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JULIO
(Mes consagrado a honrar la preciosísima
sangre y la sagrada faz de nuestro Redentor)
Día 1
Nuestro Señor fue establecido Jefe de la Iglesia que Él
adquirió a precio de su Sangre adorable. Vino a la
tierra para fundarla y buscar al Padre adoradores en
espíritu y verdad. Para continuar su obra el Padre le
dio los apóstoles, los presbíteros y hombres
apostólicos.
Día 2
María
saluda a Isabel. Isabel le contesta: "¿De dónde me
viene a mí este honor?" La caridad verdadera excluye
la familiaridad y la demasiada libertad. Isabel responde
admirablemente a la inmensa caridad de María. La caridad
es el paraíso en la tierra y el remedio más poderoso de
santificación.
Día 3
Jesús
tiene que ser el único a vivir en nuestra alma; mientras
en ella se descubra algo más que Él no podréis ser
santos; Jesús, únicamente Jesús, habrá de ser nuestra
santidad y nuestro amor.
Día 4
Acostumbraos a captar la divina voz y a distinguirla de
la voz del hombre y de la voz de vuestra imaginación. No
pretendáis alcanzar la perfección de la noche a la
mañana. Nuestro Señor no deja de actuar y, sin que os
deis cuenta, se alzará con la victoria.
Día 5
Cuando
Jesús se complace en establecerse en un alma por medio
de su cruz santísima, tiene en vista hacerla
participante de una más profunda intimidad en su amor y
en el de su Padre.
Día 6
El
esplendor de nuestra glorificación deriva de la
perfección de nuestra semejanza con Jesús. Si
participamos de sus dolores y de sus ignominias,
igualmente a de tocarnos participar de sus alegrías y de
la gloria infinita que le adorne.
Día 7
La obediencia es la virtud fundamental del alma
consagrada a Dios en la vida religiosa; ha de ser dulce,
afectuosa, entera, sin réplica ni reflexión, pronta,
rebosante de gozo y de alegría.
Día 8
¡Qué dicha la nuestra ser instrumento en las manos de
nuestro bien amado Jesús con el que busca tan
ardientemente la gloria de su Padre! Qué dicha reiterar
de ese modo la gloria de la Pasión de nuestro Maestro.
Día 9
Felicitaos sinceramente porque la bondad infinita de
Dios os escogió entre tantos para destinaros a la
salvación de las almas, y almas, fijaos bien, tan
desgraciadas y abandonadas.
Día 10
Sintámonos felices y contentos en medio de las penas que
esta vida nos ofrece. Quede bien sentado que tenemos un
Dios lleno de bondad para con nosotros. Él tiene su
morada en lo más íntimo de nuestra alma y nada nos puede
pasar sin que Él se entere.
Día 11
Vivir
para Jesús el momento que se vive, o más bien vivir como
si no se viviera y dejar que Jesús viva como le guste:
eso mismo es lo que conviene a hijos de Jesús y de
María.
Día 12
La
dicha incomparable de la perfección no es cosa de un
día. Necesita tiempo, trabajo, oración y confianza y no
se obtiene sino después de muchas veces haberse
levantado para recomenzar con renovado ímpetu.
Día 13
Perteneciendo vosotros a Jesús, vuestro bien amado,
a Él toca velar por lo que es suyo; vosotros quedaréis a
su disposición sin mezclaros en la administración de un
bien que no es ya de vuestro derecho.
Día 14
A los pecadores tratadlos con la mayor ternura. Nada de
dureza ni mala cara. Hacedles sentir el mal hecho, pero
sin herirlos. No seáis severos al reprender. Pedid a
Dios e invocad a María que les toquen el corazón.
Día 15
El
Espíritu Santo es un espíritu de santidad y su vida es
la única vida que es santa; por ello, viviendo nosotros
nuestra propia vida, imposible tener la vida de
santidad.
Día 16
Tened
devoción extraordinaria a la excelsa Madre de Dios;
levantad a Ella muchas veces vuestro pensamiento durante
el día y enderezadle alguna jaculatoria de acuerdo con
las necesidades temporales y espirituales del momento.
