2 AÑOS EN UNA ROULOTTE

Loliondo, 1985-86

 

                                                                        Abril 2010

       PREÁMBULO

       Yo no puedo vivir sin UNA UTOPIA, un retrato ideal de un mundo mejor y futuro que es posible conseguir con el esfuerzo personal y colectivo a base de sacrificios, dialéctica y revoluciones para salir de un presente sombrío y llegar a un futuro un poco más luminoso con radiantes atardeceres.

       UNA UTOPIA es como la mula que tira del arado: ella sigue y sigue tirando sin preocuparse de las penurias que pasa el campesino o de los obstáculos que la reja ha de sortear; al final de la besana ella da la vuelta y vuelve a empezar un nuevo surco tirando del arado y del airado arador que ven como se desgasta su filo y sus fuerzas, pero satisfechos de su esfuerzo al ver que el rastrojo va cambiando de aspecto y las malas hierbas van desapareciendo, dejando lugar a un hermoso barbecho, promesa de buenas cosechas, esperanza de un mañana mejor.

       UNA UTOPIA ilumina el presente por muy sangrante que sea; sin UNA UTOPIA el presente se desangra hasta la última gota, el barbecho da paso al rastrojo, lugar de malas hierbas, señal de pobreza y futuros frustrados, donde los vagos chupones y malintencionados asesinan a los valientes guerreros, cuya desaparición nos deja indefensos y sin ideal a los demás, gobernados por hedonistas débiles, en cuyo presente nos obligan a vivir con bozal. Las sacrificadas mulas se sustituyen por alegres ratones. Y así la reja no va. Así no ha lugar para la creatividad. Así el futuro es oscuridad.

       UNA BUENA UTOPIA puede mover montañas.

       LA MAYOR UTOPIA conocida, construir en la Tierra el Reino de Dios, predicada y practicada por Jesús de Nazaret, puede mover no solo montañas, sino las mayores Cordilleras, incluido el Himalaya.

        

CAPITULO I: ATISBOS DE UNA UTOPIA

    

      Los Misioneros solemos vivir utópicamente soñando en que la fé en Jesucristo es la respuesta única y definitiva para cambiar y salvar este loco mundo humano y su tendencia al pecado, resumido en la avaricia de unos pocos en mandar y amasar fortunas sin importarle el hambre que pasa el de al lado, que son muchos, la mayoría.  Y por eso, en esa fe, ponemos toda la carne en el asador. Ese Reino de Dios proyectado por Jesus nos importa mucho y queremos que la gente lo sepa.

      Nuestro mayor sueño-UTOPIA es ir a una comunidad remota de hombres y mujeres que no conocen a Jesús y predicarles su Evangelio sin cortapisas ni leyes y experimentar como esa NOVEDAD les salva de su situación y les pone en camino, EN EXODO, hacia la Tierra Prometida. Ese inquietante sueño te hace no pensar en las dificultades del proyecto: donde vivir, que comer, enfermedades, lengua para entenderte, por donde empezar, como te recibirán, ¿te integraras en su medio?…

      La oportunidad de realizar el sueño me llego en el año 1985.

      En Septiembre de 1983 había sido Ordenado Sacerdote Secular en Arusha, después de 3 años de trabajar como Catequista con los Maasai de Simanjiro y forjar mi fe en la vida Misionera. Había aprendido mucho de mi maestro Jose Aguilar y compañeros pioneros y me encantaba realizar mi vocación en grupo, en comunidad. Llevaba 2 años disfrutando de la miel de un Sacerdocio con proyección de futuro y vivido en Comunidad y en Paz entre los Maasai, a los que quería sin medida. Nos habíamos establecido con pretensiones de durar y vivir allí mucho tiempo.

       Pero Dios tenía otros planes. Corría Septiembre del 85. Por la Emisora de Radio Aficionados (entonces no teníamos otro medio), el Sr. Obispo Denis (el que me había Ordenado, un misionero Espiritano de Estados Unidos, 50 años en Tanzania con los Maasai, un maestro, un ejemplo a seguir, un hombre del Vaticano II de la cabeza a los pies, un perseguido por Roma, un hombre libre, mi padre en la fe, un soldado) me llama y me dice: “Ven mañana a verme, tengo algo importante que proponerte”.

