LUZIA

  

 

Esta mañana me he encontrado en lo que aquí llamamos obispado con Luzía. Luzia es una religiosa italiana que después de un tiempo en la parroquia de Salak, a unos 20 kms. de Maroua, la capital, va destinada a la comunidad que su congregación tiene en Mora, 60 kms. al norte. Ella estará encargada de la prisión.

He tenido curiosidad y le he preguntado cuál va a ser en concreto su trabajo. Hay un contrato de la diócesis con el estado para que ésta se haga cargo de la alimentación de los presos más desfavorecidos. También se hace cargo de la enfermería y llevará también el trabajo a nivel de vida cristiana: catequesis, formación y celebración.

Luzia a entrado un poco en los detalles. Antes de que existiera el contrato del estado con la diócesis, cada semana había un preso que moría por desnutrición o por enfermedades debidas a la mala nutrición. El colectivo más desfavorecido es el de presos chadianos; el Chad está aquí al lado, a unos 80 kms., son personas que han huido de un país que está en una situación muy delicada y que en ocasiones se buscan la vida por aquí, justo donde no se debe buscar. Terminan en la cárcel de un país que no es el suyo y lejos de su familia.

A la comida de la cárcel se le llama comida porque de algún modo hay que llamarla. Me la imagino, he visto en la cárcel de Maroua los bidones de 200 litros que sirvieron para transportar aceite para los motores y que ahora hacen de grandes perolas donde se prepara un agua con algunas cosas flotando. Que nadie piense en lo que normalmente se llama cocina. Los presos que tienen la familia cerca reciben comida de su familia y sobreviven, pero los que no tienen a nadie son verdaderos necesitados.

La cárcel tiene un presupuesto para la comida, pero... ¿qué pasa con ese dinero? Difícil pregunta por estas tierras. Los presos salen además a trabajar fuera, al campo de un vigilante de la prisión, para construir la casa de otro... incluso parece que hay gente que alquila el trabajo de los presos. ¿Dónde va el dinero que la prisión recibe por el trabajo de esos presos?

Y aquí empieza una serie de preguntas sobre situaciones que entretejen la maraña de la vida de esta gente: ¿Quién se aprovecha de los presos? ¿Cómo permite el estado esta situación? Y ¿cómo trata el estado a los vigilantes? ¿Están bien pagados? ¿Se les paga siquiera lo que figura en el contrato?  ¿Cuántos meses llevan sin cobrar? He oído a alguien decir que aquí en Camerún el problema es que no hay estado.

No es fácil encontrar el cabo del hilo que permita desenrollar esta madeja. En medio de este embrollo allí estará Luzía. Ella intentara sensibilizar a los cristianos de la parroquia de Mora del deber de caridad que tienen hacia los presos más necesitados. Pero... fuera de aportaciones puntuales no es mucho lo que conseguirá de la gente de allí. El apoyo viene como casi siempre de fuera. Ella, junto con una presa que está en libertad condicional, distribuirá alimento a los más necesitados y se preocupará de que no falten medicamentos en el botiquín de la prisión, donde no hay enfermero oficial y es uno de los presos quien cumple esta función. Es ella también la que rezará los sábados por la tarde con los cristianos y simpatizantes que están en aquella cárcel de Mora.

 

 

Volver