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XLVI JORNADA MUNDIAL DE LAS
COMUNICACIONES SOCIALES
MENSAJE DE LOS
OBISPOS DE LA CEE.
LA COMUNICACIÓN AL SERVICIO DE LA EVANGELIZACIÓN
Mensaje del Papa: palabra y
silencio
El Papa invita a
la conveniente alternancia entre el silencio y la palabra para una
comunicación que permita la comunión entre las personas. En el silencio
se permite, por un lado, la escucha atenta de lo que el otro comunica y
se expresa el respeto y el deseo de saber más de quien escucha. Al mismo
tiempo, el silencio permite una reflexión y elaboración suficiente de
los discursos y una articulación de las ideas para que puedan servir
mejor a las personas con quienes uno se comunica. La palabra es el
momento de la comunicación eficaz en sus diversas formas, escrita,
hablada o transmitida por los diversos medios de comunicación.
Si, como señala
Benedicto XVI, en toda comunicación es importante la preparación por
medio del silencio, lo es más todavía en la de quienes han hecho de la
comunicación su modo de vida. Periodistas, profesores, comunicadores,
sacerdotes, etc., necesitan del silencio, no solo para preservar la
calidad del mensaje que se disponen a transmitir, sino también para
hacerse conscientes y responsables de una misión que consiste en acercar
a oyentes y lectores la verdad conocida.
Misión de la
comunicación y verdad
Esa responsabilidad
aumenta si se tiene en cuenta que la comunicación humaniza al hombre,
pues le hace destinatario del caudal de conocimiento y de verdad que se
ha ido acumulando en la historia o que se sigue elaborando hoy mismo en
otros lugares distantes. Como señaló Juan Pablo II, la comunicación debe
«atestiguar la verdad sobre la vida, sobre la dignidad humana, sobre el
verdadero sentido de nuestra libertad y mutua interdependencia».
Comunicar la
verdad e incomunicar la mentira
Comunicar es
esencialmente comunicar la verdad, salir al paso de las preguntas, dudas
e inquietudes del hombre y ponerle en relación con aquello que necesita
conocer. Como señala Benedicto XVI, «el hombre no puede quedar
satisfecho con un sencillo y tolerante intercambio de opiniones
escépticas y de experiencias de vida: todos buscamos la verdad y
compartimos este profundo anhelo»2. En la medida en que esa comunicación
se realiza, el hombre queda humanizado. Todo contacto con la verdad
sobre cualquier realidad da a conocer al hombre su lugar en la sociedad
y su misión en la misma. Es precisamente la humanización de la sociedad
uno de los fines de la comunicación y al mismo tiempo uno de los
parámetros con los que se puede medir la calidad de la comunicación. Una
sociedad conocedora de la verdad es una sociedad más libre, más justa y
más humana.
En el otro
extremo, la mentira, la transmisión del error, la duda, no producen
comunicación, sino más bien incomunicación y, con ella, deshumanización.
Quienes transmiten la mentira, por dejadez, falta de rigor o de
honestidad, traicionan la misión que les ha sido confiada de servir de
puente de unión entre la verdad y los hombres de nuestro tiempo y
provocan la deshumanización de la sociedad. Lo mismo ocurre cuando la
comunicación busca sembrar la discordia, la insidia o la maledicencia.
Entonces esa comunicación pierde su dignidad y contradice su dimensión
humanizadora. Se puede decir que «la comunicación debe ser siempre
veraz, puesto que la verdad es esencial a la libertad individual y a la
comunión auténtica entre las personas», y, por extensión, que el límite
de la libertad de expresión es la mentira, la insidia o la asechanza.
Comunicar
camino hacia Dios
Cuando se produce
la comunicación, es decir, cuando se transmite la verdad, la belleza o
la bondad de la vida ordinaria se está mostrando al hombre el camino
para ser auténticamente hombre y, en última instancia, se dispone el
corazón del ser humano al conocimiento de la Verdad, la Bondad y la
Belleza que es Dios. Por eso, la comunicación tiene su máxima expresión
y cumple del mejor modo su dimensión humanizadora, en el anuncio de
Jesucristo, camino, verdad y vida. En este plano más elevado de la
comunicación se puede afirmar que la comunicación contribuye
definitivamente a la evangelización.
Fue el Señor
quien envió a los discípulos a proclamar la buena noticia del Evangelio
(…): «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc.15,
15), suponen para todos los cristianos una misión ineludible, a la que
habrá que incorporar todos los medios disponibles, desde los medios
clásicos, como la prensa, la radio o la televisión, a los nuevos ámbitos
de comunicación originados a partir de internet y de las redes sociales.
Felicitación
y aliento a los periodistas
En este
contexto, queremos también felicitar a todos los comunicadores y
profesionales de los diversos medios que han hecho de la verdad su
trabajo habitual y agradecer el servicio que prestan a sus
conciudadanos. De su compromiso personal y profesional depende en buena
medida el progreso de una sociedad que necesita de la verdad para poder
servir mejor a todos sus miembros. A Aquel que es la Verdad, nuestro
Señor, Jesucristo, encomendamos esta Jornada Mundial.