        Al día siguiente, después de hacerme 100 Kms. de carretera de polvo infernal en un Land Rover Santana traído de España, y con un mar de dudas sobre que querrá el amigo Obispo, a las 10 de mañana, bebiéndonos un te a la Irlandesa, le escucho con asombro: “He pensado abrir una Misión nueva entre los Maasai, al Norte, en la frontera con Kenia, en una región llamada Loliondo, limítrofe con SERENGUETI, en la zona de SOIT SAMBU. Y he pensado en ti. ¿Aceptas?”.

         Siempre me gustaron los retos, pero ese parecía demasiado grande para asimilarlo al instante, y mi lengua no se trabo y empezó a soltar: “¿Por que yo, Sr. Obispo? Yo no estoy preparado. ¿Yo solo? Usted debe estar loco. ¿No hay casa ni nada, y he de empezar de cero? ¿Dónde voy a vivir? ¿Y si me pongo enfermo? Yo aun no se bien la lengua Maasai. ¿No tengo logística que me apoye ni fondos para empezar?

Yo no conozco a nadie allí para que me introduzca…”. El me miraba con una sonrisa de pillo y pasándose la lengua por los labios. Me conocía.  Mi mente buscaba mil excusas para rechazar la propuesta, pero en el fondo del alma sentía que lo deseaba, que era la realización del sueño que me había traído a África…  Los míticos nombres de Kenia, Serengeti, los Maasai, lo desconocido…, me atraían como un imán. Y sin mas le respondí: “Acepto”.  Nunca me arrepentí, a pesar de todas las heridas que recibí. El se rió más, y pasamos al Wiski escocés. Su confianza en mi fue un tesoro incalculable.

        “Vuelve a Simanjiro. Tienes una semana para despedirte”; me dijo al chocar las copas por un deseo de realizar UNA UTOPIA. No era como la había soñado, nunca me gustaron los juegos solitarios, pero ya tenia la suerte echada, había aceptado.

       La despedida de mis compañeros y amigos de Simanjiro fue durísima; era como cortarme las pocas raíces que me habían ido sujetando a aquella tierra de horizontes sin límites y a aquellas gentes que me habían acogido con total franqueza y gratuidad. Era como quedarme SOLO ANTE EL PELIGRO, echado fuera del Paraíso que era el Belén que habíamos construido con la ayuda del León.

       Así rece aquella ultima noche en Simanjiro, antes de mi partida en busca de la nueva UTOPIA: “Oh Dios mío, ¡vaya jugada que me has gastado apartándome de esta gente a la que quiero! No se si podré perdonarte. Algún día te perdonare si TÚ, autor de HORIZONTES LEJANOS, me conduces en este valle de dudas y tinieblas, y me llevas a la luz de tu presencia. Sin ti no podré; así que ayúdame a resolver este reto y a realizar mi sueño-UTOPIA de llevar la Noticia de tu Hijo, Jesús de Nazaret, a aquella Comunidad Maasai de Serengeti. No se ni por donde empezar ni que hacer ni si seré capaz de vivir como ellos. Confió en ti. Mañana empezamos una nueva aventura Tú y yo. Será emocionante. Buenas noches. Amen”.  Y me santigüe.

       Dormí tranquilo soñando con unos horizontes llenos de luz y voces que me atraían hacia ellas, aunque a veces aparecía la mula con el arado y en mi pecho dejaban sus huellas. Los sudores de mi padre detrás de la mula y del arado me hacían presagiar que el baldío rastrojo daría paso al prometedor barbecho. Me vi en un avión a gran altura donde me obligaban a tirarme a tierra, pero sin paracaídas. Dicen que con paracaídas no seria ni FE ni Utopía. Sin pensarlo dos veces me tire en busca de la Red.  No la había. Me desperté. Había llegado sin paracaídas y sin red. El Sol brillaba radiante a través de la ventana. Un nuevo día acababa de empezar. El futuro no se hacia esperar.

