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Rubén es veracruzano
lo que es lo mismo que decir que es mexicano y de uno de los estados
más bonitos: Veracruz. México es un gran país, lleno de cultura y
belleza, combinando admirablemente la modernidad con la tradición
indígena. Rubén conoció nuestra congregación ya en Madrid. Dice que
ha tenido mucha suerte, que todos le han tratado muy bien, que se
siente muy a gusto. ¿Qué hace un veracruzano en medio del barrio de
La Ventilla, uno de los más populares de Madrid? |
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Acabas de hacer un doble compromiso en tu vida: recibir el diaconado
como etapa hacia la consagración sacerdotal y comprometerte con la
congregación de manera definitiva. Llama la atención que en estos
tiempos, donde cosas y personas son de “usar y tirar”, te atrevas a
comprometerte para siempre con algo tan serio que impregna toda tu vida.
¿No te da un poco de vértigo?, ¿no temes cambiar de opinión con el paso
de los años?
Sí y no. En cualquier opción que se
haga hay que echar raíces con mirada de futuro. Llega un momento en que
hay que decir “Sí” para siempre con la certeza de que eso es lo
que te va a realizar como persona y como cristiano.
El compromiso viene sustentado hace
años. El encuentro con Cristo marcó mi vida. Me considero una persona
convertida porque yo nunca iba a la iglesia cuando era joven. Hice mi
Primera Comunión a los 20 años porque era muy rebelde y me escapaba de
la catequesis así que mis papás me dejaron que no fuera. Me gustaban
mucho las fiestas y las discotecas.
En una Semana Santa una
religiosa me pilló para hacer una representación sobre la vida de
Jesucristo. Me gustó mucho y empecé con grupos de jóvenes y sentí que
era lo mío. Y que podría llevar una vida normal teniendo a Cristo en mi
vida. Ese fue mi primer amor.
¿Cambiar de opinión? Es el
riesgo que todos tenemos porque somos débiles pero en este momento no lo
creo. Hasta ahora ha habido muchos más momentos buenos que malos. Y
confío en Aquel que siempre ha estado conmigo.
¿Cómo has llegado hasta
aquí?, ¿cómo fue naciendo tu vocación misionera?
Tenía mucho contacto con
sacerdotes y empecé a preguntarme porqué yo no. Entonces estaba en la
Universidad, terminé la carrera, trabajé durante 3 años hasta que en un
momento, después de mucho pensar y consultar con mi párroco, tomé la
decisión y entré al seminario. Allí me sentía aún inquieto porque quería
algo más. Pensaba en la vida religiosa pero la vida monástica no era lo
mío. Aún no había llegado a mí la idea de ser misionero. Terminando
Filosofía salí del seminario, estuve dos años más en la universidad y un
amigo que estaba aquí me invitó para hacer una nueva fundación de una
comunidad religiosa en Portugal. Estudiaba en Madrid, vivía con los
misioneros de la Consolata y por azar llegué a hospedarme en la
Ventilla. Escuchaba las historias de los que estaban en misiones y todo
eso me empezó a inquietar y a preguntarme por qué no misionero. Al cabo
de 2 años de reflexión solicité hacer una experiencia en la congregación
y hasta ahora.
Llevas unos años en
España estudiando pero seguro que has hecho y haces más cosas…
Desde que pedí hacer la experiencia
siempre he trabajado con niños y adolescentes en Pedrezuela. Me gusta la
enseñanza. He dado catequesis y doy clases, como voluntario, a chicos
que están sacando el graduado escolar. Otra experiencia muy bonita fue
estar en un centro de los HH. de San Juan de Dios ayudando en el cuidado
de los pacientes. Esa experiencia me marcó mucho.
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¿Cuál es tu
mayor deseo como espiritano?
Poder ayudar. Ser un buen
espiritano. Ser lo más fiel posible a nuestro carisma. Ser un
buen misionero con lo que tengo y soy y ¿por qué no?, fundar una
ONG.
Dices que te
gusta enseñar, que trabajas con niños y adolescentes. ¿Tienes
algo que decir a la gente joven, a todos en general, pero más
aún a los que se plantean qué hacer con su vida?
Que no hay que tener miedo de
abrir el corazón a Dios, al misterio, que no hay mejor compañía
para aclarar nuestras dudas que Jesucristo, el cual siempre va
poniendo los medios, las personas y circunstancias en la vida
para ayudarnos a tomar la decisión u opción de vida más adecuada
y que cualquier camino que se elija es para encontrar la
santidad ya sea el matrimonio, el ser religioso/a, el sacerdocio
ó ser un laico comprometido. Y por último, que el camino hacia
el sacerdocio y de la consagración vale la pena, sólo hay que
dejarnos guiar por Él.
Hermosos
deseos y hermosas palabras. Gracias, Rubén.
Remedios
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