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OCTUBRE
(Mes del Rosario)
Día 1
Procurad conservar vuestra alma en una santa y amorosa
indiferencia en relación con todo lo que le dice
respecto, procurando complacer sólo a Dios, y esto
dulcemente, sin agitación ni violencia.
Día 2
Es
necesario que seamos ángeles de pureza, de santidad,
abandono a Dios y sencillez; y que todas estas virtudes
arraiguen en nuestra alma, visto que Dios vive en ella
como vive en los ángeles.
Día 3
"Si no
os hiciereis como niños" (Mt.18,3). Para nosotros,
cristianos, es un deber hacernos niños. Dejándonos
empapar de este espíritu de infancia, seguro que
disfrutaremos también de esa dulzura, esa humildad tan
necesaria al cristiano; el orgullo es lo que hay de más
opuesto al espíritu de infancia. A los sacerdotes, más
que nadie, les es muy necesario este espíritu de
infancia espiritual; sólo entonces imitarán
perfectamente a Nuestro Señor que "les estaba
perfectamente sumiso" (a sus padres).
Día 4
San
Francisco de Asís decía: "nuestro hermano cuerpo es una
celda y nuestra alma es el ermitaño que la habita para
pensar en Dios continuamente" Si un alma religiosa no
está en reposo en la celda de su cuerpo, de nada le
servirán las celdas exteriores.
Día 5
El amor
a María, la confianza en María son nuestro tesoro,
nuestro, a título muy especial, que somos los amadísimos
hijos de su Corazón, es decir, de su santísimo amor.
Día 6
Para
mover a las almas hace falta estar totalmente lleno del
amor de Dios; con ese amor de Dios en el corazón uno no
puede menos de hacerlo trasparecer en su conducta; y
cuando tengas que hablar de la Encarnación o de otro
misterio del Salvador, tus palabras, sin que te des
cuenta de ello, serán como destellos de ese amor.
Día 7
Si
estáis tristes, vivid en espíritu de sacrificio a
ejemplo de María, cuyo corazón fue alanceado desde sus
primeros momentos de su alegría; y esa herida, siempre
abierta, aumentaba sin cesar.
Día 8
Cuando
emprendamos alguna obra, no busquemos la gloria de la
Congregación, sino la salvación de las almas; procuremos
establecer el reino de Dios y todo lo demás se nos dará
por añadidura, según la promesa del Señor.
Día 9
El
estado de mayor felicidad en el mundo es el de un hombre
que inmola a Dios todos los afectos del corazón, todos
los placeres, todos los vapores del amor propio y se
sacrifica a sí mismo con todo lo que tiene de creado a
su Dios, por medio de un amor sólido, verdaderamente,
exclusivo, a nuestro buenísimo y amabilísimo Señor
Jesús.
Día 10
Buscando a Dios amándole por Él y en Él solo,
encontraréis el amor puro que os llevará a olvidar a
sacrificarlo todo a nuestro amabilísimo Jesús.
Día 11
Fijaos bien en esto: en cuanto María dijo: "he aquí
la esclava del Señor", empezó ya a orar, no como
esclava sino como Madre... Ella pide con el amor de la
Madre de Dios y con la autoridad correspondiente a esa
dignidad. Lo puede todo con su intercesión.
Día 12
Si os
acobardáis en presencia de los mundanos, si los halagáis
o imitáis sus modales, tened por cierto que vuestro
ministerio será estéril; perderéis a las almas en vez de
salvarlas y, en presencia del Supremo Juez, os llevaréis
una terrible desilusión.
Día 13
Para conseguir la tranquilidad el alma y poder realizar
algo grande e importante, es necesario llegar a una
cierta indiferencia respecto a los males que se muestran
incurables.
Día 14
¡Qué
miserables somos nosotros! Dios ha sido bueno, tierno y
compasivo para con nosotros; ¡nosotros, en cambio, no lo
somos para los demás! Y eso que entra en los planes de
la divina voluntad. A los israelitas Dios les mandó que
tuviesen compasión de los esclavos y de los extranjeros
ya que también ellos lo habían sido en Egipto, de donde
Él los había sacado.