NOTAS:
1.
Mensaje para
la XXXIII Jornada mundial de las comunicaciones sociales 1999,n.2;
2.
Mensaje para
la XLVI Jornada mundial de las comunicaciones sociales de 2012.
1.- Las Lecturas
* Libro de los
Hechos de los Apóstoles 1,1-11: Los apóstoles vieron a Jesús
levantarse hacia los cielos. A los cuarenta días después de la
resurrección, Cristo asciende victorioso al cielo donde se ha sentado a
la derecha del Padre hasta que vuelva, al final de los siglos, en gloria
a juzgar a vivos y muertos.
* Salmo
Responsorial 46. Dios asciende entre aclamaciones. Alegrémonos y
gocemos porque esta fiesta es el triunfo definitivo de Cristo y el
comienzo de nuestra glorificación final.
* Carta de san
Pablo a los Efesios 1,17-23. El Padre lo sentó a su derecha en el
cielo. En este tiempo de la Iglesia, a cada uno de nosotros nos
corresponde vivir y realizar la vocación que hemos recibido del
Espíritu Santo en este mundo: sacerdotes, religiosos, religiosas,
laicos….
*
Evangelio según san Marcos 16,15-20. Subió al cielo y está
sentado a la derecha de Dios. La misión de Jesucristo está ahora en
manos del Espíritu Santo y de la Iglesia. Hemos de realizar esta misión
salvadora con la fuerza del Espíritu Santo.
2.- Sugerencias
para la homilía
2.1.- Dios
exaltó y glorificó a Jesús: la Ascensión
El
Padre ha glorificado realmente a su Hijo amado a quien Él engendró desde
toda la eternidad y a quien “en la plenitud de los tiempos envió” nacido
de mujer” (Gál.4,4), al mundo para redimirnos del pecado, de la ley y
de la muerte por su muerte y resurrección, y para que “recibiéramos la
filiación adoptiva” (Gál.4,5).
El Padre no
abandonó a su Hijo en la muerte, sino que lo resucitó y lo glorificó,
sentándolo a su derecha. Jesús no experimentó la corrupción del sepulcro
sino que Él es el Viviente por excelencia. Jesús no estaba equivocado
como pensaban algunos. El Padre lo acreditó resucitándolo de entre los
muertos y otorgándole el “Nombre-sobre-todo-Nombre”. La gloria divina
que le corresponde desde siempre brilla y resplandece ahora en plenitud
sobre su naturaleza humana: “El Padre constituyó a Jesús Hijo de Dios
con poder según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre
los muertos” (Rm.1,4). Los apóstoles vieron al resucitado en gloria
divina que resplandecía sobre su naturaleza humana.
La
exaltación de Jesús no es un mero recuerdo que tenemos de Él muchas
personas a lo largo de los siglos de Él. La resurrección y la
glorificación de Jesús no son simplemente que la causa de Jesús sigue
adelante. La resurrección y la glorificación afecta al propio Jesús, a
su propia persona. El Padre glorifica a su Hijo Jesús, sentándolo a su
derecha en el Reino de los cielos.
Las
llagas de sus manos, pies y corazón, ya glorificadas y transfiguradas
por el Espíritu Santo, permanecen en la humanidad gloriosa de Jesús y
muestran su identidad: “aquí tienes mis manos, mis pies, mi corazón”.
Esas llagas son el camino que debemos recorrer para adentrarnos en la
contemplación del misterio de Jesucristo. Así le ocurrió al apóstol
Santo Tomás de quien dice San Juan: “Tomás le contestó: “Señor mío y
Dios mío” (Jn.20, 28). Siglos más tarde, Santo Tomás de Aquino dirá
hablando de este apóstol: “vio las heridas, pero creyó en Dios” (Santo
Tomás de Aquino).
Acerquémonos con profundo respeto y amor a la humanidad de Jesucristo.
Contemplemos sus llagas que son la puerta por la que debemos entrar para
contemplar el misterio de Jesús y, en Él, el misterio de Dios con
profunda y humilde fe.
2.2.- El camino que llevó a Jesús a su
glorificación
El
camino que lleva a Jesús a su exaltación gloriosa pasa por su entrega y
su generosidad, por su sufrimiento y su cruz, que Él asume en libertad y
vive con amor obediente como ofrenda al Padre por la salvación de la
humanidad.
El
camino que nos lleva a nuestra salvación y glorificación pasa por la
entrega y el sufrimiento, no por el endiosamiento y la soberbia. Jesús
nos lo dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no puede
dar fruto”.
Os
invito a orar con la plegaria de la Iglesia: “¡Señor!, que cuando me
llegue el dolor, que yo sé que me llegará, que no se me nuble la fe, ni
se me enturbie el amor”.
2.3.- Jesús no
nos abandona
“Yo
estaré con vosotros hasta el fin de los siglos”.
