2 AÑOS EN UNA
ROULOTTE
Loliondo,
1985-86
Abril
2010
PREÁMBULO
Yo no
puedo vivir sin
UNA UTOPIA, un
retrato ideal de
un mundo mejor y
futuro que es
posible
conseguir con el
esfuerzo
personal y
colectivo a base
de sacrificios,
dialéctica y
revoluciones
para salir de un
presente sombrío
y llegar a un
futuro un poco
más luminoso con
radiantes
atardeceres.
UNA
UTOPIA es como
la mula que tira
del arado: ella
sigue y sigue
tirando sin
preocuparse de
las penurias que
pasa el
campesino o de
los obstáculos
que la reja ha
de sortear; al
final de la
besana ella da
la vuelta y
vuelve a empezar
un nuevo surco
tirando del
arado y del
airado arador
que ven como se
desgasta su filo
y sus fuerzas,
pero satisfechos
de su esfuerzo
al ver que el
rastrojo va
cambiando de
aspecto y las
malas hierbas
van
desapareciendo,
dejando lugar a
un hermoso
barbecho,
promesa de
buenas cosechas,
esperanza de un
mañana mejor.
UNA
UTOPIA ilumina
el presente por
muy sangrante
que sea; sin UNA
UTOPIA el
presente se
desangra hasta
la última gota,
el barbecho da
paso al
rastrojo, lugar
de malas
hierbas, señal
de pobreza y
futuros
frustrados,
donde los vagos
chupones y
malintencionados
asesinan a los
valientes
guerreros, cuya
desaparición nos
deja indefensos
y sin ideal a
los demás,
gobernados por
hedonistas
débiles, en cuyo
presente nos
obligan a vivir
con bozal. Las
sacrificadas
mulas se
sustituyen por
alegres ratones.
Y así la reja no
va. Así no ha
lugar para la
creatividad. Así
el futuro es
oscuridad.
UNA BUENA
UTOPIA puede
mover montañas.
LA MAYOR
UTOPIA conocida,
construir en la
Tierra el Reino
de Dios,
predicada y
practicada por
Jesús de
Nazaret, puede
mover no solo
montañas, sino
las mayores
Cordilleras,
incluido el
Himalaya.
CAPITULO I:
ATISBOS DE UNA
UTOPIA
Los
Misioneros
solemos vivir
utópicamente
soñando en que
la fé en
Jesucristo es la
respuesta única
y definitiva
para cambiar y
salvar este loco
mundo humano y
su tendencia al
pecado, resumido
en la avaricia
de unos pocos en
mandar y amasar
fortunas sin
importarle el
hambre que pasa
el de al lado,
que son muchos,
la mayoría. Y
por eso, en esa
fe, ponemos toda
la carne en el
asador. Ese
Reino de Dios
proyectado por
Jesus nos
importa mucho y
queremos que la
gente lo sepa.
Nuestro
mayor
sueño-UTOPIA es
ir a una
comunidad remota
de hombres y
mujeres que no
conocen a Jesús
y predicarles su
Evangelio sin
cortapisas ni
leyes y
experimentar
como esa NOVEDAD
les salva de su
situación y les
pone en camino,
EN EXODO, hacia
la Tierra
Prometida. Ese
inquietante
sueño te hace no
pensar en las
dificultades del
proyecto: donde
vivir, que
comer,
enfermedades,
lengua para
entenderte, por
donde empezar,
como te
recibirán, ¿te
integraras en su
medio?…
La
oportunidad de
realizar el
sueño me llego
en el año 1985.
En
Septiembre de
1983 había sido
Ordenado
Sacerdote
Secular en
Arusha, después
de 3 años de
trabajar como
Catequista con
los Maasai de
Simanjiro y
forjar mi fe en
la vida
Misionera. Había
aprendido mucho
de mi maestro
Jose Aguilar y
compañeros
pioneros y me
encantaba
realizar mi
vocación en
grupo, en
comunidad.
Llevaba 2 años
disfrutando de
la miel de un
Sacerdocio con
proyección de
futuro y vivido
en Comunidad y
en Paz entre los
Maasai, a los
que quería sin
medida. Nos
habíamos
establecido con
pretensiones de
durar y vivir
allí mucho
tiempo.
