PENSAMIENTOS DEL P. FRANCISCO MARÍA PABLO LIBERMANN
 

 OCTUBRE

(Mes del Rosario)

Día 1

         Procurad conservar vuestra alma en una santa y amorosa indiferencia en relación con todo lo que le dice respecto, procurando complacer sólo a Dios, y esto dulcemente, sin agitación ni violencia.    

Día 2

         Es necesario que seamos ángeles de pureza, de santidad, abandono a Dios y sencillez; y que todas estas virtudes arraiguen en nuestra alma, visto que Dios vive en ella como vive en los ángeles.

Día 3

           "Si no os hiciereis como niños" (Mt.18,3). Para nosotros, cristianos, es un deber hacernos niños. Dejándonos empapar de este espíritu de infancia, seguro que disfrutaremos también de esa dulzura, esa humildad tan necesaria al cristiano; el orgullo es lo que hay de más opuesto al espíritu de infancia. A los sacerdotes, más que nadie, les es muy necesario este espíritu de infancia espiritual; sólo entonces imitarán perfectamente a Nuestro Señor que "les estaba perfectamente sumiso" (a sus padres).

Día 4

          San Francisco de Asís decía: "nuestro hermano cuerpo es una celda y nuestra alma es el ermitaño que la habita para pensar en Dios continuamente" Si un alma religiosa no está en reposo en la celda de su cuerpo, de nada le servirán las celdas exteriores.

Día 5

          El amor a María, la confianza en María son nuestro tesoro, nuestro, a título muy especial, que somos los amadísimos hijos de su Corazón, es decir, de su santísimo amor.

Día 6

          Para mover a las almas hace falta estar totalmente lleno del amor de Dios; con ese amor de Dios en el corazón uno no puede menos de hacerlo trasparecer en su conducta; y cuando tengas que hablar de la Encarnación o de otro misterio del Salvador, tus palabras, sin que te des cuenta de ello, serán como destellos de ese amor.

 

Día 7

         Si estáis tristes, vivid en espíritu de sacrificio a ejemplo de María, cuyo corazón fue alanceado desde sus primeros momentos de su alegría; y esa herida, siempre abierta, aumentaba sin cesar.

Día 8

         Cuando emprendamos alguna obra, no busquemos la gloria de la Congregación, sino la salvación de las almas; procuremos establecer el reino de Dios y todo lo demás se nos dará por añadidura, según la promesa del Señor.

Día 9

          El estado de mayor felicidad en el mundo es el de un hombre que inmola a Dios todos los afectos del corazón, todos los placeres, todos los vapores del amor propio y se sacrifica a sí mismo con todo lo que tiene de creado a su Dios, por medio de un amor sólido, verdaderamente, exclusivo, a nuestro buenísimo y amabilísimo Señor Jesús.

Día 10

           Buscando a Dios amándole por Él y en Él solo, encontraréis el amor puro que os llevará a olvidar a sacrificarlo todo a nuestro amabilísimo Jesús.

Día 11

           Fijaos bien en esto: en cuanto María dijo: "he aquí la esclava del Señor", empezó ya a orar, no como esclava sino como Madre... Ella pide con el amor de la Madre de Dios y con la autoridad correspondiente a esa dignidad. Lo puede todo con su intercesión.

Día 12

           Si os acobardáis en presencia de los mundanos, si los halagáis o imitáis sus modales, tened por cierto que vuestro ministerio será estéril; perderéis a las almas en vez de salvarlas y, en presencia del Supremo Juez, os llevaréis una terrible desilusión.

Día 13

           Para conseguir la tranquilidad el alma y poder realizar algo grande e importante, es necesario llegar a una cierta indiferencia respecto a los males que se muestran incurables.

Día 14

          ¡Qué miserables somos nosotros! Dios ha sido bueno, tierno y compasivo para con nosotros; ¡nosotros, en cambio, no lo somos para los demás! Y eso que entra en los planes de la divina voluntad. A los israelitas Dios les mandó que tuviesen compasión de los esclavos y de los extranjeros ya que también ellos lo habían sido en Egipto, de donde Él los había sacado.