Día 15
Me
siento culpado, y mucho, de haber cometido, en mi vida
pasada, una gran falta para un alma colmado de las
gracias divinas. Y es que es juzgado mucho a los demás
en vez de disculparlos. Por eso, ahora me vigilo
cuidadosamente a mí mismo. Dios me hizo sentir lo
viciada que ha sido mi conducta permitiendo que los
hombres, a su vez, me juzguen a mí.
Día 16
Un
juicio precipitado deriva ordinariamente de la
presunción, de una cierta buena opinión de nosotros
mismos, de una ausencia de caridad o de un cierto picor
por ocuparse de los demás y sobreponerse a ellos.
Día 17
Los
dos defectos que más obstaculizan nuestro progreso
espiritual son el amor propio y esta especie de
condescendencia o ternura para con nosotros mismos.
Día 18
Porque
nada somos, nada tenemos y nada valemos, podemos
lanzarnos a grandes empresas ya que nuestras esperanzas
no descasan sobre nuestro valor, sino sobre Aquél que lo
puede todo.
Día 19
Acudid
a Dios con amor y no os dejéis jamás acobardar por el
temor. Siendo hijos de Dios y de la familia de María, el
temor no os viene bien; el amor ha de ser, si me
explico bien, como que natural a vuestra alma.
Día 20
Recordad que las cosas de Dios no se afianzan sino
poco a poco y en medio de las contrariedades. La iglesia
misma no se formó sino de este modo.
Día 21
Tenéis
dos cosas a qué atender: vuestra santificación, la
santificación de las almas que están a vuestro cargo. De
una cosa depende la otra.
Día 22
Es
imposible la santificación sin entregaros a la
santificación de las almas que os están confiadas; y es
imposible la santificación de esas almas si os
descuidáis a vosotros mismos.
Día 23
La humildad hace a uno prudente, mensurado y calmo. El
humilde, cuando tenga que dar órdenes será dulce, suave,
moderado y al mismo tiempo infundirá coraje. Lo mismo
ocurrirá cuando le toque obedecer: obedecerá sin
dificultad y sin afectación porque no está apegado a su
propia voluntad.
Día 24
La
humildad es la madre de la regularidad, el sostén de la
unión fraterna y la garantía más sólida de la
subordinación... Esforzaos por santificaros en esta
sublime e importante virtud. Con ella, se os facilitará
la práctica de las demás.
Día 25
La
devoción al Santísimo Sacramento y la devoción a María
Santísima son, a todas luces, indispensables. Sobre
ellas, tened siempre ejercicios bien determinados.
Día 26
¡Cuidado con la dejadez! Cedemos poco a poco y siempre
con motivos razonables (¡que, desde luego no lo son
tanto como creemos!); terminamos por encontrarnos muy
distintos de lo que éramos.
Día 27
Para
haber celo auténtico y bien intencionado, es necesario
que encontréis más fervor interior, más recogimiento y
más deseo de agradar a Dios cuando os entregáis al
apostolado que en el caso contrario.
Día 28
Un
apóstol de Nuestro Señor Jesucristo no puede ser
derrotado por las dificultades; soportadlas con paz, con
la paciencia. Perseverad en vuestros proyectos
verdaderamente útiles a la gloria de Dios y al bien de
las almas.
Día 29
¡Pobres almas! ¡Se parecen a tierra reseca! Pero
cualquier terreno, por árido que sea, si se cultiva sin
desfallecer, terminará por dar su fruto. Jesús murió por
los africanos igual que por nosotros. Coraje, paciencia
y perseverancia, que Dios os bendecirá.
Día 30
Entra en los planes de la voluntad de Dios el que seamos
contrariedades en nuestro carácter, en nuestra manera de
obrar, ya que siempre está mezclado de imperfecciones.
Puede que en los comienzos de vuestro ministerio
sacerdotal los frutos os parezcan escasos; pero, después
con el tiempo, los recobraréis al ciento por uno.
Día 31
Convenceos que los primeros años del sacerdocio son
naturalmente menos fecundos que los siguientes, como lo
confirma la historia de todos los santos.
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