Pero Dios
tenía otros
planes. Corría
Septiembre del
85. Por la
Emisora de Radio
Aficionados
(entonces no
teníamos otro
medio), el Sr.
Obispo Denis (el
que me había
Ordenado, un
misionero
Espiritano de
Estados Unidos,
50 años en
Tanzania con los
Maasai, un
maestro, un
ejemplo a
seguir, un
hombre del
Vaticano II de
la cabeza a los
pies, un
perseguido por
Roma, un hombre
libre, mi padre
en la fe, un
soldado) me
llama y me dice:
“Ven mañana a
verme, tengo
algo importante
que proponerte”.
Al día
siguiente,
después de
hacerme 100 Kms.
de carretera de
polvo infernal
en un Land Rover
Santana traído
de España, y con
un mar de dudas
sobre que querrá
el amigo Obispo,
a las 10 de
mañana,
bebiéndonos un
te a la
Irlandesa, le
escucho con
asombro: “He
pensado abrir
una Misión nueva
entre los
Maasai, al
Norte, en la
frontera con
Kenia, en una
región llamada
Loliondo,
limítrofe con
SERENGUETI, en
la zona de SOIT
SAMBU. Y he
pensado en ti.
¿Aceptas?”.
Siempre
me gustaron los
retos, pero ese
parecía
demasiado grande
para asimilarlo
al instante, y
mi lengua no se
trabo y empezó a
soltar: “¿Por
que yo, Sr.
Obispo? Yo no
estoy preparado.
¿Yo solo? Usted
debe estar loco.
¿No hay casa ni
nada, y he de
empezar de cero?
¿Dónde voy a
vivir? ¿Y si me
pongo enfermo?
Yo aun no se
bien la lengua
Maasai. ¿No
tengo logística
que me apoye ni
fondos para
empezar?
Yo no conozco a
nadie allí para
que me
introduzca…”. El
me miraba con
una sonrisa de
pillo y
pasándose la
lengua por los
labios. Me
conocía. Mi
mente buscaba
mil excusas para
rechazar la
propuesta, pero
en el fondo del
alma sentía que
lo deseaba, que
era la
realización del
sueño que me
había traído a
África… Los
míticos nombres
de Kenia,
Serengeti, los
Maasai, lo
desconocido…, me
atraían como un
imán. Y sin mas
le respondí:
“Acepto”. Nunca
me arrepentí, a
pesar de todas
las heridas que
recibí. El se
rió más, y
pasamos al Wiski
escocés. Su
confianza en mi
fue un tesoro
incalculable.
“Vuelve
a Simanjiro.
Tienes una
semana para
despedirte”; me
dijo al chocar
las copas por un
deseo de
realizar UNA
UTOPIA. No era
como la había
soñado, nunca me
gustaron los
juegos
solitarios, pero
ya tenia la
suerte echada,
había aceptado.
La
despedida de mis
compañeros y
amigos de
Simanjiro fue
durísima; era
como cortarme
las pocas raíces
que me habían
ido sujetando a
aquella tierra
de horizontes
sin límites y a
aquellas gentes
que me habían
acogido con
total franqueza
y gratuidad. Era
como quedarme
SOLO ANTE EL
PELIGRO, echado
fuera del
Paraíso que era
el Belén que
habíamos
construido con
la ayuda del
León.
Así rece
aquella ultima
noche en
Simanjiro, antes
de mi partida en
busca de la
nueva UTOPIA:
“Oh Dios mío,
¡vaya jugada que
me has gastado
apartándome de
esta gente a la
que quiero! No
se si podré
perdonarte.
Algún día te
perdonare si TÚ,
autor de
HORIZONTES
LEJANOS, me
conduces en este
valle de dudas y
tinieblas, y me
llevas a la luz
de tu presencia.
Sin ti no podré;
así que ayúdame
a resolver este
reto y a
realizar mi
sueño-UTOPIA de
llevar la
Noticia de tu
Hijo, Jesús de
Nazaret, a
aquella
Comunidad Maasai
de Serengeti. No
se ni por donde
empezar ni que
hacer ni si seré
capaz de vivir
como ellos.
