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En África los padres tienen sobre sus
espaldas la responsabilidad de la familia, no sólo cuando los hijos son
pequeños, sino siempre.
Cuando dos hijos discuten entre sí
acuden al padre para ver quien de los dos tiene la razón en el asunto.
Cuando la situación llega a ese extremo normalmente no hay nada que
hacer, la ruptura se ha introducido en el seno de la familia, si da la
razón a uno de los hijos el otro va a sentirse humillado, si por el
contrario da la razón al otro será el primero el que rompa.
Entonces ¿qué hace el padre?
Escucha a uno de los hijos contar el
asunto, el hijo lo cuenta entreteniéndose en los detalles, el padre
mientras tanto comienza a encender su pipa (que sólo pueden encender las
personas iniciadas, puesto que se trata de una droga), él hace que
escucha. Su hijo habla y habla.
Después le toca el turno al otro hijo,
que cuenta su versión de la situación mientras el padre fuma
tranquilamente su pipa. Pipa que comienza a hacer su efecto. El segundo
hijo continúa con su historia.
Llegado ese momento los hijos empiezan
a tener dudas sobre la atención que su padre les está prestando, y para
salir de dudas comienzan a hacerle preguntas. Preguntas a las que el
padre responde como si de un loco se tratara. De la boca del padre salen
las respuestas más disparatadas. Los hijos se miran extrañados y
comienzan a reír.
El padre ha superado la prueba, ha
conseguido que sus dos hijos rían juntos, la unidad de la familia está
salvada.
Comentario
El padre ha conseguido sacar a sus
hijos del terreno en el que cada uno se encontraba encerrado y los ha
llevado al terreno que a él le interesa por el bien de la familia. La
unidad de la familia, que para él debe estar por encima de todo.
Mientras el padre se quede en el terreno de las razones y ejerza de juez
la familia está dividida, cuando el padre consigue llevar a los hijos al
terreno que constituye propiamente lo que es una familia, la familia
está salvada.
¿Qué pipa fumar para conseguir estos
efectos? Armand, el sacerdote espiritano a quien le oí contar esta
historia, cree que esa pipa debería ser para nosotros la pipa del
Espíritu Santo.
A mí esta historia me recuerda el
encuentro de Jesús con una gente que le pedía que hiciera de juez entre
él y su hermano. Jesús le deja claro que ese no es su cometido, que él
se dirige a otro nivel de la persona y de las relaciones, y es ese otro
nivel el que le interesa por encima de todo, como al padre de familia.
Uno de la gente le dijo: «Maestro,
di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.»
El le respondió: «¡Hombre! ¿quién me
ha constituido juez o repartidor entre vosotros?»
(Lc. 12,14-14)
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