ABIERTOS A LA SOLIDARIDAD

 

                                                        

               Voy a compartir con vosotros una gozosa experiencia de solidaridad y apertura que vivimos en la Comunidad de Formación de Madrid el año pasado. Entonces formábamos la comunidad 10 personas.

         Una casa de este vecindario se incendió y quedó completamente destruida.   Vivían en ella 3 personas, una pareja y la madre de ella. No tenían trabajo ni medios económicos. Cuando sucedió el incendio hubo un gran despliegue de fuerzas: policía municipal y nacional, ambulancias y bomberos. Rápidamente acordonaron la zona y apagaron las llamas. Al final se fueron yendo todos y quedaron los tres damnificados en la calle, con algunos vecinos. Nosotros llegábamos de la Parroquia, vimos todo ese jaleo. Los vecinos nos informaron y una familia dijo que se haría cargo de ellos y los alojaría en su casa. Después que llevábamos un rato en nuestra casa fui a informarme de cómo estaba la situación y no vi a nadie. Al poco rato estas tres personas vinieron a pedir que los recibiéramos porque la familia que  se había ofrecido a alojarlos no podía hacerlo. Aunque la comunidad estaba llena, ninguno de nosotros vio problema en admitirlos, ni lo dudamos un momento. Habilitamos un salón para que durmieran, comían en casa, toda la comunidad respondió muy bien ante esta necesidad. La televisión vino dos veces y todos se admiraban de que ningún organismo oficial se hubiera ocupado de facilitarles un alojamiento después de haberles salvado la vida. Estuvieron un mes viviendo con nosotros, hasta que encontraron trabajo y casa, en lo que también les ayudamos.

         También el año pasado tuvimos con nosotros a una de nuestras asociadas que se quedó sin casa. Era muy conocida en el barrio porque ha dado servicio en la Parroquia durante más de 30 años. Sufre una discapacidad física. Nadie le ofreció un alojamiento. Estuvo con nosotros durante 1 año y medio.

         Durante un mes el hermano de una colaboradora de la  obra de Auteil, sin dinero ni trabajo, vino cada día a compartir nuestra mesa. Cada vez éramos más gente para comer así que tuvimos que reestructurar horarios de todos para ayudar en la cocina y demás tareas caseras. La Comunidad de Formación, además de sus compromisos pastorales y de estudios, pudo dar una respuesta a estas necesidades, lo que nos llenó de alegría.

         Quisiera añadir que tuvimos una buena experiencia de cooperación en uno de los pisos que tenemos alquilados en el espíritu de JPIC.  Se fueron unos inquilinos que nos lo habían estropeado mucho, necesitaba múltiples arreglos. Yo me ocupé de la fontanería y electricidad y a los siguientes inquilinos (inmigrantes) les bajamos el precio del alquiler a cambio de que hicieran el resto de los arreglos. Durante un mes dedicaron los fines de semana a pintar, limpiar y acuchillar. Quedó precioso. Así nos hemos beneficiado todos.

         Todas estas experiencias son gratificantes para nosotros porque están en la línea de JPIC, tan propia de nuestro carisma espiritano. 

                                                                  H. Javier Blanco, CSSp.

        

 
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