Confió en ti.
Mañana empezamos
una nueva
aventura Tú y
yo. Será
emocionante.
Buenas noches.
Amen”. Y me
santigüe.
Dormí
tranquilo
soñando con unos
horizontes
llenos de luz y
voces que me
atraían hacia
ellas, aunque a
veces aparecía
la mula con el
arado y en mi
pecho dejaban
sus huellas. Los
sudores de mi
padre detrás de
la mula y del
arado me hacían
presagiar que el
baldío rastrojo
daría paso al
prometedor
barbecho. Me vi
en un avión a
gran altura
donde me
obligaban a
tirarme a
tierra, pero sin
paracaídas.
Dicen que con
paracaídas no
seria ni FE ni
Utopía. Sin
pensarlo dos
veces me tire en
busca de la
Red. No la
había. Me
desperté. Había
llegado sin
paracaídas y sin
red. El Sol
brillaba
radiante a
través de la
ventana. Un
nuevo día
acababa de
empezar. El
futuro no se
hacia esperar.
CAPITULO II:
PRIMEROS PASOS Y
PRUEBAS HACIA LA
UTOPIA
1.-
SALIDA
Un tosco
Suzuki rojo, con
tracción a las 4
ruedas, fue todo
el bagaje que el
Obispo me dio
para empezar mi
aventura hacia
lo desconocido,
mas un poco de
agua y algunos
plátanos para el
camino. Me
indicaron la
ruta. Unos 390
Kms., unas 12
horas, me
separaban de mi
destino. Yo
añadí 2 maletas
con mis
pertenencias,
sin olvidar mi
pluma de
escribir y mi
diario. A las 8
en punto de la
mañana del 29 de
Septiembre, día
de mi Sto. S.
Miguel, salía
radiante hacia
mi destino con
la espada por
delante como S.
Miguel dispuesto
a echar del
Paraíso a todos
los enemigos de
Dios.
En España
me suspendieron
3 veces el
examen de
conducir por
culpa de la
pesada
circulación de
Burgos y muchas
señales. Me
saque el carné a
la cuarta. Me
gustaría ver el
asombro de mis
examinadores al
verme conducir
con toda
libertad y
velocidad por
aquellos
solitarios
caminos sin
señales ni
calles
prohibidas ni
coches con los
que cruzarse o
adelantar. En
alas del viento
corría al
encuentro de un
sueño que se
hacia realidad.
Los saltos y
golpes que daba
el Suzuki al
pasar por baches
y piedras, en
medio de un
polvo espeso,
eran solo gajes
del oficio. Solo
pedía que mi
espalda
resistiera.
2.-NGORONGORO:
A las 2 horas, a
mi izquierda,
veo indicaciones
de los Parques
Nacionales de
Tarangire y
Manyara en el
Valle del Rif,
que es sabana y
secarral, donde
los Maasai se
mueven a sus
anchas, a
espaldas del
mundo moderno.
Paso de largo y
salgo del Valle
por un camino
muy empinado
donde el Suzuki
se las ve y se
las desea,
llegando a las
tierras altas
donde el clima
se hace mas
benigno y hay
vegetación y
agricultura, el
reino de los
Wairaq. No me
cruzo con ningún
coche ni
turistas.
A las 5
horas, a medio
camino, y por
primera vez, me
adentraba en el
mítico Parque
Nacional de
Ngorongoro. Es
apabullante:
vegetación
abundante, selva
de Tarzan,
lianas, y
animales
adivinados por
los pasos
abiertos a ambos
lados del camino
y mierdas
recientes que
hay que sortear.
Solo me encontré
con unos monos
que me enseñaron
los dientes al
entender que los
molestaba en su
soledad y en su
tarea ancestral
de despiojarse y
vivir en paz. Es
una subida de
unos 800 mts.
hasta llegar a
la cresta.
Un alto
en el camino. En
una parte
despejada de
vegetación
aparece en toda
su extensión la
visión del
Cráter de
Ngorongoro, una
de las
maravillas del
mundo.
