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FRANCISCO LIBERMANN: UN APASIONADO DE CRISTO EN LA
ENTREGA A LOS HERMANOS.
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A
todos los que conocemos, de una forma u otra la vida del
P.Libermann, no nos es novedad su espíritu de humildad y
entrega a los hermanos, a los más pobres y oprimidos, en
especial hacia los africanos que tanto amaba con
entrañas de ternura y de misericordia. Por todos
nosotros es bien conocida su famosa frase “MI CORAZON ES
DE LOS AFRICANOS”.
Hoy
me gustaría compartir con vosotros algunos aspectos de
una dimensión que impregnó toda su vida misionera: el
deseo que siempre tuvo de identificarse con Nuestro
Señor Jesucristo a través de los hermanos, del ser
humano.
Para
él “DIOS ES TODO”, su vida es Cristo, y es en el
seguimiento de Jesús, donde él se transforma adquiriendo
su vida un sentido de donación total y absoluta de amor
al Padre, en favor de los más pobres entre los pobres.
Libermann se deja cautivar por Cristo, y no puede más
que, amarlo apasionadamente, llegando a descubrir en el
Hijo, la pasión del padre por el ser humano, y así, la
vida para Libermann se convierte en Misión. El gran amor
que siente por Cristo llena su corazón y lo lleva a
escuchar la llamada de Dios en el grito de los pobres de
la tierra, a entregar su vida en una actitud de total
docilidad y abandono en el Espíritu, para servir con
amor a los hermanos.
Esta
pasión de Dios por los hombres, le estimula a inculcar
esta sensibilidad en sus misioneros, y así escribía a
uno de ellos: “vive para Dios y para los pobres, sé como
una pobre víctima ofrecida por Jesucristo a su Padre,
para la salvación de los hombres, y que la divina
misericordia te acompañe”.
Libermann es una muestra de la universalidad del amor de
Dios, un amor que le lleva buscar, desde Cristo, la
salvación de todos los hombres. Cristo, inspira en él un
amor vivo y tierno por todos sus hermanos, e insisto,
manifestado principalmente en los hermanos de la raza
negra.
Este
amor divino que inunda a Libermann, le hace amar también
con todas sus fuerzas, a todos y cada uno de sus
misioneros, sobre todo a aquellos que atraviesan mayores
dificultades y que les cuesta más llevar su cruz. En
este sentido, en otra de sus cartas escribe a un
misionero “como me gustaría estar contigo, al menos una
vez a la semana, para ayudarte a llevar la cruz que la
divina voluntad te impone. Querido hijo, mi corazón está
contigo.
Cuando se entera de la muerte de alguno de los primeros
misioneros que había enviado a Guinea, Libermann les
escribe así al resto de misioneros que allí estaban “os
confieso que me siento profundamente conmovido siempre
que pienso en vosotros. No sabría expresar todo lo que
estos días pasa por mi mente. Mi afecto por vosotros se
multiplica cada día; siento compasión por vosotros y
sufro con vuestras aflicciones. Estoy triste y hundido,
y al mismo tiempo siento alegría y paz en el corazón.
Rezo por vosotros y le doy gracias al Señor por cada una
de vuestras vidas”.
Libermann, no solamente ama a Jesucristo, sino que desea
también que sus misioneros sean movidos por el amor al
Señor: amor apostólico y amor fraterno, que se han de
traducir en manantial y fermento de humildad y de
unidad.
En
estos momentos de crisis económica que tantos hermanos y
hermanas, tantas familias, están padeciendo con
dificultad, tristeza e incluso abandono, nosotros como
seguidores de Jesús y apasionados por Él, como lo era el
P.Libermann, no podemos perder la oportunidad de
enriquecernos con el patrimonio de los empobrecidos, y
que cada uno de nosotros, sin frivolidad y con
sencillez, desde nuestras posibilidades, les ayudemos
cayendo en la cuenta de que esta situación de crisis
puede ayudarnos también a nosotros a poner en el orden
adecuado los valores del evangelio, como sin duda lo
haría hoy también Francisco Liberman.
Termino con unas palabras de nuestro querido fundador :
“Sé
que soy indigno, que no merezco ni siquiera el consuelo
que Dios me da, que no merezco nada y que nada puedo
esperar, a no ser penas y tribulaciones. Pero Dios sabe
que no rechazo nada que venga de Él, solo le pido una
cosa: LA UNIÓN SANTA DE SU DIVINO AMOR ENTRE NOSOTROS”.
Luís
Cachaldora,cssp
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