 

CAPITULO II: PRIMEROS PASOS Y PRUEBAS HACIA LA UTOPIA

       

       1.- SALIDA

       Un tosco Suzuki rojo, con tracción a las 4 ruedas, fue todo el bagaje que el Obispo me dio para empezar mi aventura hacia lo desconocido, mas un poco de agua y algunos plátanos para el camino. Me indicaron la ruta. Unos 390 Kms., unas 12 horas, me separaban de mi destino. Yo añadí 2 maletas con mis pertenencias, sin olvidar mi pluma de escribir y mi diario. A las 8 en punto de la mañana del 29 de Septiembre, día de mi Sto. S. Miguel, salía radiante hacia mi destino con la espada por delante como S. Miguel dispuesto a echar del Paraíso a todos los enemigos de Dios.

       En España me suspendieron 3 veces el examen de conducir por culpa de la pesada circulación de Burgos y muchas señales. Me saque el carné a la cuarta. Me gustaría ver el asombro de mis examinadores al verme conducir con toda libertad y velocidad por aquellos solitarios caminos sin señales ni calles prohibidas ni coches con los que cruzarse o adelantar. En alas del viento corría al encuentro de un sueño que se hacia realidad. Los saltos y golpes que daba el Suzuki al pasar por baches y piedras, en medio de un polvo espeso, eran solo gajes del oficio. Solo pedía que mi espalda resistiera.

        2.-NGORONGORO: A las 2 horas, a mi izquierda, veo indicaciones de los Parques Nacionales de Tarangire y Manyara en el Valle del Rif, que es sabana y secarral, donde los Maasai se mueven a sus anchas, a espaldas del mundo moderno. Paso de largo y salgo del Valle por un camino muy empinado donde el Suzuki se las ve y se las desea, llegando a las tierras altas donde el clima se hace mas benigno y hay vegetación y agricultura, el reino de los Wairaq. No me cruzo con ningún coche ni turistas.

       A las 5 horas, a medio camino, y por primera vez, me adentraba en el mítico Parque Nacional de Ngorongoro. Es apabullante: vegetación abundante, selva de Tarzan, lianas, y animales adivinados por los pasos abiertos a ambos lados del camino y mierdas recientes que hay que sortear. Solo me encontré con unos monos que me enseñaron los dientes al entender que los molestaba en su soledad y en su tarea ancestral de despiojarse y vivir en paz. Es una subida de unos 800 mts. hasta llegar a la cresta.

       Un alto en el camino. En una parte despejada de vegetación aparece en toda su extensión la visión del Cráter de Ngorongoro, una de las maravillas del mundo. Inenarrable. El espíritu se complace y los ojos no dan crédito a lo que ven. Allí abajo, a 400 mts., se extiende una llanura de 19 Kms. de diámetro, alrededor de un lago, surcada por riachuelos, y poblada por una variedad inmensa de animales, incluidos los 5 grandes. En esa soledad que grita, sentado en el coche, repongo fuerza con los plátanos y me siento en paz con el mundo y con Dios. Dan ganas de quedarse agradeciendo al Creador esta visión, quizás antesala de las otras maravillas que me esperan allá donde voy con toda la ilusión. Hay que seguir. La soledad se mastica. Otro día bajare.

       El Suzuki danza alegre en la bajada hacia el Norte, vacía de vegetación, desde donde se atisban a lo lejos unas inmensas llanuras. Eran las 3 de la tarde cuando me encontré con los indicadores que te conducen a OLDUVAI GORGE, una de las cunas de la humanidad según los científicos que allí encontraron cráneos humanos de millones de años. Dejo para otro día la visita a esos familiares y me enfilo a la llanura infinita donde empiezo a atisbar millones de puntitos negros sin atisbos de ninguna vegetación. Un Sol implacable viste de una luz única toda la extensión. Siento calor.

       3.-SERENGETI: Por fin a lo lejos diviso movimiento y polvareda de un coche o camión que viene hacia mí. Me alegro. Podré preguntar por mi ubicación. Resulta ser un camión antiguo, chatarra, pensé, pero que camina de verdad cargado con ganado, viajeros y mercancías miles camino de la ciudad. Me dicen que voy a entrar en Serengeti. Y que a unos 40 Kms. a la derecha veré una fila de bidones enterrados. Que los siga y a unos 100 Kms. llegare a Loliondo, mi destino. ¡Que sencillo parece!  Empiezo a sentir un poco de temor: son las 4 de la tarde y quedan 140 Kms. que dan pavor.  