Inenarrable. El
espíritu se
complace y los
ojos no dan
crédito a lo que
ven. Allí abajo,
a 400 mts., se
extiende una
llanura de 19
Kms. de
diámetro,
alrededor de un
lago, surcada
por riachuelos,
y poblada por
una variedad
inmensa de
animales,
incluidos los 5
grandes. En esa
soledad que
grita, sentado
en el coche,
repongo fuerza
con los plátanos
y me siento en
paz con el mundo
y con Dios. Dan
ganas de
quedarse
agradeciendo al
Creador esta
visión, quizás
antesala de las
otras maravillas
que me esperan
allá donde voy
con toda la
ilusión. Hay que
seguir. La
soledad se
mastica. Otro
día bajare.
El Suzuki
danza alegre en
la bajada hacia
el Norte, vacía
de vegetación,
desde donde se
atisban a lo
lejos unas
inmensas
llanuras. Eran
las 3 de la
tarde cuando me
encontré con los
indicadores que
te conducen a
OLDUVAI GORGE,
una de las cunas
de la humanidad
según los
científicos que
allí encontraron
cráneos humanos
de millones de
años. Dejo para
otro día la
visita a esos
familiares y me
enfilo a la
llanura infinita
donde empiezo a
atisbar millones
de puntitos
negros sin
atisbos de
ninguna
vegetación. Un
Sol implacable
viste de una luz
única toda la
extensión.
Siento calor.
3.-SERENGETI:
Por fin a lo
lejos diviso
movimiento y
polvareda de un
coche o camión
que viene hacia
mí. Me alegro.
Podré preguntar
por mi
ubicación.
Resulta ser un
camión antiguo,
chatarra, pensé,
pero que camina
de verdad
cargado con
ganado, viajeros
y mercancías
miles camino de
la ciudad. Me
dicen que voy a
entrar en
Serengeti. Y que
a unos 40 Kms. a
la derecha veré
una fila de
bidones
enterrados. Que
los siga y a
unos 100 Kms.
llegare a
Loliondo, mi
destino. ¡Que
sencillo
parece! Empiezo
a sentir un poco
de temor: son
las 4 de la
tarde y quedan
140 Kms. que dan
pavor.
Y así,
casi sin darme
cuenta, me
encuentro dentro
del famoso
Parque de
Serengeti, uno
de los más
grandes y
curiosos del
mundo. Una
inmensa llanura
inabarcable a la
vista, de miles
de Kilómetros
cuadrados, con
muy poca
vegetación, poca
lluvia, mas
cercana al
desierto que a
la sabana.
Reino preferido
para millones de
animales.
Mis ojos
se estaban
acostumbrando a
tal visión bajo
un Sol
implacable, que
incluso me hacia
ver lagos de
agua entre las
brumas del
horizonte (me
recordaba el
Sahara y sus
espejismos
reales), cuando
de pronto he de
frenar el alegre
Suzuki: el
camino se ha
hecho una recta
que se pierde en
el infinito y
esta ocupada por
miles, millones,
de ÑUS mezclados
con miles de
gacelas y cebras
que viven juntos
y se
complementan
para defenderse
de los feroces y
corpulentos
leones de
Serengeti. Es un
regalo de Dios y
de la Naturaleza
tener el
privilegio de
ser testigo de
tales prodigios.
Me quedo
boquiabierto, no
cabe otra
reacción. El
coche lo he
conducir a 10
por hora pitando
para apartar
animales y no
dañarles. Estoy
en medio de la
mítica
EMIGRACION de
6.000.000 de Ñus
de Maasai Mara a
Serengeti.
En un
momento en que
los animales no
son tan espesos,
cambio de idea
al ver la
majestuosidad
del andar
pausado de un
avestruz que
pasa a mi lado y
me decido a
jugar con ellos.
Me pase feliz
media hora
persiguiendo
avestruces,
hienas, gacelas…
Lo mas curioso
que observe: el
recorte que te
hace el avestruz
cuando crees que
ya la tienes a
tu alcance, y el
miedo que pasa
la hiena que al
verse acorralada
se mea (me
recordaba a los
cobardes de todo
tipo, muy
gallitos ellos
con sus
pistolas, pero
que al verse
acorralados se
mean por la pata
alante).
