SARDINAS EN LATA

  

Lo había oído, pero es la primera vez que lo veo. Hoy he entrado en una clase de un colegio público del Extremo Norte de Camerún. Ciento sesenta alumnos apretujados en una clase de 12 m. por 8. Cuatro alumnos en cada uno de los bancos, que están pensados para dos. Al menos el edificio estaba bien, nuevo, recién pintado, había ventanas... condiciones que no siempre se cumplen.

Como tantas veces un montón de sentimientos contradictorios se vienen a la cabeza.

Llego allí con Eduard, un chico que se quedó en la calle el año pasado y que le ayudamos para que entre este año. El director nos recibe a la sombra de un árbol (¿hay despacho?). Primero los saludos, largos y parsimoniosos; después hay que hablar del alumno. Faltan papeles, pero como el cura, que soy yo dice que ha estudiado en 5º curso, pasa al curso siguiente, se fían de nuestra palabra. El alumno no tiene el boletín de notas último porque no pagó todos los gastos de escolaridad en el anterior instituto.

También hay que hablar del dinero, el asunto se lleva 15.000 Fcfa (24 €, la mitad del salario de un mes de un obrero), que hay que pagar en el momento, más cuando no tenemos todos los papeles en regla, se nos dice. Cosa que es verdad. Contamos con que la familia del chico nos devuelva la mitad cuando tengan un poco de dinero, ya os contaré. Nos libramos de “pagar el banco”, un dinero que se le pide a los alumnos que llegan nuevos a un instituto, es una manera muy educada de llamar la corrupción. Además dónde van a meter el banco si no hay sitio en la clase.

Terminado ese capítulo pasamos al de los méritos del director. Cuando él llegó allí del colegio lo único que existía era el papel donde se decía que allí se había fundado un colegio. Él se había movido para conseguir los edificios: dos edificios con cuatro clases en total, uno de ellos financiados por las ayudas europeas. Cuando empezaron no había árboles, etc. También se había movido para escribir a los “grandes” de la comarca para que apoyaran el colegio, e incluso ha pateado todos los poblados para intentar llevar las chicas al colegio (algo que por aquí cuesta mucho), a ellas no se les cobra.

El director se empeña en que me acerque a una de las clases, esa de la que he hablado al comienzo. La verdad es que impresiona, de la mitad de la clase hacia atrás no se ven más que cabezas, las chicas delante y nunca en el centro del banco, para que no sean molestadas por sus compañeros. Esto no me lo imagino, es el mismo director quien me lo explica delante los alumnos. Y me habla delante de ellos de las condiciones de la educación en el tercer mundo. Delante de tal panorama la verdad es que no hay mucho que hablar. Pero él sigue abriéndome los ojos. En la clase están los alumnos de dos cursos, 5º y 6º. El profesor no tiene mesa, no hay sitio, tan solo una silla. Además de enseñar está estudiando, se está preparando para pasar nuestro Bachillerato, como otros de los profesores del colegio.

Por no estar como un aplamplado delante de todos aquellos chavales no me resisto a callar y animo a todos esos chavales y chavalas a que a pesar de las dificultades se esfuercen en sus estudios para conseguir salir adelante. Claro que si lo pienso mejor no hubiera dicho nada, porque... ¿dónde están los libros para estudiar? La mayor parte de los chicos no los tienen. En las chozas de los poblados no hay luz eléctrica para poder estudiar la noche. Para las chicas es aún más complicado porque los trabajos de casa alguien los tiene que hacer.

Con todo eso en la cabeza y el corazón cojo la moto para volver con Eduard para casa, el colegio está a unos 8 km. que él tendrá que hacer y deshacer cada día en bicicleta. En la moto le comento: “No ha salido mal la cosa, y además nos hemos librado de “pagar el banco””. “Sí, me contesta él, el director estaba ya a punto de irse lo hemos pillado por los pelos”.

Y esa respuesta, de un golpe, me ha desmontado un montón de cosas. Todo ese discurso del profesor... era sólo eso, un discurso. Él no enseña, viene el lunes a dar vuelta y para izar la bandera, y supongo para arreglar los asuntos del dinero. El que sabe no está y los que enseñan son los que están aprendiendo. Sin comentarios. Para algo se ha estudiado.

 

Volver