       Y así, casi sin darme cuenta, me encuentro dentro del famoso Parque de Serengeti, uno de los más grandes y curiosos del mundo. Una inmensa llanura inabarcable a la vista, de miles de Kilómetros cuadrados, con muy poca vegetación, poca lluvia, mas cercana al desierto que a la sabana.  Reino preferido para millones de animales.

        Mis ojos se estaban acostumbrando a tal visión bajo un Sol implacable, que incluso me hacia ver lagos de agua entre las brumas del horizonte (me recordaba el Sahara y sus espejismos reales), cuando de pronto he de frenar el alegre Suzuki: el camino se ha hecho una recta que se pierde en el infinito y esta ocupada por miles, millones, de ÑUS mezclados con miles de gacelas y cebras que viven juntos y se complementan para defenderse de los feroces y corpulentos leones de Serengeti. Es un regalo de Dios y de la Naturaleza tener el privilegio de ser testigo de tales prodigios. Me quedo boquiabierto, no cabe otra reacción. El coche lo he conducir a 10 por hora pitando para apartar animales y no dañarles. Estoy en medio de la mítica EMIGRACION  de 6.000.000 de Ñus de Maasai Mara a Serengeti.

         En un momento en que los animales no son tan espesos, cambio de idea al ver la majestuosidad del andar pausado de un avestruz que pasa a mi lado y me decido a jugar con ellos. Me pase feliz media hora persiguiendo avestruces, hienas, gacelas… Lo mas curioso que observe: el recorte que te hace el avestruz cuando crees que ya la tienes a tu alcance, y el miedo que pasa la hiena que al verse acorralada se mea (me recordaba a los cobardes de todo tipo, muy gallitos ellos con sus pistolas, pero que al verse acorralados se mean por la pata alante).

         Tan absorto estaba que no vi el peligro: un agujero al que enfile y el coche atasque. Creo que todos los animales se reían de mi, pues cada uno desde su posición se quedo parado y me miraban con regocijo y yo creo que llamándome “CABRON, te lo tienes merecido”.  Yo estaba bien, Pero me preguntaba como hacer: ¿Salir del coche? ¿Dónde conseguir ayuda? Me arrepentía de mi estupidez. Algo había que hacer.

             Con el alma en vilo me decidí a bajar del coche. Con cuidado saco el GATO SIMBA, un gato inmenso con el que viajamos por si acaso. Izo el coche con el gato; meto la rueda de repuesto debajo (no había piedras en todo el alrededor); quito el gato; veo que el coche esta equilibrado; arranco el motor (los animales se espantan) y sigo mi camino cantando y gritando para espantar el miedo que había pasado. Los animales creo que son ahora los que no salen de su asombro al ver a aquel loco como sale disparado, como grita y como da gracias a Dios.

            Me he PERDIDO. Con tanta excitación me había olvidado de los bidones y de la dirección. NO SE DONDE ESTOY. Son casi las 6 de la tarde. A las 6,30 empieza a anochecer. Siento angustia por no saber lo que hacer: perdido, solo y con animales feroces a mi alrededor.

           Paro el motor, pues he tomado una decisión: quedarme allí a pasar la noche; no veo otra solución ni puedo pedir ayuda en cualquier dirección. En la Legión aprendí a sobrevivir en el inhóspito desierto. Esto es mejor. Me subo al capo del coche y meo con todas las ganas del mundo y grito con todas mis fuerzas para espantar animales que me cercan por todas partes. No son amenazantes, pero amedrantan. Solo faltaba que apareciera el Rey León. Pero no, los mismos animales me protegerán.

         ¡Que dicha contemplar una puesta de Sol en Serengeti! No puedo narrarlo.

         Bebí agua y comí los plátanos que quedaban. Me dispuse a dormir.