Tan
absorto estaba
que no vi el
peligro: un
agujero al que
enfile y el
coche atasque.
Creo que todos
los animales se
reían de mi,
pues cada uno
desde su
posición se
quedo parado y
me miraban con
regocijo y yo
creo que
llamándome
“CABRON, te lo
tienes
merecido”. Yo
estaba bien,
Pero me
preguntaba como
hacer: ¿Salir
del coche?
¿Dónde conseguir
ayuda? Me
arrepentía de mi
estupidez. Algo
había que hacer.
Con
el alma en vilo
me decidí a
bajar del coche.
Con cuidado saco
el GATO SIMBA,
un gato inmenso
con el que
viajamos por si
acaso. Izo el
coche con el
gato; meto la
rueda de
repuesto debajo
(no había
piedras en todo
el alrededor);
quito el gato;
veo que el coche
esta
equilibrado;
arranco el motor
(los animales se
espantan) y sigo
mi camino
cantando y
gritando para
espantar el
miedo que había
pasado. Los
animales creo
que son ahora
los que no salen
de su asombro al
ver a aquel loco
como sale
disparado, como
grita y como da
gracias a Dios.
Me
he PERDIDO. Con
tanta excitación
me había
olvidado de los
bidones y de la
dirección. NO SE
DONDE ESTOY. Son
casi las 6 de la
tarde. A las
6,30 empieza a
anochecer.
Siento angustia
por no saber lo
que hacer:
perdido, solo y
con animales
feroces a mi
alrededor.
Paro
el motor, pues
he tomado una
decisión:
quedarme allí a
pasar la noche;
no veo otra
solución ni
puedo pedir
ayuda en
cualquier
dirección. En la
Legión aprendí a
sobrevivir en el
inhóspito
desierto. Esto
es mejor. Me
subo al capo del
coche y meo con
todas las ganas
del mundo y
grito con todas
mis fuerzas para
espantar
animales que me
cercan por todas
partes. No son
amenazantes,
pero amedrantan.
Solo faltaba que
apareciera el
Rey León. Pero
no, los mismos
animales me
protegerán.
¡Que
dicha contemplar
una puesta de
Sol en
Serengeti! No
puedo narrarlo.
Bebí
agua y comí los
plátanos que
quedaban. Me
dispuse a
dormir.
Fue un
duermevela. Los
animales estaban
inquietos y
durante toda la
noche oía ruidos
y berridos que
no me dejaban
conciliar el
sueño. Me dio
tiempo a pensar
en mi familia,
en mis amigos
(¿Qué pensarían
si me vieran en
este momento?),
en la paz que
vivía en
Simanjiro, en el
hijo de… del
Obispo que me me
había metido en
este lio, y en
Dios en quien
seguía confiando
que me llevaría
a buen puerto.
Dicen que en el
umbral de la
muerte en un
segundo ves toda
tu vida pasada.
A mi me dio
tiempo a
repasarla 20
veces. Y 20
veces ví claro
que estaba bien
donde estaba. Me
reía de mi
mismo. A las 4
de la mañana caí
rendido en manos
de Morfeo,
pensando en la
maravilla que
era la vida del
Misionero.
Sentía temor,
pero no terror.
A las
6,30 me despertó
la luz
multicolor del
Sol saliente
entre nubes. Por
unas horas me
había olvidado
donde estaba y
cual era mi
situación. Tras
el sobresalto
primero de
volver a la
cruda realidad,
me alegro ver el
espectáculo que
veía: mi coche
escarabajo era
la atracción de
cientos de Ñus y
Cebras que me
rodeaban. Salí,
les salude y
volví a mear
desde lo alto
del coche. A más
no me atreví por
si acaso.
De
pronto, sin
saber como ni de
donde salía, ví
a lo lejos un
fantasma:
alguien caminaba
solo allá en
lontananza. Me
olvide de
animales y
maravillas,
encendí el motor
y veloz me fui a
la caza del
fantasma: un
guerrero maasai
silbando, con la
lanza en el
hombro
izquierdo, la
maza en la mano
derecha, el
cuchillo en el
cinturón,
melenas al
viento y caminar
rítmico y
potente, sin
miedos, iba en
mi misma
dirección, ya
que al acercarme
a el también
divise la fila
de bidones a la
izquierda. Solo
había estado
perdido 200 mts.
