NUEVOS RETOS DE LA PASTORAL  JUVENIL VOCACIONAL
 

 

Desde todos los ámbitos eclesiales, la preocupación por el aspecto vocacional se hace patente en los tiempos que nos toca vivir y, tanto desde las iglesias locales como desde las congregaciones y órdenes religiosas, están renaciendo cuestiones y temas de trabajo orientados hacia lo que debe de ser una reflexión seria sobre la cuestión vocacional y el acompañamiento de los jóvenes que se plantean, o pueden llegar a plantearse, en un momento de su vida, el seguimiento de Cristo desde la opción de la consagración  total de su persona y su ser.

                 

Nuestra Congregación, como tantas otras, después de haber pasado por muchas etapas a lo largo de su historia, trata de situarse frente a las dificultades que se presentan a la hora de trabajar en  esta nueva realidad del contexto vocacional.

Una de esas dificultades es, sin duda alguna, el cambio rápido e intenso que han experimentado los jóvenes de nuestro país, y de otros muchos, en las últimas décadas y, unido a eso, el hecho de que quizás desde nuestras instituciones no hayamos estado atentos a estos cambios que ahora nos superan. Es posible que todavía hoy estemos  “atados” a una concepción ya caducada de la forma en la que tenemos que tratar con nuestros jóvenes, mientras que el cambio generacional y el paso del tiempo nos debieran hacer tomar conciencia de que este cambio requiere nuevos estilos, nuevas formas. Es cierto que no se puede modificar el curso de los acontecimientos, pero ¿no podemos ser capaces de testimoniar hoy nuestra esperanza con un poco más de lucidez?

            La segunda dificultad con la que nos encontramos reside en la crisis por la que atraviesa las llamadas “familias cristianas”, en las que está surgiendo una nueva mentalidad. La vitalidad cristiana de la familia es con certeza uno de los elementos más determinantes en el despertar de las vocaciones. Es claro que nos encontramos en un momento de debilidad en el ideal cristiano de las familias que pone en peligro la supervivencia de la vida consagrada. Esta situación es una de las tareas que debe tomarse muy en serio la pastoral vocacional. ¿Es quizás el momento de asociar ciertos aspectos de la pastoral familiar a otros de la pastoral vocacional para llegar a conclusiones que nos lleven a la verdad?

            Y ¿como no? el tercer gran obstáculo reside en el darnos cuenta o no, de la realidad cultural en la que se encuentra inmersa la juventud de nuestros días,  una cultura compleja y exigente, en la que la adaptación se les hace cada día más difícil y donde la falta de valores es el pan nuestro de cada día. Ante este panorama: ¿qué dirección debe tomar, en el futuro, la pastoral vocacional?

Los jóvenes tienen necesidad de ser escuchados y nosotros debemos sentir también la necesidad de escucharles y de hablarles. Tenemos que reconocer, con humildad,  que su mundo se nos hace raro, cada vez más raro y extraño. Se hace necesario escucharles cuando hablan de ellos mismos y salir a su encuentro allí donde ellos se reúnen para hablarse y contarse sus cosas, con iniciativas como la de la “Misión joven” puesta en marcha por la diócesis de Madrid y, ¿porqué no? cambiar nuestro lenguaje, nuestros discursos y nuestras reacciones con ellos. Es el momento de entrar de lleno en sus vidas desde el respeto y sin miedos, sin prejuicios  ni condescendencia, pero con abertura y diálogo.

 A través de nuestros carismas, muchos jóvenes llegan a comprender que se puede vivir el evangelio con radicalidad, porque se les ofrece la posibilidad de tener una experiencia religiosa que corta, en cierto modo, con la sociedad que ellos conocen. Pues bien, es a partir de aquí, de donde deben surgir los interrogantes sobre los programas de acompañamiento vocacional y de la formación inicial. Nuestra pastoral vocacional ha de caminar hacia el testimonio y el diálogo.

            Los jóvenes son generosos y abiertos y tienen mucho que ofrecer. Pero el mundo en el que ellos viven y crecen, ignora muchos valores y elementos sobre los cuales nosotros hemos construido nuestra pastoral juvenil vocacional.

He aquí el reto y el objetivo fundamental en el que se han de englobar todas nuestras acciones, reconozcamos al Espíritu de Jesús en este apasionante proyecto, para vivirlo con nuestros jóvenes y reaccionemos siempre a la luz de la esperanza.

                                      Luis Cachaldora Gago, cssp

 

 
 

 

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