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Bueno, en francés se
dice Madeleine.
Va por su segundo...
vamos a llamarlo marido. Tiene 25 años, una niña, y... el sida. Esta
misma mañana acabo de ver el resultado del test: positivo. Un jarro de
agua fría.
La primera relación
terminó pronto, pero duró el tiempo suficiente para que volviera a su
casa con barriga. Sin dar a luz se lanzó a una segunda relación. Ahora
está de nuevo en casa de sus padres. Su segundo se ha ido al sur a hacer
no sé qué... el tiempo pasa y no ha vuelto todavía.
Son sus padres los que
se han hecho cargo de ella cuando cayó gravemente enferma, han hecho lo
que han podido y ahora su salud va un poco mejor. Le hicieron los
exámenes y el resultado ya lo sabéis.
Gracias a Dios hoy se
puede vivir con la enfermedad. El tratamiento es gratuito no así todos
los exámenes previos. Hace falta, claro está, que ella siga el
tratamiento, cosa que no siempre ocurre.
El caso de Madeleine no
es un caso aislado por estos secarrales del Norte de Camerún.
Una chica joven es un
plato goloso, está solicitada. Ella, por sí misma, no tiene ningún
futuro por delante: ni ha ido a la escuela, ni tiene ningún medio para
independizarse, ni sus padres pueden ponerle una tiendecita o algo por
el estilo.
Pasa por esa edad en la
que una chica está ya cansada de su casa, de su falta de “libertad”, de
los problemas de su casa y de las broncas... y quiere volar. Y se
encuentra con un joven que está dispuesto a “casarla”, nosotros decimos
a casarse con ella. Apenas se conocen, de noviazgo nada. Sus padres le
dicen: “Mira que es un golfo”. Pero ella no puede escucharlos, cómo va a
escucharlos si es precisamente de ellos de quien quiere escapar.
Y ahí tenemos a nuestra
Madeleine dispuesta a volar para escaparse de una ratonera, que a lo
mejor no era tanto, para meterse en otra de la que no va a poder
escaparse en toda su vida. Pero cuando se ha dado cuenta de ello ya es
demasiado tarde.
Madeleine ¿por qué no
sales a la calle y gritas tu historia a los cuatro vientos para que
otras Madeleines sepan de qué va la cosa?
Pero... ¿cómo, el sida
es tabú? Se habla mucho del sida, pero nadie habla de “mi” sida. Además
hasta puede que tengas pensado encontrar un “tercero” si el segundo se
olvida de volver. Y ¿quién va a “casar” una sidosa? Total a mí la
persona que me contagió la enfermedad no me dijo nada, ¿por qué iba a
tener que informar yo?
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