Asustado al ver
el coche el
guerreo se puso
a correr. Me
puse a su altura
y le salude en
su idioma. Se
alegro y se
paro. Le abrí la
puerta y entro,
aunque con
problemas, pues
fue un lio
acomodar palo,
lanza y
hombretón.
Con la
seguridad del
guía, el camino
ya parecía mas
corto. El joven
me contó: su
mujer se había
escapado de
casa, pues el le
pegaba mucho, y
ahora iba a
buscarla a una
zona llamada
Arrash, en el
camino de
Loliondo, donde
vivía la familia
de su mujer. Si
una mujer se
escapa del
marido y llega a
casa del padre,
habrá juicio
justo para la
mujer. Si en el
camino el marido
la alcanza,
puede hacer con
ella lo que
quiera, hasta
matarla. “¿Tu
mujer atravesó
sola
Serengeti?”. Le
conté lo que me
había pasado y
los miedos
acumulados y se
reía a
carcajadas, pues
no entendía como
con un coche yo
podía tener
temores. El no
sabía que había
sido enviado por
Dios para
guiarme.
4.- ARRASH: Tras
pasar cerros y
barrancos, dejar
atrás a las
miríadas de
animales,
ponernos de
polvo hasta las
cejas y recorrer
80 kms., a solo
20 de Loliondo,
cerca de la
frontera con
Kenia, llegamos
a Arrash, una
aldea Maasai
destino de mi
salvador. No
tuve mas remedio
que aceptar el
te que me
ofrecían en una
taza sucia de
siglos y llena
de moscas. Tenía
hambre y,
cerrando los
ojos, me lo metí
pa el cuerpo,
alguna mosca
paso también pa
dentro. Me sentó
de maravilla. Me
invitaron al
juicio que iban
a tener sobre el
guerrero y su
mujer. Con pesar
decline la
invitación, pues
me debía de
marchar. A mi
guía le desee lo
mejor.
En
esto, aparece
una mujer con 2
niños maasai
ciegos. Son
gemelos, unos10
años de edad;
perdieron la
vista hace
tiempo por
untarse un
medicina
antiparasitaria
para las vacas.
Quieren llegar
al Hospital de
Waso-Loliondo,
pues han oído
que allí viene
un avión con
doctores de
Kenia que hacen
operaciones de
ojos. Son los
famosos FLYING
DOCTORS. Solo
puedo coger a
los niños, pues
no hay espacio
en el coche. La
familia vendrá
andando hasta el
Hospital.
Reanudo el
camino. Tengo
ganas de llegar.
Pero
no es mi día. A
los pocos Kms.
tenemos un
pinchazo. El
cielo se ha
encapotado. Bajo
a los ciegos y
saco los aperos
para cambiar la
rueda. Aun no he
acabado cuando
empieza a
llover. Meto a
los ciegos en el
coche y sigo
peleándome con
la rueda. Esta
mañana no me
lave, así que no
me viene mal
esta ducha,
aunque empiezo a
cabrearme.
Termino y voy a
refugiarme en el
coche, y
entonces uno de
los ciegos dice
que necesita
mear. Vuelvo a
bajar, a
remojarme y a
estar un poco
hartito de los
niños.
No
voy a contar, se
puede imaginar,
el cabreo que
cogí cuando otra
rueda exploto, y
tuve que bajar
de nuevo a los
ciegos, arreglar
la rueda
primera, quitar
la explotada y
poner la
arreglada. La
lluvia ya no
importaba.
Empezaba a dudar
de si la
persecución de
la UTOPIA me
importaba.
Estaba frío,
hambriento,
sucio y
cabreado.
Cuando termine,
mire a los
ciegos
acurrucados y
ateridos de
frío, pues solo
vestían un
trapillo y
estaban
descalzos, y
entendí por que
estaba allí, y
que la UTOPIA me
esperaba. No hay
Resurrección sin
cruces, pensé.
El coche cogió
alas para
seguir.