En el
camino de la vida, Jesús no nos deja solos ni nos abandona. Él está a
nuestro lado, a tu lado, para acompañarnos, guiarnos, fortalecernos y
ayudarnos a seguir caminando. Y en los momentos difíciles no perdamos
la paz ni la serenidad ya que también Jesús está a nuestro lado y nos
toma de la mano; más aún, nos quiere tanto que, en los momentos de mayor
dificultad de nuestra vida, Él nos toma en sus manos benditas y santas
y nos lleva en sus brazos. Jesús es el Buen Pastor que se acerca a la
oveja perdida y herida para curarle las heridas, para tomarla en sus
manos y llevarla al redil.
¡Qué
bien lo dice una oración de la Iglesia!
”Y
cuando hay que subir monte, calvario lo llama Él,
siento en mi mano la llaga de su mano…”
2.4.- Id al
mundo entero y predicad el Evangelio
Antes de subir a los cielos,
Jesucristo nos confía el mandato misionero: “id al mundo entero y haced
discípulos míos a todas las gentes”.
Vayamos al mundo y anunciemos el
Evangelio…que es “fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree”
(Rm.1,18). La Iglesia existe para evangelizar. ¡Todos debemos
participar y colaborar con el don, carisma o ministerio recibido del
Espíritu Santo en la obra de la evangelización. Sabed, hermanos laicos,
que “sin vosotros no se hará la nueva evangelización”
Vayamos
a “los nuevos areópagos” (Beato Juan Pablo II) o plazas públicas
que son hoy la política, la economía, el ocio, los medios de
comunicación social, la vida humana, la cultura…Anunciemos el Evangelio
en estos lugares. Los fieles laicos están llamados a ser profetas de
Dios en la secularidad, en estas plazas públicas. ¡No seáis profetas
mudos, ni profetas que se avergüencen del Evangelio.
Abramos “el atrio de los gentiles” (Benedicto XVI)
para acoger en él a los que buscan a Dios, a
los alejados de la fe, a los que nunca han oído hablar de Dios, a los
que buscan razones para vivir, esperar y creer…Ayudémosles con la
palabra y el testimonio de nuestras vidas a encontrarse con Dios.
2.5.- Volveré y
os llevaré conmigo
“Espero
la resurrección de los muertos y la vida eterna”. “No tenemos ciudad
permanente en este mundo, sino que buscamos otra” (Heb.13,14). Esta
ciudad es la Casa de Dios, el cielo. El Señor no nos dejará tirados en
la cuneta de la historia; no se olvidará de nosotros. Un día el Señor
nos resucitará de entre los muertos y nos acogerá en el reino de los
cielos, si hemos sido fieles a Él. En esta ciudad de Dios seremos
inmensamente felices participando en la felicidad de Dios y viviremos
para siempre participando de la vida de Dios. A todos lo deseo y lo pido
a Dios.
2.6.- La
Virgen María ya glorificada intercede por nosotros
Que la
Stma. Virgen María, ya asunta al cielo y glorificada, nos ayude con su
maternal intercesión para que perseveremos en la fe y en el seguimiento
de su hijo Jesucristo y lleguemos un día al cielo por la misericordia de
Dios.
Así lo
enseña el Concilio Vaticano II:
* “La Virgen
Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original,
terminado el curso de la vida terrena, en alma y en cuerpo fue asunta a
la gloria celestial y enaltecida por el Señor como reina del Universo,
para que se asemejara más plenamente a su Hijo, Señor de los que dominan
y vencedor del pecado y de la muerte” (LG 59).
* “Por su amor
materno María cuida de los hermanos de su Hijo que peregrinan y se
debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que
sean llevados a la patria feliz” (LG 62).
3.- Participemos en
la Eucaristía
Bien dispuesta nuestra alma, acerquémonos a
recibir el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, que son semilla de
eternidad. Ya lo dijo el Señor y nos lo dice hoy: “el que come mi Carne
y bebe mi Sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último
día”.
4.- Testigos de
esperanza en el mundo
No pocas
personas han perdido la esperanza y caminan por este mundo sin saber ni
de dónde vienen ni a dónde se encaminan: viven sin esperanza. El
cristiano, en cambio, es aquel que tiene esperanza. Demos gracias a Dios
que “nos ha reengendrado a una esperanza viva, a una herencia
incorruptible, inmaculada e inmarcesible, reservada en los cielos para
vosotros…” (I Pedro1,3-5). Sepamos contagiar con la palabra, con las
obras y con el testimonio de nuestra vida la esperanza cristiana.
La esperanza
cristiana nos urge al compromiso con un mundo nuevo. Que nadie piense
que la esperanza en los cielos nuevos nos exime de comprometernos al
servicio de la paz y de la justicia, del amor y de la verdad. Recordemos
al Concilio Vaticano II:
* “Enseña que
la esperanza escatológica no merma la importancia de las tareas
temporales, sino que más bien proporciona nuevos motivos de apoyo para
su ejercicio” GS 21).
* “La espera
de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar la
preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la
nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un
vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir
cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin
embargo, el primero, en cuando puede contribuir a ordenar mejor la
sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios” (GS 39).
Terminamos. Unidos en la oración
Cáceres. 13.
Mayo de 2012
Florentino
Muñoz Muñoz
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