misionera de la consolata, emprendieron camino hacia tierras
castellanas para vivir junto con otros jóvenes de la comunidad
terapéutica “ADROGA”, tres días diferentes a los del resto del año.
La idea de la que partimos desde el principio era la que reflejábamos en
el lema para esta pascua: “ORAR Y CONVIVIR”.
No penséis, que veníamos a una especie de retiro espiritual o a vivir
estos momentos como ermitaños. No, lo importante era hacer de esta
Pascua un espacio de encuentro, en el que todos los que participamos en
ella pudiéramos acercarnos un poquito más a los demás, a nosotros mismos
y, por supuesto, al Dios de la vida, de la luz y de la paz: “CRISTO
MUERTO Y RESUCITADO”.
Cuando llegamos a la casa, sentimos inmediatamente la sensación de que
los chicos del centro nos estaban esperando para vivir con nosotros algo
nuevo y gratificante. Por eso, la acogida fue espectacular, no sabían
como complacernos, ayudando con la limpieza, preparando la capilla, las
salas, acomodándonos en el comedor…,es decir, que desde el principio
comenzamos a sentirnos como en el lugar donde realmente nos
encontrábamos : EN CASA
Desde el primer momento empezamos a darle vida con José Alfonso, el
director, al programa que habíamos diseñado en fechas anteriores.
Se unieron a nosotros un buen número de jóvenes y comenzamos a recordar
y celebrar, los tres últimos días de la vida de Jesús en esta tierra.
Cada día comenzaba encontrándonos en la capilla para orar, lo mismo que
por la noche.
Intentamos cada día apoyarnos en una proyección cinematográfica con
temas de actualidad para poder comprender mejor que el Misterio Pascual
es algo que nunca pasa de moda.

El jueves Santo
fue para todos un día en el que, esa dimensión tan importante en
la vida cristiana que es la entrega total al otro desde el
servicio incondicional, se hizo presente en el lavatorio de pies
y el compartir eucarístico. La celebración de este día, como las
del resto de los días, estuvo rodeada de sencillez y, al mismo
tiempo de belleza y hermandad entre todos. Por la noche, en la
Hora Santa, recordábamos la soledad de Jesús en Getsemaní, lo
cual nos motivó todavía más para no dejarle solo.
Al día siguiente, Viernes Santo, a primera hora de la mañana, quisimos
acompañar a Jesús en su camino de dolor y sufrimiento. Para ello, con
una cruz grande y preciosa, hecha con mucho cariño por uno de los chicos
de la comunidad, después de marcar la ruta que íbamos a seguir,
abrigados con ropa de invierno, pues la mañana era fría, y calzando
nuestras zapatillas de deporte, comenzamos el vía crucis.
En
cada estación reflexionamos y oramos partiendo de la Cruz del
Señor. Metidos en este ambiente, muy pronto nos dimos cuenta de que esa
Cruz, era también reflejo de todas las cruces que se viven en nuestra
sociedad y en nuestro mundo: “LAS CRUCES DE TODOS”.
Fueron varias las cruces que tuvimos muy presentes, pero, sin duda, la
de más impacto, como no podía ser de otra manera dado el lugar donde
estábamos, la de las drogas. Por eso, ese mismo día por la tarde y como
actividad prevista en nuestro programa, José Alfonso nos explicó con
mucha claridad que esa cruz puede ser prevenida y vencida.
Tampoco quisimos olvidarnos de la cruz que muchas veces viven
nuestros ancianos, enfermos y sin familia. Por eso, rezamos por todos
ellos y visitamos a algunos en el asilo de Aranda.
Finalmente, dejando nuestra cruz en la pequeña colina que escogimos para
que fuera nuestro “Gólgota particular”, volvimos a casa empapados por un
ambiente de dolor y recogimiento, pero llenos de esperanza.
Y la esperanza se transformó en alegría. Esa alegría no tardó mucho en
llegar y lo hizo la noche del Sábado, vestida con sus mejores galas:
fuego, luz, música, pero sobre todo “VIDA”. Si amigos,
estábamos celebrando la vida, su vida, la vida que Jesús entregó total y
gratuitamente por nosotros para devolvérnosla en toda su plenitud.

Esa noche fueron muchos los deseos de RESURRECCION, sobre todo para
unos jóvenes que intentan también “resucitar”, en cierta manera, a una
vida sin drogas que les dignifique cada día más como seres humanos. Y,
como no, los deseos de los jóvenes venidos de Madrid y de otros lugares
que, a pesar de las dificultades y adversidades de nuestros días, saben
que JESUS DE NAZARET, muerto y resucitado, puede ser la solución a todos
los problemas.
Estos son algunos de tantos “220;ecos”, que nos ha dejado esta
Pascua. Son “ecos jóvenes” de Castrillo, como lo son los
de Lerma, donde 50 chicas vivieron la Pascua en el monasterio de las
Clarisas y que compartieron momentos con nosotros, como también lo son
los de toda esa juventud que, de formas diferentes pero unidos por
Jesús, ha celebrado esta Pascua 2008, para hacerla presente en cada
instante de sus vidas.
Vivamos todos, la alegría de la Pascua, pidiendo y orando a Jesús
Resucitado que estos tos “ecos jóvenes de Pascua” sean: “ECOS DE
ESPERANZA”.
En la alegría de Jesús resucitado,
recibid un fuerte abrazo:
LUIS CACHALDORA, misionero
espiritano.
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