Día 15

           Me siento culpado, y mucho, de haber cometido, en mi vida pasada, una gran falta para un alma colmado de las gracias divinas. Y es que es juzgado mucho a los demás en vez de disculparlos. Por eso, ahora me vigilo cuidadosamente a mí mismo. Dios me hizo sentir lo viciada que ha sido mi conducta permitiendo que los hombres, a su vez, me juzguen a mí.

Día 16

            Un juicio precipitado deriva ordinariamente de la presunción, de una cierta buena opinión de nosotros mismos, de una ausencia de caridad o de un cierto picor por ocuparse de los demás y sobreponerse a ellos.

Día 17

            Los dos defectos que más obstaculizan nuestro progreso espiritual son el amor propio y esta especie de condescendencia o ternura para con nosotros mismos.

Día 18

           Porque nada somos, nada tenemos y nada valemos, podemos lanzarnos a grandes empresas ya que nuestras esperanzas no descasan sobre nuestro valor, sino sobre Aquél que lo puede todo.

Día 19

            Acudid a Dios con amor y no os dejéis jamás acobardar por el temor. Siendo hijos de Dios y de la familia de María, el temor no os viene bien; el amor ha de ser, si  me explico bien, como que natural a vuestra alma.

Día 20

             Recordad que las cosas de Dios no se afianzan sino poco a poco y en medio de las contrariedades. La iglesia misma no se formó sino de este modo.

Día 21

            Tenéis dos cosas a qué atender: vuestra santificación, la santificación de las almas que están a vuestro cargo. De una cosa depende la otra.

Día 22

           Es imposible la santificación sin entregaros a la santificación de las almas que os están confiadas; y es imposible la santificación de esas almas si os descuidáis a vosotros mismos.

Día 23

           La humildad hace a uno prudente, mensurado y calmo. El humilde, cuando tenga que dar órdenes será dulce, suave, moderado y al mismo tiempo infundirá coraje. Lo mismo ocurrirá cuando le toque obedecer: obedecerá sin dificultad y sin afectación porque no está apegado a su propia voluntad.

Día 24

            La humildad es la madre de la regularidad, el sostén de la unión fraterna y la garantía más sólida de la subordinación... Esforzaos por santificaros en esta sublime e importante virtud. Con ella, se os facilitará la práctica de las demás.

Día 25

           La devoción al Santísimo Sacramento y la devoción a María Santísima son, a todas luces, indispensables. Sobre ellas, tened siempre ejercicios bien determinados.

Día 26

           ¡Cuidado con la dejadez! Cedemos poco a poco y siempre con motivos razonables (¡que, desde luego no lo son tanto como creemos!); terminamos por encontrarnos muy distintos de lo que éramos.

Día 27

           Para haber celo auténtico y bien intencionado, es necesario que encontréis más fervor interior, más recogimiento y más deseo de agradar a Dios cuando os entregáis al apostolado que en el caso contrario.

Día 28

          Un apóstol de Nuestro Señor Jesucristo no puede ser derrotado por las dificultades; soportadlas con paz, con la paciencia. Perseverad en vuestros proyectos verdaderamente útiles a la gloria de Dios y al bien de las almas.

Día 29

            ¡Pobres almas! ¡Se parecen a tierra reseca! Pero cualquier terreno, por árido que sea, si se cultiva sin desfallecer, terminará por dar su fruto. Jesús murió por los africanos igual que por nosotros. Coraje, paciencia y perseverancia, que Dios os bendecirá.

Día 30

            Entra en los planes de la voluntad de Dios el que seamos contrariedades en nuestro carácter, en nuestra manera de obrar, ya que siempre está mezclado de imperfecciones. Puede que en los comienzos de vuestro ministerio sacerdotal los frutos os parezcan escasos; pero, después con el tiempo, los recobraréis al ciento por uno.

Día 31

           Convenceos que los primeros años del sacerdocio son naturalmente menos fecundos que los siguientes, como lo confirma la historia de todos los santos.

 

 

 

 

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