         Fue un duermevela. Los animales estaban inquietos y durante toda la noche oía ruidos y berridos que no me dejaban conciliar el sueño. Me dio tiempo a pensar en mi familia, en mis amigos (¿Qué pensarían si me vieran en este momento?), en la paz que vivía en Simanjiro, en el hijo de… del Obispo que me me había metido en este lio, y en Dios en quien seguía confiando que me llevaría a buen puerto. Dicen que en el umbral de la muerte en un segundo ves toda tu vida pasada. A mi me dio tiempo a repasarla 20 veces. Y 20 veces ví claro que estaba bien donde estaba. Me reía de mi mismo. A las 4 de la mañana caí rendido en manos de Morfeo, pensando en la maravilla que era la vida del Misionero. Sentía temor, pero no terror.

         A las 6,30 me despertó la luz multicolor del Sol saliente entre nubes. Por unas horas me había olvidado donde estaba y cual era mi situación. Tras el sobresalto primero de volver a la cruda realidad, me alegro ver el espectáculo que veía: mi coche escarabajo era la atracción de cientos de Ñus y Cebras que me rodeaban. Salí, les salude y volví a mear desde lo alto del coche. A más no me atreví por si acaso.

         De pronto, sin saber como ni de donde salía, ví a lo lejos un fantasma: alguien caminaba solo allá en lontananza. Me olvide de animales y maravillas, encendí el motor y veloz me fui a la caza del fantasma: un guerrero maasai silbando, con la lanza en el hombro izquierdo, la maza en la mano derecha, el cuchillo en el cinturón, melenas al viento y caminar rítmico y potente, sin miedos, iba en mi misma dirección, ya que al acercarme a el también divise la fila de bidones a la izquierda. Solo había estado perdido 200 mts. Asustado al ver el coche el guerreo se puso a correr. Me puse a su altura y le salude en su idioma. Se alegro y se paro. Le abrí la puerta y entro, aunque con problemas, pues fue un lio acomodar palo, lanza y hombretón.

         Con la seguridad del guía, el camino ya parecía mas corto. El joven me contó: su mujer se había escapado de casa, pues el le pegaba mucho, y ahora iba a buscarla a una zona llamada Arrash, en el camino de Loliondo, donde vivía la familia de su mujer. Si una mujer se escapa del marido y llega a casa del padre, habrá juicio justo para la mujer. Si en el camino el marido la alcanza, puede hacer con ella lo que quiera, hasta matarla.  “¿Tu mujer atravesó sola Serengeti?”.  Le conté lo que me había pasado y los miedos acumulados y se reía a carcajadas, pues no entendía como con un coche yo podía tener temores. El no sabía que había sido enviado por Dios para guiarme. 

               4.- ARRASH: Tras pasar cerros y barrancos, dejar atrás a las miríadas de animales, ponernos de polvo hasta las cejas y recorrer 80 kms., a solo 20 de Loliondo, cerca de la frontera con Kenia, llegamos a Arrash, una aldea Maasai destino de mi salvador. No tuve mas remedio que aceptar el te que me ofrecían en una taza sucia de siglos y llena de moscas. Tenía hambre y, cerrando los ojos, me lo metí pa el cuerpo, alguna mosca paso también pa dentro. Me sentó de maravilla. Me invitaron al juicio que iban a tener sobre el guerrero y su mujer. Con pesar decline la invitación, pues me debía de marchar. A mi guía le desee lo mejor.

             En esto, aparece una mujer con 2 niños maasai ciegos. Son gemelos, unos10 años de edad; perdieron la vista hace tiempo por untarse un medicina antiparasitaria para las vacas. Quieren llegar al Hospital de Waso-Loliondo, pues han oído que allí viene un avión con doctores de Kenia que hacen operaciones de ojos. Son los famosos FLYING DOCTORS. Solo puedo coger a los niños, pues no hay espacio en el coche. La familia vendrá andando hasta el Hospital. Reanudo el camino. Tengo ganas de llegar.

            Pero no es mi día. A los pocos Kms. tenemos un pinchazo. El cielo se ha encapotado. Bajo a los ciegos y saco los aperos para cambiar la rueda. Aun no he acabado cuando empieza a llover. Meto a los ciegos en el coche y sigo peleándome con la rueda. Esta mañana no me lave, así que no me viene mal esta ducha, aunque empiezo a cabrearme. Termino y voy a refugiarme en el coche, y entonces uno de los ciegos dice que necesita mear. Vuelvo a bajar, a remojarme y a estar un poco hartito de los niños.