Día 17
Si
aconteciera que estuvieseis absolutamente tranquilos,
habría peligro de complaceros en vosotros mismos, porque
somos abismos de maldad y de corrupción; humillaos,
pues, dulcemente delante del Divino Maestro y quedaos en
paz.
Día 18
La
independencia de nuestra razón y de nuestra voluntad, el
"no serviré" del impío nos priva de la verdadera
libertad. Además de hacernos de "marioneta" de nuestras
pasiones, nos hace también esclavos de todos los que
saben tirar de ellas. La libertad fue dada al hombre por
el Creador; la independencia es la voladura de todos los
principios de la fe cristiana.
Día 19
Entregad vuestra alma, vuestro cuerpo, todo vuestro ser
en manos de Jesús y de María. Sed calmos, dóciles y
obedientes. No os preocupéis de vuestra enfermedad. Ya
decía San Vicente de Paúl que las enfermedades eran una
bendición para las comunidades.
Día 20
Tenéis
y tendréis mucho que sufrir... Recordad que sufrís por
Dios, que Él recompensará, ya en este mundo, todos los
sacrificios hechos por Él. Cada dolor ofrecido por las
almas podrá ser que salve muchísimas a un tiempo. Tal
vez sea ese el céntuplo prometido.
Día 21
Carísimos, amaos los unos a los otros; ¿qué haríais, si
no, en comunidad, sin paz y sin unión? Mostrad con
vuestra perfecta unión que el Espíritu de Jesús está con
vosotros, Soportaos mutuamente los defectos de
temperamento y las imperfecciones. Todas las penas serán
nada si os une el amor de Jesús.
Día 22
Contadas son las almas que, en presencia del Señor y
dueño de nuestras almas, saben como Magdalena guardar el
silencio y practicar el abandono que la fe y el amor
perfectos inspiran.
Día 23
Aunque dispuestos a hacerlo todo, a emprenderlo todo y a
sacrificarlo todo en vista de la gloria de nuestro
Maestro, vigilad no obstante, y no os expongáis de
buenas a primeras a peligros inminentes. Tened presente
que, si inutilizaseis, antes de tiempo, vuestro cuerpo,
perjudicaríais a un gran número de almas.
Día 24
Siempre que la paz reine en vuestra alma, tenéis más
facilidad para venceros y santificaros. Estando
agitados, sois injustos con vosotros, con Dios y con el
prójimo.
Día 25
Qué
grandeza la de los apóstoles: participaron en los
trabajos de Jesús; participaron en la obra de la
Redención y han de participar eternamente en la gloria
de la misma Redención.
Día 26
Habéis de prescindir totalmente de vosotros y de lo
vuestro para ocuparos en lo que es del Divino Maestro.
Si alguna vez pensáis en vosotros, sea para ofreceros
inmediatamente a su divino beneplácito.
Día 27
Es
necesario que Jesús sea la víctima que ofrecéis y es
necesario que el mismo Señor Jesús, además de víctima,
sea en vosotros el sacerdote sacrificador. ¡Quién diera
que el hombre desapareciera y el Hijo de Dios viviese en
su lugar!
Día 28
Amad a
Dios con fervor, pero no con el vuestro, sino con el
fervor inspirado por el Divino Espíritu de Jesús.
Servidle con constancia, con generosidad, pero no por
vuestra propia actividad.
Día 29
Nuestro Señor atrae a sí el corazón agitado de Marta
para vivificarlo y llenarlo de santa suavidad. Cuando
estamos agitados y flaquea nuestra fe, tenemos que
unirnos a Jesús para encontrar en Él lo que necesitamos.
Día 30
Haced
como María que, considerándose la más humilde y la más
pobre de las siervas de Dios se tornó la Esposa del
Espíritu Santo y la Madre del Hijo de Dios.
Día 31
Todos los santos, al final de la vida, se han reprochado
más de una imprudencia cometida al comienzo de su
conversión... San Ignacio no parecía entrar mucho en
razones cuando en Manresa destrozaba su cuerpo. Fue
demasiado lejos, se dice. Pero, si la culpa fue tanta,
¿de dónde las abundantes gracias recibidas de Nuestro
Señor?
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