5.-
WASO-LOLIONDO:
Al fin a las 5
en punto de la
tarde hago mi
entrada en el
Hospital de WASO,
a 5 Kms. de
Loliondo,
capital de
Provincia. Esta
será mi
Residencia-Base
desde donde
acometer la
apertura de la
Nueva Misión.
Me
recibe todo un
personaje del
que ya había
oído hablar: El
cura-medico
Watchinger,
austriaco, de
unos 60 años, 25
de ellos
dirigiendo aquel
remoto Hospital.
Me pega una
bronca: “¿Dónde
has estado? Te
estamos
esperando desde
ayer”. “Es una
larga Historia,
le respondí.
Recoge a esos
ciegos y dame
cobijo, necesito
ir al baño y
comer”. Íbamos
hablando así por
el corredor
externo del
Hospital; una
mujer maasai
viene hacia
nosotros; ante
mi asombro el
Dr. Austriaco se
va hacia ella y
le arrea un
guantazo de
consideración.
“¿Por qué no
viniste ayer?”,
le dice como
excusa. Ya
empiezo a
entender la fama
de duro que
tiene el gacho.
Me deja y sale
corriendo, se
mete en una
habitación de
donde sale con
un rifle; esto
parece de
película: se
pone a disparar
a un burro que
esta dentro del
recinto del
Hospital. “Tengo
dicho que no
dejen animales
en el Hospital”,
me dice creyendo
que lo puedo
entender.
Me
refugio en la
taza del water
de mi
habitación; me
ducho y me sigo
preguntando lo
torcidos que son
los caminos del
Señor. Salgo
limpio para
buscar algo de
comer.
Pero
mis penurias no
han acabado.
Watchinger me
dice que ha
muerto por la
mañana un
guerrero maasai,
todos sus
familiares
salieron
corriendo, y se
necesita a
alguien que vaya
a dejar el
cadáver en el
campo debajo de
unos árboles; me
pide que yo lo
haga con la
ayuda de otro
guerrero. No era
nuevo para mí,
pues en
Simanjiro ya era
así. Metemos
como podemos el
cadáver en el
coche, un poco
complicado, pues
ya estaba
bastante frío y
lo teníamos que
doblar. Llegamos
al árbol, el
guerrero y yo
nos ponemos a
bajar el
cadáver, que al
ponerse derecho
exhala un ruido
por la boca; el
guerrero se
asusta y sale
corriendo como
si todos los
demonios fueran
tras el. Me
quedo solo con
el cadáver y con
todo el respeto
que pude lo deje
tumbado debajo
del árbol,
apoyado sobre el
lado derecho y
mirando a la
salida del Sol.
Las alimañas
esta noche darán
cuenta de el.
No se si
derrotado, pero
al menos si
amansado, me
volví al
Hospital
pidiendo que por
favor el día no
diera para mas.
Estaba agotado.
La cena
fue espléndida
servida por unas
monjas también
austriacas: sopa
de cebollas y
carne de jabalí
cazado por el
Dr. Asesino. Aun
tuve que
aguantar, a la
luz de un candil
y saboreando un
licor austriaco,
los relatos
maravillosos de
mi anfitrión,
tan variados y
exóticos que
darían para
escribir varios
libros. Le
escuche
ensimismado.
Por fin,
a las 11 de la
noche me pude
retirar a
dormir.
Extenuado, solo
tuve tiempo para
pensar: “Señor,
aquí estoy.
Estoy asustado,
pero feliz.
Gracias por
traerme hasta
aquí. Mañana
empieza la real
aventura de
salir a la caza
de una UTOPIA,
bicho raro, pero
se que anda por
allí, a unos 40
Kms. al Norte,
en la frontera
con Kenia.
Mañana empezare
los
preparativos.
Sigue
ayudándome. No
creo que se
parezca a este
Dr. que será mi
tutor. Espero
que sea mejor.
Vela mi sueño”.
Y me dormí dando
por buenos todos
los afanes
acontecidos y
venideros.
FIN DE LA
PRIMERA ENTREGA
LOLIONDO-Baso
donde estaré.
En otro
capitulo:
adentrarme en el
territorio
nuevo.
Mang'ola Chini
P.O.Box 169
Karatu
Tanzania
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