            No voy a contar, se puede imaginar, el cabreo que cogí cuando otra rueda exploto, y tuve que bajar de nuevo a los ciegos, arreglar la rueda primera, quitar la explotada y poner la arreglada. La lluvia ya no importaba. Empezaba a dudar de si la persecución de la UTOPIA me importaba. Estaba frío, hambriento, sucio y cabreado.

Cuando termine, mire a los ciegos acurrucados y ateridos de frío, pues solo vestían un trapillo y estaban descalzos, y entendí por que estaba allí, y que la UTOPIA me esperaba. No hay Resurrección sin cruces, pensé. El coche cogió alas para seguir.

         5.- WASO-LOLIONDO: Al fin a las 5 en punto de la tarde hago mi entrada en el Hospital de WASO, a 5 Kms. de Loliondo, capital de Provincia. Esta será mi Residencia-Base desde donde acometer la apertura de la Nueva Misión.

         Me recibe todo un personaje del que ya había oído hablar: El cura-medico Watchinger, austriaco, de unos 60 años, 25 de ellos dirigiendo aquel remoto Hospital. Me pega una bronca: “¿Dónde has estado? Te estamos esperando desde ayer”. “Es una larga Historia, le respondí. Recoge a esos ciegos y dame cobijo, necesito ir al baño y comer”.  Íbamos hablando así por el corredor externo del Hospital; una mujer maasai viene hacia nosotros; ante mi asombro el Dr. Austriaco se va hacia ella y le arrea un guantazo de consideración. “¿Por qué no viniste ayer?”, le dice como excusa.  Ya empiezo a entender la fama de duro que tiene el gacho. Me deja y sale corriendo, se mete en una habitación de donde sale con un rifle; esto parece de película: se pone a disparar a un burro que esta dentro del recinto del Hospital. “Tengo dicho que no dejen animales en el Hospital”, me dice creyendo que lo puedo entender.

         Me refugio en la taza del water de mi habitación; me ducho y me sigo preguntando lo torcidos que son los caminos del Señor. Salgo limpio para buscar algo de comer.

         Pero mis penurias no han acabado. Watchinger me dice que ha muerto por la mañana un guerrero maasai, todos sus familiares salieron corriendo, y se necesita a alguien que vaya a dejar el cadáver en el campo debajo de unos árboles; me pide que yo lo haga con la ayuda de otro guerrero. No era nuevo para mí, pues en Simanjiro ya era así. Metemos como podemos el cadáver en el coche, un poco complicado, pues ya estaba bastante frío y lo teníamos que doblar. Llegamos al árbol, el guerrero y yo nos ponemos a bajar el cadáver, que al ponerse derecho exhala un ruido por la boca; el guerrero se asusta y sale corriendo como si todos los demonios fueran tras el. Me quedo solo con el cadáver y con todo el respeto que pude lo deje tumbado debajo del árbol, apoyado sobre el lado derecho y mirando a la salida del Sol. Las alimañas esta noche darán cuenta de el.  No se si derrotado, pero al menos si amansado, me volví al Hospital pidiendo que por favor el día no diera para mas. Estaba agotado.

         La cena fue espléndida servida por unas monjas también austriacas: sopa de cebollas y carne de jabalí cazado por el Dr. Asesino. Aun tuve que aguantar, a la luz de un candil y saboreando un licor austriaco, los relatos maravillosos de mi anfitrión, tan variados y exóticos que darían para escribir varios libros. Le escuche ensimismado.

        Por fin, a las 11 de la noche me pude retirar a dormir. Extenuado, solo tuve tiempo para pensar: “Señor, aquí estoy. Estoy asustado, pero feliz. Gracias por traerme hasta aquí. Mañana empieza la real aventura de salir a la caza de una UTOPIA, bicho raro, pero se que anda por allí, a unos 40 Kms. al Norte, en la frontera con Kenia. Mañana empezare los preparativos. Sigue ayudándome. No creo que se parezca a este Dr. que será mi tutor. Espero que sea mejor. Vela mi sueño”. Y me dormí dando por buenos todos los afanes acontecidos y venideros.  

 

FIN DE LA PRIMERA ENTREGA 

        LOLIONDO-Baso donde estaré.

        En otro capitulo: adentrarme en el territorio nuevo.   


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